Una noche de insomnio con Los Palmeras

Por Pedro Saborido


CUANDO NO PODEMOS DORMIR PORQUE EN ALGÚN LUGAR ESTÁN TOCANDO LOS PALMERAS

Qué es lo peor que puede ocurrirte cuando un viernes o un sábado das vuelta en la cama y no podes dormir? Hay varias cosas. Pero una es el sonido de la música que viene de alguna fiesta.

Mariana no podía conciliar el sueño por estar justo escuchando una actuación del grupo Los Palmeras. Estaban en un club. O en una fiesta.

Ella trataba de dormir, pero no podía. Y el tiempo pasaba. Qué podía hacer?

Ya sin posibilidades de amortiguación del sonido por tapones de algodón primero y de miga después, tomó la decisión de irse. Bajo al garaje y se fue con su auto.   

Después de dos cuadras, cuando se dió cuenta que escuchaba a Los Palmeras de la misma manera que cuando estaba en su dormitorio, temió algo. Entonces se fue a la guardia del sanatorio.

-Usted escucha a Los Palmeras porque Los Palmeras están tocando adentro de su cabeza-le dijo la Doctora Sagasti.

Una larga cola de pacientes, médicos y enfermeros se desplegó en el pasillo esperando el turno para asomarse por la oreja de Mariana y ver a Los Palmeras tocando adentro su cabeza.

-Habrá solución para esto?-preguntó Mariana al Licenciado Gerfone, psicólogo de guardia.

-No sé. A veces los problemas solo están en nuestra cabeza-le contestó.

-Si tengo que pensar en sus términos, deberé entonces asumir que esto puede durar un tiempo y que tendré que acostumbrarme a vivir con Los Palmeras tocando ahí adentro.

-Así es-le dijo el psicólogo.

Mariana entonces comenzó a tomar turnos de gente que quería ver Los Palmeras tocando en su cabeza. También pensaba cuanto podría cobrar según el tiempo que estuvieran mirando, porque el capitalismo siempre dice presente cuando aparecen cosas que para algunos es un problema, pero para otros una oportunidad de entretenerse un rato, como por ejemplo, ver un recital de Los Palmeras.  

 

UNA FANTASIA BASTANTE HABITUAL ACERCA DE CÓMO FUGAR DE LA VIDA QUE TENEMOS (Parte 1)

 

Un matrimonio sale de vacaciones. O un hombre y una mujer, cada uno por su lado. Van a la playa o la montaña. Y siempre le pasa lo mismo. Mirando el mar o una sierra, el o la que sea, abre los brazos y dice

-Ah. Esto es vida! qué bueno sería venirse a vivir acá!

Hay un pequeño disfrute en pensar que estaría haciendo en ese momento en su ciudad. O que están haciendo los otros. El efecto comparativo embellece aun más el momento y el lugar.

-Este es un lugar soñado! Me quedaría toda la vida!

Claro, empieza a fantasear con la idea de irse, precisamente,  a vivir ahí. Piensa entonces durante algunos segundos en el fresco de las mañana, el verde, los pájaros, el cielo, la tranquilidad. Pero esto dura unos cuarenta segundos. Porque hace su aparición el capitalismo, que como es sabido, tiene la concesión exclusiva del buffet de la realidad.

-De que voy a vivir?- entonces piensa. Porque no tiene rentas para cobrar. Ni herencia por venir. Y le falta mucho para jubilarse. Es decir: no puede acceder a ninguna de esas pocas circunstancias que el capitalismo ofrece para no tener que cambiar horas de vida por dinero. Entonces empieza a suponer distintas posibilidades.

Piensa:     

Fabricar dulces caseros, poner unas cabañas, sacar a pasear gente en un burro o una llama, manejar un Trencito de la Alegría, poner un chiringo en el balneario o disfrazarse de Hombre Araña para saltar por el techo del Trencito de la Alegría que pensó antes. Puede disfrazarse de Pantera Rosa también.

Pudo ver como se multiplicaron las posibilidades. Pero las preguntas siempre fueron las mismas: De qué vivir? Como mantenerse en ese lugar hermoso? De dónde sacar el dinero?

Por supuesto: lo que empezó como una fantasía, ya es un problema. Estaba feliz por estar de vacaciones y ahora ya se fabricó la pequeña y amarga resignación de no poder vivir en ese lugar.

-No puedo quedarme a vivir acá –piensa, mientras no se da cuenta que, precisamente, en ese momento, está viviendo ahí. Pero encontró la forma de no disfrutarlo.  Como hace con muchas cosas. Porque es lo que sabe hacer.

 

LA HISTORIA DE UN CHORIZO

A veces lo único que queremos es que ocurra algo. Y cuando mucha gente desea que esto suceda, como un milagro, las cosas ocurren.

El asunto es que en Cañada de Gómez apareció en una parrilla un chorizo muy especial.

-Llevo en mis oídos la más maravillosa música…- escuchó Gabriel Cifuentes, parrillero. Era la voz de Perón que venía desde la parrilla. Entonces se acercó y lo vio.  

-Estaba parado y con el hilito hacia así, como que tenía una gran pelota sobre su cabeza. Quiero decir, saludaba como Perón abriendo los brazos en un discurso -contó el parrillero.

Si. Había aparecido un chorizo que hablaba como Perón. Era esto el deseo de mucha gente que finalmente se proyectaba sobre un embutido y lograba el milagro? O simplemente la prueba de que la realidad no tiene el limite que suponemos?

-Este pibe Gabriel es de andar fumándose una zanahoria o un neumático. Así que mucha bola no le dimos al principio. Pero cuando pidió silencio, y muy bajito pudimos escuchar una vocecita de Perón, todos nos levantamos y fuimos a ver. Y lo vimos.   

Según los testigos, El chorizo que habla con la voz de Perón, estaba parado a la izquierda de otros chorizos que seguían acostados, debajo de un gran pedazo de vacío medio quemado. Todos coinciden que hablaba de política internacional, observando que decía “Donaltran” y no Donald Trump,  que más allá del detalle de la pronunciación, indicaba que el Perón que hablaba a través del chorizo, estaba actualizado.

-Ese chorizo es nuestro- dijo un representante de un sector del peronismo.

-No, es nuestro- dijo un muchacho que venía de otro sector del peronismo mientras El chorizo que habla con la voz de Perón alternaba comentarios sobre economía, suba de tasas y parálisis del mercado interno con chistes sobre monjas que iban a comprar bolas de fraile a una panadería.

-Cada uno de cada sector del peronismo dice que el chorizo le pertenece- comentó un dirigente.

-Y en un rato van a venir más y también van a reclamarlo- dijo otro.

-Que tal si lo cortamos y nos llevamos un pedazo cada uno- acotó un tercero- Después de todo, es un chorizo. Todos estuvieron de acuerdo.

Y así fue como, lo sacaron de la parrilla , lo pusieron sobre una tabla y se dispusieron a cortarlo

(continuará)

NOTICIAS DESTACADAS