Como “Diosito” y “Mario” Borges en El Marginal, la Alcaidía de San Lorenzo tenía sus “presos vip”

alcaidía de san lorenzo

La investigación sobre un banda acusada de cometer varios crímenes en el Cordón Industrial desenmascaró la situación de privilegio que gozaban varios reos en la Alcaidía Mayor de San Lorenzo. José Budiño, el jefe de esa dependencia quedó imputado y en prisión preventiva efectiva por 90 días. Según la acusación recibía “sumas de dinero destinadas a su favor como contraprestación de beneficios que le otorgaba a los presos”.


Por Claudio González

Una decena de teléfonos celulares y chips de memoria, cuchillas de carnicero, facas, piedras para afilar, televisores, botellas de bebidas alcohólicas, parrillas de asado móviles, cajas de pizzas llegadas por delivery, routers para wi fi, tablets, herramientas y alcohol etílico “como para volar la Jefatura”. Esos eran algunos de los elementos hallados dentro de las celdas de los presos vip de la Alcaidía de San Lorenzo, cuando hace unas semanas quedó detenido el jefe de esa unidad carcelaria acusado recibir coimas para brindar mayor “confort” a los reos en su estadía en la cárcel.

Quedó en prisión preventiva el titular de la Alcaldía de San Lorenzo

Se trata de José B., imputado por los delitos de cohecho e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Lo acusan de recibir sumas de dinero para que los presos tengan televisión, internet, celulares y hasta parrillas.

La cotidianeidad en prisión puede ser muy dura para algunos presos, pero otros pueden gozar de una amplia gama de prerrogativas. A tal punto, que un calabozo se puede acondicionar casi como la habitación de un hotel. Si esas condiciones fueran parte de una política penitenciaria uniforme y equitativa para todos, en buena hora, porque permitiría elevar estándares incluso reclamados desde muchos organismos de derechos humanos, pero este no es el caso.

La realidad se asemeja a la ficción

No se trata de la serie El Marginal (TV Pública) que recrea la vida de los hermanos “Diosito” y “Mario” Borges en la cárcel de San Onofre, donde junto a sus lugartenientes disfrutaban de colchones y camas placenteras, televisores, droga, mujeres, alcohol, armas de fuego y hasta tenían vía libre para salir a robar o secuestrar. Y aunque la realidad no supera la ficción, se asemeja bastante con la situación que se descubrió en San Lorenzo, a 147 kilómetros de la ciudad de Santa Fe.

Como en la tira televisiva lo hacía Antín, el corrupto director de San Onofre que encarnaba Gerardo Romano, en la tierra donde el general San Martín libró una de sus emblemáticas batallas también se detectó a un funcionario policial sospechado de actividades espurias. Se trata de José Budiño, de 44 años, un policía de la provincia nacido en Santa Fe, jefe de la Alcaidía de la Unidad Regional XVII.

Los procedimientos se realizaron en la dependencia ubicada en Urquiza e Irigoyen de San Lorenzo por orden del fiscal del Ministerio Publico de la Acusación (MPA) Aquiles Balbis en el marco de una investigación por “espacios especiales con los que contarían varios detenidos alojados en la dependencia”. Pero esa situación salió a la luz de casi de casualidad en el marco de una pesquisa por tres homicidios y otros tres intentos de asesinato recientes.

Ordenados desde la cárcel

Los asesinatos que se investigaban son los de Walter Daniel Santa Cruz, de 29 años, oriundo de barrio Copello de Bermúdez, ejecutado de un tiro en el abdomen el pasado 24 de enero en la puerta de su casa de San Lorenzo. El 28 de enero mataron a Jonatan “Pony” Anguilante, de 30 años, fue acribillado de seis balazos en un pasillo de Gaboto y las vías, en Capitán Bermúdez. Y el tercer homicidio es de David Medina, de 48 años, asesinado el 5 de marzo cuando fue atacado desde una moto mientras estaba en la puerta de la casa de una hija en San Lorenzo.

En busca de los autores materiales de los esos hechos, el 2 de agosto el fiscal Balbis solicitó a Gendarmería Nacional y a la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que desplegara operativos en zonas calientes de Capitán Bermúdez y Fray Luis Beltrán. En una docena de allanamientos se secuestraron dos motos y celulares, y se detuvo a cinco personas: Mauricio D., Rafael F., Sebastián T., Dana G. y Ayelén G, ya imputados en los Tribunales de San Lorenzo junto Ricardo D., Walter G. y Eduardo G.  Como una hipótesis firme indicaba que los homicidios habrían sido encomendados desde la cárcel, se allanó la dependencia en busca de evidencias.

Confort por miles de pesos por semana

Cuando Gendarmería irrumpió el sábado 3 de agosto en la Alcaidía de San Lorenzo, la requisa arrojó grandes sorpresas. En las celdas había diez teléfonos celulares y chips de memoria, seis cuchillas de carnicero, piedras para afilar y televisores de 40 y de 50 pulgadas, bebidas alcohólicas y parrillas móviles para asar carne, restos de cajas de pizzas que habrían llegado a través del delivery. Según Balbis, en las celdas también había routers (conexión a internet), tablets, herramientas y alcohol etílico ”como para volar la Jefatura”.

