Ganó el mayor premio de lotería pero le arruinó su vida
Era un día fresco de octubre cuando la mujer detuvo su carro en una gasolinera a las afueras del pueblito de Simpsonville (Carolina del Sur), una zona rural cuajada de bosques, con una estrecha carretera desvencijada y una iglesia de ladrillos rojos.
Junto a la gasolinera, un supermercado austero de techo azul anunciaba un premio casi histórico de lotería: se sorteaban 1.500 millones de dólares y aquella mujer, aunque sabía que no tenía ninguna posibilidad de ganar, compró un boleto.
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No fue por casualidad: tanto el sorteo de Mega Millions como el Powerball están diseñados a propósito para atraer a compradores de última hora con premios asombrosos que convencen hasta a los más escépticos, según el diario The Washington Post.
La lotería Mega Millions nació en 1996, pero recientemente cambió sus reglas para que tocara de forma menos frecuente, y así acumular mayores premios con los que atraer a compradores. Además, elevó su precio a dos dólares.
En el año fiscal de 2018, las ventas de lotería en Estados Unidos alcanzaron los 78.000 millones de dólares, más que la suma de lo gastado en cine, videojuegos, libros, música y eventos deportivos.
El 24 de julio de 2018, un grupo de oficinistas de California ganó 543 millones. Desde entonces, nadie más había resultado premiado, de forma que, para octubre, el premio acumulado había alcanzado los 1.500 millones de dólares.
Para ganarlo, los jugadores (repartidos por 44 estados y el Distrito de Columbia) debían acertar cinco números del 1 al 70, y otro más del 1 al 25. Sus posibilidades eran de 1 entre 302.575.350.
El 23 de octubre se anunció la combinación ganadora: 5, 28, 62,65, 70 y 5. Y en esta ocasión sí hubo un ganador: un boleto comprado en un pequeño supermercado de Simpsonville (Carolina del Sur).
“Después de comprobar su boleto a la mañana siguiente del sorteo, ella estaba en completo estado de shock, no se lo creía”, explicó su abogado, “se quedó mirando el boleto sin moverse durante un tiempo que parecieron horas, y luego empezó a saltar y gritar de alegría”.
“Es imposible describir con palabras el sentimiento por esta suerte increíble”, aseguró más adelante la mujer en un comunicado. No quiso revelar su nombre por motivos de seguridad, y la ley estatal no le obliga a hacerlo.
Ganó la lotería a finales de octubre, pero no cobró el premio hasta inicios de marzo, más de cuatro meses después, y cuando las autoridades estatales ya habían perdido la esperanza de que apareciera.
Eligió cobrar todo el premio de una vez, con lo que el monto total fue 878 millones de dólares, el mayor jamás entregado nunca a un solo ganador.
“Me doy cuenta de que esta gran fortuna acarrea una tremenda responsabilidad social, y me da una oportunidad única para ayudar, respaldar y contribuir a la caridad y a causas que llevo en el corazón”, afirmó la mujer.
Entre las organizaciones favorecidas están la fundación Ronald McDonald House Charities de Columbia (Carolina del Sur); el fondo de ayuda de la Cruz Roja por los tornados en Alabama; el centro de arte de Simpsonville; el fondo de ayuda por el huracán Florence One de Carolina del Sur; e In the Middle, que auxilia a supervivientes del cáncer de mama.
La tienda que vendió el boleto ganador recibirá 50.000 dólares de la lotería, y el estado se embolsará 61 millones en impuestos.
Es un premio “ridículamente grande, y te conviertes en un objetivo fácil”, explicó el abogado de la mujer para justificar que hubiera querido mantener su anonimato.
Ganar puede arruinar una vida
Jack Whittaker ganó 314 millones en un sorteo de Powerball en 2002. Decidió cobrar el premio entero, 113 millones después de impuestos, por entonces el mayor entregado a un solo ganador.
Whittaker, que tenía 55 años y había trabajado en la construcción desde los 14, se levantó a las cinco de la mañana en el día siguiente a Navidad y descubrió por la televisión que se había convertido en multimillonario. Prometió donar el 10% del premio a la caridad, y compartirlo con la mujer que le había vendido el boleto. Y su cara se hizo famosa en Virginia Occidental y alrededores.
Sus vecinos comenzaron a pedirle dinero. Desconocidos empezaron a pedirle dinero. Llegaron a amenazarle. El Departamento del Sheriff del condado de Putnam le puso protección a él y a su familia. Pero seguían llegando las cartas pidiendo dinero. Incluso llegó a contratar a un detective privado para averiguar si quienes aseguraban tener un hijo con cáncer estaban diciendo la verdad.
Terminó perdiendo dinero en malas inversiones, desperdiciándolo en casinos y clubes de baile exótico, cerrando su fundación por exceso de peticiones, y siendo detenido por manejar borracho. Fue asaltado y robado. Perdió a parte de su familia en muertes trágicas. Pero nunca le echó la culpa al dinero de la lotería.
