Final de año en deuda

Superliga: así quedó la tabla de posiciones

La pálida imagen expresada por Unión y Colón en la despedida del 2018 incrementa esa especie de deuda eterna del fútbol de Santa Fe. Sin resto futbolístico ni anímico protagonizaron un cierre lleno de incertidumbre generando en los hinchas un amargo sabor a frustración.


Por Sebastián Castillo.

Está claro que ambas campañas tuvieron matices diferentes y no se trata de poner todo en la misma bolsa del análisis. Lo que no se puede discutir es que los dos clubes de la ciudad se van al brindis de Navidad y Fin de Año con más dudas que certezas.

No pudo superar el primer traspié

Lo que puede encuadrarse entre uno de los mejores años de Unión producto del trabajo de una año y medio a esta parte con Leonardo Carol Madelón como el gran gerente futbolístico, se ve un tanto opacado por la caída en la recta final. Si bien no siempre la última imagen es lo que cuenta, quedó flotando la duda sobre el verdadero potencial del equipo rojiblanco. Unión se mantuvo durante un torneo y medio siempre en el lote de clasificación a las copas –salvo en una o dos fechas-, y consiguió la anhelada e histórica clasificación a un certamen internacional.

Es decir, analizar sólo este bajón de cinco partidos finales sería una injusticia tan grande como el mismísimo estadio 15 de Abril. Ahora bien, el final se transforma en una señal de alarma que puede ser determinante a futuro. Porque resulta casi inexplicable que un equipo que estuvo 17 partidos sin perder en su reducto, que consiguió el ingreso a la Sudamericana, que construyó una manera de jugar que le fue tan rentable, se haya desmoronado luego de la primera derrota fulera justo cuando estaba para dar el salto de maduración que el campeonato le proponía.

La autocrítica de Madelón y Cía. debe ser más profunda e ir de la mano con la autocrítica dirigencial. A mitad de este año se observó un plantel exigido al máximo, aprovechado –en el buen sentido- al extremo, obteniendo resultados rayanos con lo óptimo en función de las expectativas de propios y extraños. La ida de Lucas Gamba y un período de incorporaciones insatisfactorias corrieron muy poco los márgenes futbolísticos del equipo. Los arribos de jugadores de la reserva de Racing (Lotti y Álvarez) o García no encontraron nunca una explicación razonable tanto sea de parte de Madelón como de los dirigentes, Compagnucci es sólo una apuesta de relleno, Andrada es un nombre con recorrido pero de escaso aporte y Troyanski y Corvalán parecieron sumar poco aunque estuvieron a mano de las decisiones del DT. Pasando en limpio, un plantel que trascendió los límites de sus posibilidades, no fue reforzado ni renovado de manera conveniente. Entonces este tobogán de mal funcionamiento, de malos resultados y debilitamiento anímico en el tramo final del año aparece como una consecuencia y no como un accidente de este bendito deporte.

 

Desafío deportivo y económico

La ida sin reemplazo de Gamba devaluó a la “joya de la abuela”. Franco Soldano que no logró su pase al fútbol europeo en el mercado anterior se fue desdibujando en su condición de goleador. Cada jugador vale lo que el mercado está dispuesto a desembolsar y si bien no hay nada concreto se especula con su venta en este receso. Lo necesitan los dos: el delantero y la institución. En virtud de lo expresado por Spahn sobre el déficit de casi 2 millones de pesos mensuales en el último semestre, el horizonte rojiblanco en materia económica parece estar más que condicionado de cara al rearmado del plantel.

spahn

Ingenio, creatividad, conocimiento de otros mercados, serán los atributos necesarios para buscar los nuevos valores que engrosen la cantidad pero fundamentalmente que aporten la calidad que Unión necesita como valor agregado. Si no vende será muy difícil, no hay mucho misterio al respecto y de acuerdo a como encare el proceso de incorporaciones sabremos hacia dónde estará apuntando en términos deportivos.

 

Lo mejor, la Sudamericana

La clasificación por segundo año consecutivo a la Sudamericana y aquella victoria histórica en el Morumbí ante un grande de Sudamérica como el San Pablo sostuvieron un año magro en materia de juego y resultados por el lado de los Sabaleros. Fue el maquillaje perfecto para la falta de fútbol que se fue agudizando partido a partido de la mano de Eduardo Domínguez. Un DT que evidentemente tenía un buen manejo del grupo al punto tal que por lo visto en el final del año el equipo se diluyó en todos los sentidos tras su alejamiento.

