El resultado es una consecuencia: ¡Salud Unión!

Por Sebastián Castillo

En crecimiento permanente fue lo de Unión desde el regreso de Leonardo Carol Madelón en julio de 2017 para asumir su tercer ciclo como DT del equipo rojiblanco. Aquel día de la presentación reconoció que su alejamiento meses atrás había sido “una decisión sabia”, expresión que el Mundo Unión terminó de comprender con el correr del tiempo. Es que aquel hombre que se sintió vacío tras perder con River en la Copa Argentina necesitaba oxigenarse y renovarse, tomar distancia y probar nuevas sensaciones aunque sean frustrantes, como su paso por Belgrano, para seguir aprendiendo a pesar de su camino recorrido.

El nuevo desafío lo asumió consciente de las necesidades que imperan en estos tiempos y de manera inteligente identificó que los cambios debían comenzar por sí mismos y en su entorno. Así debió afrontar modificaciones en su cuerpo técnico para sumar capacidad y juventud con perspectivas a futuro para construir bases sólidas en su staff. Una estructura que resultó fundamental, desde lo físico y futbolístico, para el desarrollo del plan y la concreción de los objetivos. Luca Marcogiuseppe junto al “Moncho” Ruiz le permitieron a Leo pararse desde otro lugar en cada entrenamiento y él supo darles el espacio adecuado para que sus conocimientos tengan impacto. La templanza exhibida por Madelón para ejercer el liderazgo fue el resultado de sus propias decisiones en pos de corregir y mejorar su equipo de trabajo.

Unión es un equipo concebido por obra y gracia de Madelón. Porque el DT fue construyendo de manera progresiva el equipo, su libreto y su identidad. Claro que debió sortear inconvenientes, digerir que sus ideas debían ir sí o sí de la mano del presupuesto de la institución y convertir con su trabajo lo que en primera instancia era una limitación a sus deseos de progreso. Desafiarse a sí mismo para que las “terceras opciones” se conviertan en aportes útiles y rentables a partir de un respaldo táctico, de una idea que sustente y un mensaje claro que llegue a los intérpretes.

Como equipo, Unión es de una sola pieza, es un todo. Ahí radica uno de sus principales atributos. Todos los jugadores aportan desde su lugar, con lograda sincronización, con elogiable solidaridad y un vigor que contagia. El trabajo le dio seguridad a los movimientos individuales en pos del funcionamiento colectivo, la suma de todos disimula las falencias y la estructura general le da contención a los bajos rendimientos ocasionales. Hay una perfecta simbiosis entre el mensaje del entrenador y la ejecución de los futbolistas. Y hasta en los momentos de duda, el impacto de los conceptos del técnico obtuvo resultados inmediatos salvo contadas excepciones.

Todo lo que sumó fue porque se lo mereció y cuando perdió fue porque jugó mal o “no fue Unión”. Sin medias tintas, y con un porcentaje elevadísimo de presencias, una base de 9 jugadores que vienen jugando sin parar una enorme cantidad de partidos, lo que indica con claridad el grado de compromiso más allá de un plantel estrecho que fue encontrando opciones en ataque en el último semestre. Los nombres propios con sus aportes le dieron el valor agregado en la formación del equipo, todo bajo la conducción del verdadero “padre de la criatura”.

Leonardo Carol Madelón es la Unidad de Unión. Es todo lo que está bien. Todos los caminos conducen hacia él. Nadie en la Avenida se quiere imaginar a Unión sin Madelón. El técnico que corrió los límites para conseguir lo que nunca antes se había conseguido, con la receta del trabajo serio y responsable, sin estridencias ni falsas promesas, con la ratificación de que el resultado obtenido es una merecida consecuencia. La historia golpeó las puertas de este equipo por segunda vez para que Madelón y sus muchachos escriban otra página imborrable en la vida del club y en los corazones rojiblancos.

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