¿Cómo llega la droga a Santa Fe?

Por Germán de los Santos


Un juez, un camionero millonario, y las fronteras liberadas para que la cocaína llegue a Santa Fe

La pregunta surge una y otra vez. Y nunca tiene una respuesta clara. ¿Cómo se alimenta ese mercado del consumo de estupefacientes que es estable y en permanente crecimiento, según los datos de la Universidad Católica, atributos que lo hacen un negocio siempre rentable, por el cual en los barrios las bandas se matan para controlar un pequeño territorio de distribución?

De la extensa investigación que terminó con la condena el lunes pasado del ex juez de Orán Raúl Reynoso, quien controló ese juzgado durante una década, surgieron elementos que responden en parte esa pregunta: cómo llega la cocaína a Santa Fe.

Los protagonistas de esta historia son el ex juez Reynoso, a quien no sólo la entonces presidenta Cristina Kirchner puso como ejemplo de la lucha contra el narcotráfico sino también los empresarios de Idea que lo invitaron en 2014 para hablar de la pelea en la frontera, y el empresario boliviano José Luis Cejas Rosales, uno de los mayores compradores de camiones Volvo de América latina. Adquirió 290 vehículos con cisterna para las cinco firmas que tenían contratos con YPF Bolivia.

Reynoso fue condenado por siete hechos en los que cobró sobornos de narcotraficantes a cambio de beneficiarlos con decisiones judiciales. Sejas Rosales fue uno de los que aportó a esa empresa corrupta. Está prófugo desde 2015, cuando Reynoso no le dictó la prisión preventiva y lo dejó que se volviera a Santa Cruz de la Sierra.

La flota de camiones del empresario boliviano tenían como destino, según las cartas de porte, San Lorenzo, Rosario, en Santa Fe, y San Nicolás en la provincia de Buenos Aires. La gendarmería le secuestró 500 kilos de cocaína en 11 vehículos. Pero se sospecha que llegaron a Santa Fe miles de kilos de cocaína. Y fueron para Santa Cruz de la Sierra también miles de litros de tolueno, un precursor químico que se usa para convertir la pasta base que se fabrica en la selva del Chapare boliviano, donde están las plantaciones legales de coca en clorhidrato de cocaína en Santa Cruz de la Sierra, donde los laboratorios están controlados por carteles colombianos y mexicanos.

El gobierno boliviano lo detuvo en 2015 para evitar que lo extraditaran a la Argentina. Le abrieron una causa por supuesto lavado de dinero que nunca prosperó, pero sirvió para parar que fuera encarcelado en la prisión de Güemes en Salta.

Cuando fue detenido en Bolivia lo enviaron a la ciudad-cárcel de Palmasola, en Santa Cruz de la Sierra, donde lo recibieron con todos los honores. Este hombre de 60 años es considerado por la justicia argentina como uno de los principales alfiles que manejaba la logística del contrabando de cocaína entre Bolivia y Argentina.

Unos días después de que Sejas Rosales pasara a formar parte de la población carcelaria en Palmasola se organizó una fiesta gigantesca que costeó y tramó un compañero de prisión del empresario: Oscar Nina, ex titular de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN). Fue él quien diseñó la diversión al contratar al cantante René Salas, imitador del mariachi Vicente Fernández, para que los internos disfrutaran de la música mexicana.

El género no fue una elección al azar. El gobierno boliviano investiga los vínculos de Nina con Jesús Alfredo Guzmán, hijo del líder del cartel de Sinaloa, que vive en Santa Cruz de la Sierra, donde se accidentó en 2012 realizando un curso de piloto de avioneta. Los videos de la fiesta que algunos reclusos subieron a las redes sociales provocaron un escándalo y obligaron a que el gobernador de Palmasola Johnny Rojas fuera destituido a principios de noviembre de 2015.

Dentro y fuera de la cárcel, Sejas Rosales es considerado un pez gordo del narcotráfico. “Se sospecha que este empresario manejaba la logística del contrabando de la droga de Bolivia a Argentina”, señaló a este periodista el fiscal Fredy Guzmán Zapata, quien estuvo al frente de la investigación por supuesto lavado de dinero y narcotráfico en Santa Cruz de la Sierra.

Sejas Rosales es el tío de uno de los narcos más importantes de la historia de Bolivia William Rosales Suárez, desaparecido desde 2010, cuando fueron asesinados sus cuatro custodios serbios.

“Sejas Rosales pagó millonarios sobornos a ministros y senadores para que sus empresas ganaran las licitaciones para trasladar a la Argentina hidrocarburos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB)”, apuntó. Camuflada en el combustible viajaba la droga. No sólo lo hizo en Bolivia sino también en Argentina, para que Reynoso le liberara la frontera en Salta.

En su pequeña oficina en Santa Cruz de la Sierra, el fiscal sostuvo que “había un evidente apoyo político para que este hombre ganara a través de una red de empresas -que se crearon para tal fin en 2010- las licitaciones de YPFB”.

El funcionario judicial aseguró que “está probado que en los allanamientos simultáneos que se llevaron adelante la primer semana de setiembre de 2015 los jefes policiales de Yacuiba recibieron órdenes de borrar evidencias”. En esa ciudad boliviana, que es fronteriza con Salvador Mazza, Argentina,  se acopiaba la cocaína que provenía de Santa Cruz de la Sierra.

Luego la droga era cargada en camiones cisternas con doble fondo que tenían el logo de YPFB, algo que le garantizaba que pasara todos los controles bolivianos. El destino final de los cargamentos eran las ciudades argentinas de San Lorenzo, Rosario y San Nicolás.

La investigación impulsada en Argentina por el titular de la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR) Diego Iglesias detectó que en 11 camiones de cinco empresas de Sejas Rosales -Transanic, Trans GTI, Transporte JAC La Sierra, Creta, Trans Land Cargo- fueron secuestrados con más de 450 kilos de cocaína y precursores químicos, como 30 mil litros de tolueno.

Sejas Rosales debería estar preso en Salta, pero fue favorecido por Reynoso, quien fue condenado el lunes pasado de cobrar sobornos. El boliviano le habría pagado un millón de dólares, a cambio de que lo beneficiara al procesarlo como partícipe necesario y darle así la posibilidad de que volviera a Santa Cruz de la Sierra. Con la venia del juez federal de Orán, Sejas Rosales nunca pudo ser detenido dentro del territorio argentino.

 

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