Cómo construyó su base en Entre Ríos el magnate mexicano que lavó el dinero del Chapo Guzmán

Por Germán de los Santos


Greg no hizo escalas, de México decidió viajar a la Argentina. Y desde Ezeiza llegó a La Paz, Entre Ríos. Gregorio Sánchez Martínez tenía malos recuerdos de los aeropuertos. En 2011 lo habían detenido en el aeropuerto de Cancún, donde era amo y señor, por lavar dinero de los carteles de Sinaloa, Los Zetas y Beltrán Leiva. En ese momento era intendente del municipio de Benito Juárez y aspiraba a ser gobernador de Quintana Roo.

Cuando lo liberaron, dos años después, decidió abandonar las playas paradisíacas de Cancún y refugiarse en la estancia entrerriana Santa María, en La Paz. Ese lugar sobre la costa del Paraná, con el horizonte interminable de la pampa, aislado de todo, era su exilio y su escondite. La estancia la puso a nombre de su hijo de tres años Neftalí, fruto del matrimonio con Niurka Saliva, la hija de un ex jerarca de inteligencia de Cuba, que fue muy cercano de Fidel castro, a quien traicionó y terminó en Miami.

Ni bien se estableció en La Paz, Greg comenzó a mover dinero. No sólo compró ese campo por 3.000.000 de dólares a la firma Ganadera del Paraná, sino que también adquirió a la empresa El Raigón, que estaba a nombre de dos misteriosos empresarios norteamericanos, otra estancia en La Paz por 2.000.000 de dólares. Además se hizo de una flota de camionetas 4×4 y otros lujos, como un barco que tenía amarrado en un lujoso muelle sobre el río Paraná en el establecimiento San Silvestre, donde construyó una pista de aterrizaje.

“¿Por qué Greg había desaparecido de México?” era la pregunta que se hacían en México. Nadie sabía dónde estaba el magnate mexicano que está sospechado en ese país de abrirle las puertas al Chapo Guzmán en Cancún, su imperio.

La estancia San Silvestre, de 900 hectáreas, la adquirió el 13 de abril de 2014 a 2.000.000 de dólares a El Raigón. Le pagó a dos inversores estadounidenses con un cheque del banco JP Morgan. El campo también fue puesto a nombre de Nesftalí, su pequeño hijo.

Para qué este hombre morocho, de sonrisa permanente, ex locutor de radio y pastor evangélico, que en el pasado se sacó fotos con Cristina Kirchner y Hugo Chávez, se había instalado en un pueblo entrerriano alejado del glamour y la ostentación del magnate que se jactaba ser en México.

En la Unidad de Información Financiera (UIF) comenzaron a saltar algunas alertas y algunas respuestas. Greg adquirió la estancia San Silvestre y cuatro autos de alta gama con Cedines (Certificado de Depósito para Inversión), un mecanismo que puso en marcha el Ministerio de Economía para blanquear dinero en momentos en que empezaron a escasear los dólares.

Sánchez Martínez hizo cuatro operaciones en 2014 de compra de vehículos. Adquirió el 14 de marzo de ese año un cuatriciclo Polaris por un valor de 113.600 pesos y una camioneta Toyota por 290.000 pesos. El pago también los hizo con CEDIN, “sin que se presentara la documentación contable que avalara la operación del dinero”, según señala el informe de UIF que obtuvo Aire de Santa Fe. El 30 de octubre compró una camioneta Chevrolet Tracker por 140.000 pesos y el 28 de enero de ese año su esposa hizo lo propio con una Chevrolet Captiva por 280.000 pesos.

Los reportes de operaciones sospechosas (ROS) que verificó la UIF motivaron a que la Procuraduría de Lavado de Activos (PROCELAC) iniciara una causa en el juzgado federal de Misiones. Parte de esos vehículos habían sido adquiridos en esa provincia, donde inexplicablemente Greg había radicado su domicilio en Argentina en la casa de su abogado.

