Fuga, humo y el dolor de las víctimas ante la impunidad: cómo se gestó el escape

Las fugas se compran. Valen caras. Porque el que las facilita siempre es descubierto: pierde. Ganan los que se escapan, pero nunca por mucho tiempo, porque en la mayoría de los casos los prófugos terminan cayendo.


Por Germán de los Santos 

Hugo Peralta, uno de los 13 presos del colectivo del Servicio Penitenciario, que se escapó este miércoles en la autopista Rosario-Santa Fe, lo sabía. Ya se había fugado en octubre de 2017 de la Unidad Penitenciaria Nº16 de Pérez, tras reducir con otros reclusos a cuatro agentes y escapar al traspasar los paredones del penal. Un mes después fue detenido en Rosario. En poco más un año y medio, este preso de 37 años, condenado por robo calificado en dos oportunidades, se fugó dos veces. Y a pesar de haberse escapado en octubre de 2017, este preso, según el informe del Servicio Penitenciario, tenía conducta “ejemplar”, aunque era “reincidente” tras ingresar por primera vez a una cárcel en 2008, y cargar con una condena a 20 años y dos meses de prisión. Por ahora, Peralta sigue prófugo tras huir el miércoles con otros ocho presos del colectivo del Servicio Penitenciario.

Los 13 reclusos que iban en el ómnibus volvían de la Unidad Penal III, ubicada en Richieri y Zeballos, donde –por orden judicial- habían sido trasladados para mantener visitas íntimas sus parejas y reuniones con familiares, que viven en Rosario. Tenían ese beneficio porque todos eran internos de buena conducta de la Unidad Penal I de Coronda.

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Cuando regresaban a la cárcel de Coronda, en el kilómetro 3, a la altura de Granadero Baigorria, los diez agentes que iban dentro del colectivo comenzaron a sentir olor a quemado. Uno de ellos, según relataron fuentes del Ministerio de Seguridad, fue a ver qué pasaba.

En ese momento un grupo de presos se habría abalanzado sobre el efectivo y le sustrajo el arma. Se gestó, de acuerdo a esta fuente, una especie de rebelión interna dentro del colectivo. Con un arma, los presos despojaron de sus pistolas 9 mm y una escopeta a otros cuatro agentes. No está claro aún por qué motivos, pero el ómnibus se detuvo al costado de la ruta. En tierra firme los presos mantuvieron un enfrentamiento a tiros con los otros guardias del SP. Esa escena es la que observó Ángel, el oyente de Aire de Santa Fe, quien fue el que avisó al 911 lo que sucedía en plena autopista. Este hombre contó en la radio que vio a una persona vestida de civil, que sería uno de los presos, disparar con dos armas contra uno de los guardias. Dos efectivos resultaron heridos. Uno de ellos con un tiro en el glúteo y otro sufrió una herida leve al rozarlo una bala la cabeza.

Los presos robaron dos autos, un Fiat 147 y un VW Surán, que fueron secuestrados durante la tarde del mismo miércoles, y huyeron rumbo a Rosario. Siete habrían escapado en los vehículos y otros dos quedaron a pie. Estos últimos fueron atrapados rápidamente por la policía, mientras otro interno fue atrapado en la zona sur de Rosario mientras transitaba con un Renault 19 color bordó.

Durante la tarde del miércoles, minutos después de la espectacular fuga, la Unidad Regional II de la policía difundió una información que decía que “cuatro individuos armados a bordo de una VW Suran color negra, dominio LVT 675, interceptaron un móvil del Servicio Penitenciario de Santa Fe”. “Se produjo un enfrentamiento armado, hay dos oficiales heridos. Como resultado del ataque se produjo la evasión de 13 detenidos”, decía el parte de la URII. Todo era falso, aparentemente.

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No hubo emboscada, sino una especie de rebelión interna de los presos que iban en el colectivo. ¿Pero cómo sabían minutos después del hecho la patente de la Surán? Durante por lo menos cuatro horas, la principal hipótesis que manejaban los medios, con una noticia que se había tomado trascendencia nacional, era que la fuga había sido producto de una emboscada. También unas horas después del hecho se informó que cinco presos habían sido aprehendidos cuando sólo dos estaban en poder de la policía. Un tercero fue atrapado horas más tarde. Los rumores también se agitaban en el territorio de las redes y por las cadenas de Whattsapp donde circulaba una fake new que indicaba que eran 35 los presos que se habían fugado.

El primero que planteó de manera pública la duda sobre la teoría de la emboscada fue el fiscal de Flagrancia Marcelo Maximino, quien dijo parado sobre el asfalto de la autopista que “la principal hipótesis no era la emboscada”. Pero el fiscal fue apartado una hora después del caso, que pasó a manos de su colega de la Unidad de Violencia Institucional Karina Bartocci, que puso bajo la lupa el accionar “negligente” o “facilitador” de los diez agentes del servicio penitenciario. Nunca en las fugas se logra probar qué ocurrió verdaderamente, aunque se sancione con pases a disponibilidad a los penitenciarios. Como no hay víctimas, no hay presión. A nadie le conviene que se investigue a fondo.

Este caso puede ser la excepción. Entre los tres recapturados se encuentra Carlos Andrés D´Angelo, de 23 años, condenado por el crimen en 2014 de Edgardo Giménez, a quien asesinó en un asalto en Granadero Baigorria.

Gabriela, hermana de la víctima, decidió cortar el miércoles a la noche calle Santa Fe, en Rosario, frente a la sede de la Gobernación. “Yo creo que hay un negociado, algo con el Servicio Penitenciario que una y otra vez dejan sueltos a los asesinos. Estas personas tienen que estar en Coronda, ¿qué hacían paseando en un colectivo?”, lanzó. “Nosotros vamos a ver a nuestros seres queridos al cementerio y acá los sacan y los trasladan cuando hay una Provincia que no puede garantizar ni los arrestos ni las salidas laborales. No estaba esposados estos presos”, sostuvo y lamentó: “Cuánto dolor, ¿cómo reparan esto?”.

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