El robo de una bicicleta invisible se terminó convirtiendo en una hermosa amistad
El robo de una bicicleta invisible se terminó convirtiendo en una hermosa amistad.
Un usuario de Twitter dio a conocer la preciosa historia que tiene sus orígenes en una broma inocente que promovió hace más de 10 años en la vía pública.
Todo empezó como un simple entretenimiento que consistía en imprimir 100 carteles en los que se decía que había desaparecido una bici invisible. En el anuncio se puede apreciar un correo electrónico donde enviar información y se promete una recompensa para quien la encuentre.
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Una premisa tan absurda como divertida. Al poco tiempo, el joven empezó a recibir unos cuantos correos de personas que aseguraban haber visto la bicicleta invisible y le adjuntaban fotografías para corroborarlo.
El correo que lo cambió todo
Entre tantos mensajes parecidos, hubo uno que le llamó especialmente la atención. De repente, otra persona había decidido seguirle la corriente a otro nivel escribiendo un texto elaborado asegurando que su bici no había desaparecido, sino que había sido robada por ella.
Esta persona se llama a sí misma 'La Ladrona de Bicis' e informaba al remitente que la vendería al mercado negro de objetos invisibles si no le decía cuál era la recompensa: "Mis clientes son gente importante y depravada: jeques árabes, políticos y algún fontanero"
La historia estaba adquiriendo unos tintes surrealistas, pero el chico quería ofrecerle una respuesta a la altura del texto. Así fue como empezaron a intercambiarse correos con una frecuencia intermitente hasta que se dio cuenta de que tenían un amigo en común: "Un día, dos años después, ella le contó a un amigo su versión de la historia. Y ese amigo era un chaval que me conoció en el 15M y que rápidamente le dijo 'Eso seguro que es cosa de mi amigo Iago Prada!'".
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Así las cosas, los protagonistas de esta historia decidieron desvirtualizarse y verse cara a cara. ¿El resultado? Una preciosa amistad digna de comedia romántica. Y así es como unos cuantos carteles pegados en la pared acabaron convirtiéndose en una amistad única: "Haced idioteces, que la amistad entre idiotas es la mejor", sentencia Iago. Una buena moraleja para una historia increíble.
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