Se sumó otro informe sospechoso al expediente 274/15, de la empresa La Segunda Coop. Ltda de Seguros Generales, que reportó que la esposa del ex intendente de Cancún contrató seguros para el campo y los vehículos “sin capacidad económica suficiente para adquirirlos”.

Sin investigar absolutamente nada, la causa fue cerrada por la jueza federal de Posadas Verónica Sakanata. Esto quedó en evidencia por el propio Greg, que por las redes sociales agradeció a la magistrada. En México se había conocido el paradero de Sánchez Martínez a partir de que trascendió que era investigado en Argentina. Esta resolución judicial fue el pasaporte para que Greg y su esposa volvieran a Cancún. El juez llenó de elogios a la jueza que en pocos días clausuró la pesquisa el 15 de marzo de 2014.

Greg ya no tenía que explicar nada en Argentina. A la jueza no le importó que unos días antes de cerrar la causa, el 13 de enero, Niurka Saliva Benítez, la esposa de Greg, donó a su pequeño hijo 2 millones de dólares en concepto de anticipo de herencia, que provenían de la empresa GNA Dolphin LLC, con sede en Miami.

La UIF detectó que dos años antes de que se realizara la compra del campo esa firma en Miami había vendido el edificio, donde supuestamente funcionaba, a 3,1 millones de dólares, que era el único capital.

Incluso, tres días antes de que la magistrada misionera cerrara la causa efectivos de Gendarmería y la Afip allanaron el campo de Greg, donde encontraron “gran cantidad de dinero en efectivo”, y documentación de una docena de propiedades que el magnate había adquirido en Paraguay. También se toparon con el barco “Niurkys”, que tendría un costo de más de un millón de dólares, amarrado en el muelle en La Paz.

Antes de partir a México, Sánchez Martínez arrendó esa estancia a la firma Jeantes SA. Según las fuentes judiciales, los socios de esta firma conformaron gran cantidad de empresas radicadas en el mismo domicilio: Lascano 3928, de Capital Federal. De acuerdo a la investigación, los dos titulares de esta firma, una mujer y un hombre de apellido Berdichevsky serían testaferros de Sánchez Martínez. Dos vehículos de Jeantes SA poseen cédulas de autorización para conducir a nombre de Greg.

Ante la certeza de que en Misiones Greg nunca fue investigado, la PROCELAC presentó una nueva causa en el juzgado federal de Paraná, a cargo de Leandro Ríos. Esto ocurrió el año pasado, luego de que aparecieran una ristra de testaferros entrerrianos que se transformaron en la pantalla de Greg. Uno de ellos vive en La Paz en una casa humilde.

En el medio ocurrió algo llamativo. Unos días antes del cambio de gobierno en diciembre de 2015, la Gendarmería recibió un llamado que decía que un avión había aterrizado en el campo de Greg y que en esa aeronave viajaban varios mexicanos, entre ellos el Chapo Guzmán.

El entonces secretario de Seguridad Sergio Berni le pidió al juez que autorizara una orden de allanamiento al campo de Sánchez Martínez. El entonces funcionario pretendía ingresar a la estancia con más de 300 gendarmes. En medio de un clima político enrarecido esa escena iba a calentar aún más el ambiente.

El juez pidió que se hiciera un operativo discreto. Y así ocurrió. En el allanamiento no encontraron a Chapo, pero los testimonios de la gente del campo confirmaban que habían estado unos mexicanos en ese establecimiento.

Ríos tomó la batuta de la causa contra Greg y empezó a investigar los testaferros que el mexicano había dejado en Entre Ríos. La causa, que está actualmente en etapa de instrucción, dejó al descubierto el legado y anclaje millonario que tejió el mexicano en La Paz. La firma Jeantes es una de las claves de la pesquisa, porque pegados a esta compañía aparecen relaciones políticas que entretejió el mexicano en territorio argentino.

NOTICIAS DESTACADAS