Un plantel con alto promedio de edad con jugadores que fueron parejos en todo el año en su nivel de rendimiento: casi siempre mal y cuyos nombres evitamos señalar pues están en los reproches de todos los habitantes del “Mundo Colón”. Una vez afuera en el certamen continental y habiendo sido eliminado por San Lorenzo en la Copa Argentina luego de ir ganando 2 a 0 hasta los 20 del complemento, el equipo rojinegro comenzó a chocar de narices con su realidad más cruda: jugadores grandes y desgastados, sin respuestas anímicas y físicas, anárquicos tácticamente y sólo sostenidos por un par de resultados: victorias ante Godoy Cruz y River y pare de contar. Un plantel que fue incapaz en el segundo semestre del 2018 de ganar al menos un partido fuera del Bº Centenario. Los números son tan expresivos que eximen de todo comentario. A todo esto hay que sumarle el último golpazo que le dio Unión de Sunchales al golearlo 6 a 2 en el global de la final de la Copa Santa Fe.

El párrafo final del año con el interinato de Esteban Fuertes fue el desenlace anunciado, un final previsible. La sola figura de Bichi no alcanzó para disimular las miserias y falencias futbolísticas de un equipo totalmente en declive. Dos empates con la misma tónica en el rendimiento y una caída sin atenuantes en Florencio Varela exhibieron las imperiosas necesidades de renovación y cambio.

 

La dirigencia bajo la lupa del hincha

Si hay algo que José Vignatti y Cía. dominan casi a la perfección es la economía y el andar institucional. Colón salió del Salvataje Deportivo, está en la etapa final de construcción de la tribuna Sur que cerrará el anillo y prepara la presentación del ambicioso proyecto de remodelación de la sede rojinegra. En este aspecto, estos dirigentes que fueron brillantes en el pasado parecen estar intactos en el presente. Si hasta la inconclusa operación de Lucas Alario al fútbol alemán “se vende” como una maniobra inteligente a favor de los intereses del club aún cuando a tanto tiempo no se dio una explicación precisa sobre los términos de la misma.

josé vignatti colón

Ahora bien, en lo futbolístico queda la sensación clara de que no dio en la tecla, al menos con los resultados de esta época en comparación con los aciertos del pasado. Esta Comisión Directiva camina con una “piedra en el zapato” en el plano futbolístico y lo sabe, por eso está en la búsqueda de un técnico que renueve expectativas en la gente y apostará a refuerzos que reduzcan los márgenes de error para encarar esta nueva etapa. Con un presupuesto varias veces superior, termina el año otra vez por debajo de su eterno adversario, un dato que no es menor en función de las expectativas que genera la apuesta permanente en el “pago chico”.

Nada se puede cambiar si no hay autocrítica y este valor cuesta advertirlo en la figura del máximo dirigente del club del Bº Centenario. Si hasta calificó de “banales” a algunas necesidades básicas del plantel como los GPS y el agua en los entrenamientos. Ya es una anécdota más, pero también una muestra del modus operandi dirigencial que parece no sortear las vallas del crecimiento y las nuevas exigencias del fútbol de la alta competencia.

 

Objetivos en común

Independientemente de las diferencias que existen, los hinchas del fútbol de Santa Fe continúan esperando un salto de calidad. No se trata de ganar un título solamente, empresa difícil si las hay, se trata también de consolidar los proyectos y alimentarlos con la intensidad que se merecen. Tampoco es una cuestión solo de dinero, pues abundan los ejemplos de instituciones con menor presupuesto, prestigio y convocatoria que los clubes santafesinos que consiguen logros mayores.

Futbolistas con hambre en sentido deportivo, que no malinterpreten “las comodidades” que ofrece la ciudad, entrenadores serios y trabajadores –Colón está en la búsqueda-, dirigentes capaces y “aggiornados” a los nuevos tiempos serán los encargados de renovar las ilusiones de los hinchas Tatengues y Sabaleros, que una vez más terminan desanimados al recibir más de lo mismo de parte del club de sus amores.

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