7° encuentro Nacional de pesca en Río Grande

Por Mario D´andrea. 


Este evento, sin dudas, es el momento esperado por muchos pescadores y más aquellos que tuvimos la oportunidad de estar en las ediciones anteriores. Es el encuentro de un puñado de apasionados que, más allá de poder pescar el mejor río del mundo, gozan de estar con pares aprendiendo y compartiendo experiencias y vivencias de cada uno.

En esta oportunidad, y después de enterarnos cómo venía la pesca y las condiciones climáticas anunciadas para los próximos días, quedaba evidente que necesitaríamos de una buena cuota de suerte para tentar algunos de los “aparatos” (peces grandes) que tiene este río.

A pesar de eso, la ansiedad de volver a pescar en este maravilloso lugar hizo que el ánimo de los pescadores esté presente a las 7 de la mañana del viernes para salir en caravana rumbo a María Behety, la estancia que pone a disposición el ingreso a este maravilloso lugar y que nos da la posibilidad de estar pescando en unos de los ríos más exclusivos del mundo. Una vez que llegamos allí cumplimos con la ceremonia de la desinfección del wader para, de ahí, salir en busca de los diferentes pooles de pesca que nos tocaba a cada uno.

Después de cumplir con todos los requisitos nos dirigimos al primer pool que nos había tocado y nos dispusimos al armado de los equipos que, para minimizar el efecto del viento, los cincos decimos utilizar cañas de spey, con la diferencia de que Leche, Aníbal y Fernando utilizarían shooting cargados con T14 y T20 , mientras Diego y yo optamos por Skagi con tip de hundimiento T17. En cuanto a las moscas también tratamos de variar a los efectos de ver qué podría funcionar mejor: algunas zonker negras articuladas, intruder y, en mi caso, un zonker verde charteuse.

Como el río se encontraba con una correntada bastante fuerte, Diego nos aconsejó que ingresásemos por la cabecera del pozo y, una vez casteado, hiciéramos un par de pasos a los efectos de que la mosca bajase y así barriera el fondo en busca del preciado trofeo. Como Fernando estaba listo ingresó primero en el pozo. El viento cruzado no hacía fácil poner la mosca pegada a la barda pero, cada tanto, un tiro salía bien derivado en zona de pique.

Llegó mi turno y seguí los pasos de Fernando hasta que los cinco quedamos distribuidos en el pozo llegando casi al final de la barda. Después de uno de los pocos casteos que me salió donde yo quería dejé derivar la mosca y, en el momento que tomó tensión para enmendar, sentí la tomada del pez. Inconscientemente la clavada la hice como si pescara dorados: caña abajo y dos buenos tirones como para que no se fuera.

Desde el primer momento sentí el poder del pez: sabía que era un buen ejemplar, pero tanto yo como el resto del equipo no salíamos del asombro de haber tenido la suerte de una respuesta tan rápida. Pero no era momento de pensar: la batalla fue increíble y lo único que pasaba por mi cabeza era no equivocarme y perder el pez. En ese momento tenía cuatro fanáticos alentándome y dándome fuerzas hasta que logré vararla en la costa para que Diego la sujetara. En ese instante explotamos de alegría y surgieron gritos y abrazos, como chicos con juguete nuevo. Así entendí lo que es este encuentro de pesca, donde el logro es de todo el equipo y cada uno de nosotros hizo de este trofeo parte suya: más allá de mi fortuna por haber tenido el pique, el logro era de todos.

El ánimo del equipo estaba por las nubes y, si cuando arrancamos teníamos ganas de pescar, después de esto éramos capaces de entrar al agua sin wader. Yo me quedé en la camioneta preparando unos mates. No llevábamos medio termo cuando Leche que gritó “pescado”. Esto era de ciencia ficción: su primer viaje al río Grande le estaba dando el bautismo con todo. La pelea era terrible y lo obligó a caminar casi 100 metros aguas abajo para amortiguar la corrida del pez, lo que también hablaba de un excelente ejemplar.

