En el Aire la fiesta de todos los días

Aire de Santa Fe

“…vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta…” (Joan Manuel Serrat).

Por Gustavo Borsato 

…avanza el sol por encima de la cancha que le marcó la madrugada. Una muerte, un misterio, las sirenas entre las últimas angustias de la noche.

El ritmo de la mañana viene avanzando con el desayuno y entra en el azúcar la cuchara de la búsqueda que no se queda esperando los primeros pasos de las calles, planta una queja entre medialunas y una canción que sube con la luz, las sombras y las noticias que se revelan en la retórica digital de las horas que se descubren un día más.

Son ojos que hablan, son palabras que ven, es ruido, es fondo, es presente, es realidad, es verdad. Sucede, lo confirman las fuentes, mientras por una senda de sospechas va hambrienta la pregunta del informante que abre las alas de algo que se siente, que viene y va.

El bache de una esquina o la tragedia colectiva de un diván. El mensaje tiene nombre, número y calle, entonces se hace reporte el drama vecinal, tanto como si el puente se estaría hundiendo en este mismo momento. El vecino sabe que alguien va a escuchar, el que necesita enterarse va a la radio en busca de una espontaneidad urgente. La rutina se altera, cambia el guión justo cuando un corte musical abraza el arte de un efecto y el placer de ir arriba de una nave incansable, que en el descanso de una pausa bota el interrogante, el que nadie quiere plantear, el que muchos tienen prohibido plantear.

Está cantado a la tarde va a llover, a la noche se despejará y más tarde el cielo tendrá su antena conectada con el sueño desvelado de un guardián que conversa con los rincones de la intimidad, con las curvas de un romance.

El tren del medio día corre con el “cole” para alcanzar la siesta y el rumor se hace de carne y hueso mezclado con la bruma del café batido hasta la borra mientras la ciudad en su patio de atrás aguarda embarrada la esquina prometida de un progreso quizás.

La lágrima del día resbala en las espaldas de una guardia de hospital y pesca una esperanza en la orilla. Enroscadas en la laguna de sus dudas, sobre las olas flotan las luces que se hacen cristal y vaso hasta el comienzo y final de un liso más.

Bocinas de taxis afilan el boulevard, la peatonal cuenta sus fracasos y sus éxitos, las finanzas van y vienen con el bien y el mal transitando el puerto, la tierra, los empedrados y las avenidas empapadas de sangre que sentencian el tribunal sin balanza ni razón.

Saltan las risas, los testimonios, las revelaciones, las miserias el poder y el hogar, el micrófono cuestiona a la voz del otro lado, las voces de todos los lados, la mentira y la verdad pulsean sus rabias pasionales, se escucha que hablan de un gol…

Ganadores y perdedores, todo puesto en la mesa de las cartas marcadas del rufián que abrazado a la serpiente siente que nadie le podrá morder la manzana, pero todos sabemos que es trampa, porque queda en el aire, todo, todo el tiempo.

Costó diez años, costó muchísimo, y así es la fiesta cada jornada, íntegra y creíble, porque cree primero el micrófono y la tecla que la anima, porque todos se pueden ver y escuchar desde que se hizo auténtico el Aire de Santa Fe.

“…y hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha…” (Joan Manuel Serrat)

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