En ese momento Diego arriesgó su pronóstico: es un salmón; y así fue: un par de revolcones en la superficie dejaron descubierta la silueta confirmándolo. Poco a poco Leche fue ganando terreno hasta que lo varó y el equipo salió al festejo. Creo que la foto refleja lo que les cuento. Aquellos que aún no se decidieron por ser parte de este encuentro notarán cuál es su verdadero sentido: disfrutar del mejor río del mundo con amigos, donde no hay lugar para los egos y todo es parte de un todo; por eso se llama “encuentro”.

Por la tarde debíamos cambiar de zona y nos dirigimos al pool de la Herradura donde, a pesar de haberle puesto garra, en esta oportunidad, el pique se nos negó, pero aún nos duraba la adrenalina de la mañana.

El día sábado las condiciones climáticas habían empeorado con mucho viento y ráfagas que llegaban a los 100 km/h. A pesar de eso nada nos frenó para buscar un nuevo trofeo. La misión no era fácil tanto al punto que hacíamos un par de casteos y salíamos para refugiarnos en la camioneta, salvo Aníbal que estaba empecinado en conseguir su premio. Su esfuerzo dio resultado: casi cerca del mediodía salimos, a los gritos, de la camioneta para alentarlo ya que la presión que ejercía el pez en su caña era señal de otra buena captura.

El pez dominaba la situación y solo quedaba en mano del pescador controlar las embestidas para no que no se produzca el corte. Después de casi 15 minutos de lucha poco a poco lo fue arrimando hasta el punto de llegar a tenerlo a unos seis metros. En ese instante pudimos ver que se trataba de otro salmón, pero que aún estaba lejos de entregarse. Cuando llegó a la zona playa empezó a retorcerse y de repente se soltó: todos quedamos paralizados sin entender qué había sucedido, ya que Aníbal, en ningún momento, cometió un error como para justificar lo que había pasado: solo fue la mala fortuna, porque el conector del tip al líder no resistió la presión del pez y, aunque Aníbal debería quedarse tranquilo por haber hecho todo bien, se encontró devastado, ya que era su primera lucha contra un grande.

Nuevamente tuvo la oportunidad: en la tarde, tras un salto espectacular, lamentablemente, logró zafar del anzuelo. Tras eso, Fernando concretó la captura de una arco iris pequeña, pero que resulta algo extraño dentro de este río. Como el viento empeoraba cada vez más y el cansancio se hacía sentir, decidimos ir a descansar para volver al día siguiente con todas las fuerzas.

Repuestos de la jornada anterior encaramos la última con muchos ánimos y con la fe de tentar la suerte. Para eso nos dispusimos en el pool del Medio ingresando en forma ordenada para barrer bien el pozo. A poco de empezar, Diego tuvo la primera posibilidad, pero no llegó a clavarla efectivamente: era la señal que necesitábamos para enfocarnos. Así llegó mi turno: tras una suave tomada logré clavar y sentir la presión del pez que, tras una corta corrida, soltó. No lo podíamos creer: en pocos minutos perdimos dos chances. En mi caso se cortó el líder: evidentemente fue un error propio, ya que tal vez estaba resentido o bien un nudo produjo el corte. Lo cierto es que ya habíamos tenido dos oportunidades y no las pudimos aprovechar

Aun nos quedaba la tarde para intentar algo más y para eso Diego se jugó por ir al pozo de Confluencia. Si bien no teníamos buenas noticias de este lugar, confiaba en que tendríamos suerte. A poco de estar casteando, Diego logró el pique ansiado y una batalla para el equipo, que supo dominar con la maestría de ser uno de los grandes pescadores de esta zona. Otra hermosa hembra plateada dio el broche de oro al equipo, ya que cada uno de nosotros tuvo la posibilidad de pelear con los gigantes peces del Grande.

El evento se cerró con una cena a toda orquesta, con un espectáculo en vivo de los chicos del grupo Aislados que hicieron un recuerdo de los grandes temas de Soda Estéreo que todos los pescadores nos sumamos a cantar. Como nos tiene acostumbrado año tras año, el evento fue todo un éxito.

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