Pero eso no fue lo único. En el procedimiento los gendarmes encontraron a dos mujeres que estaban detenidas por otras causas y no debían estar alojadas ahí, indicaron fuentes judiciales. Y agregaron que en los espacios requisados se hallaron prendas femeninas que en principio no pertenecía a las dos detenidas.

En esa instancia fue detenido el comisario supervisor Budiño, y dos oficiales que estaban de guardia, quienes luego de cumplir con trámites procesales en la División Judiciales recuperaron la libertad. El jefe policial fue llevado a la audiencia imputativa el martes 6 de agosto. En un trámite que se realizó en los Tribunales de San Lorenzo ante la jueza Griselda Strólogo, el fiscal le atribuyó los delitos de “cohecho e incumplimiento de deberes en concurso real y en calidad de autor” por considerar que brindaba “condiciones Vip” de detención a algunos presos.

Según la hipótesis de la Fiscalía quienes deseaban acceder a los privilegios debían pagar de mil a cinco mil pesos semanales. Puntualmente se describió que Budiño recibía “sumas de dinero destinadas a su favor como contraprestación de beneficios que le otorgaba a internos alojados en la Alcaidía”. Entre otras cosas, el investigador puso el acento en que el jefe policial permitió el acceso de dos mujeres a la Alcaidía, que es exclusivamente para varones.

El cruce de interceptaciones telefónicas, según pudo averiguar Aire Digital, permitió establecer que existía un cuadro tarifario impreso, y otro que se descubrió luego de captar un mensaje enviado con el teléfono de un recluso desde adentro de la seccional en la que cumplía su condena efectiva. Se trata de un hombre detenido por abuso sexual agravado contra su hija, a quien el día del allanamiento a la Alcaidía de la Unidad Regional XVII le encontraron en un bolsillo un papel que testificaba los costos, inclusive tenía un celular desde el cual enviaba mensajes a su familia a pesar de que ésta había decidido cortar todo tipo de vínculos indignados por el aberrante suceso por el que estaba preso.

La acusación

La pesquisa expuso que algunos internos tenían televisor, baño privado y hasta había dos que contaban con sus propios departamentos de lujo: dormían en habitaciones destinadas al personal policial, no compartían espacios comunes con otros detenidos y caminaban libremente por las terrazas del penal, donde no había vigilantes.

A Budiño, de acuerdo a la pieza acusatoria que tuvo acceso Aire Digital, se le atribuyó “no haber observado los reglamentos a su cargo como jefe de la Alcaidía de San Lorenzo, permitiendo el acceso y la permanencia en poder de los internos de los elementos citados (cuchillas tipo carnicero y Tramontina, navajas, chairas y piedras para afilar, sogas, botellas de alcohol etílico en estado líquido, encendedores, aparatos de telefonía celular, botellas de cerveza, de vino, de whisky, electrodoméstico tipo parrillero eléctrico, los dos televisores, el router inalámbrico para la provisión de señal de wifi. Todo ello, según el fiscal, constituía “un peligro para la seguridad de la alcaldía, de los agentes y de los propios internos”.

Por último, se le atribuyó que el 2 de agosto del 2019 permitió el ingreso a de señoritas Dana G. y Ayelen G., cuyo traslado había sido ordenado por parte del MPA hacia la Nueva Alcaldía de Rosario, hecho que impidió, imponiéndose sobre el personal subalterno encargado del traslado. Las dos habían sido arrestadas en el procedimiento en Capitán Bermúdez y Fray Luis Beltrán junto a la banda acusada de realizar los crímenes por encargo.

Sin embargo durante la audiencia el comisario negó tajantemente los cargos en su contra. Argumentó que en casi treinta años de servicio nunca tuvo ni un arresto. Aseguró que no había lugar en la cárcel de mujeres de Rosario, y por eso decidió que se quedaran en San Lorenzo. Balbis sostuvo que los detenidos no sólo tenían acceso a teléfonos celulares sino que tenían agendados a sus guardias.

Si bien la jueza Strólogo aceptó los términos y calificación de los hechos, no hizo lugar al pedido de prisión preventiva efectiva requerida por el organismo acusador y otorgó la libertad al comisario, que había estado detenido dos días en prisión domiciliaria. La decisión de la magistrada no dejó conforme al fiscal, que la apeló para que la revise un juez de segunda instancia.

Tras las rejas

La audiencia para debatir esa discrepancia se realizó ante la jueza de la Cámara Penal Gabriel Sansó. Tras evaluar las posiciones, la magistrada revocó la resolución de primera instancia que le había otorgado la libertad a Budiño, y ordenó que quede en prisión preventiva efectiva por el plazo de 90 días.

En esa instancia el fiscal recordó una escucha clave entre las pesquisas que recolectó. Y aunque no se trata de los códigos que tumberos que tenían los hermanos Borges en la ficción de El Marginal, la realidad se acerca bastante.

Cuando cayó detenido Ricardo “Maluma” D. imputado de dos crímenes en el Cordón Industrial y de otras dos tentativas de homicidio en los últimos meses, se comunicó vía mensaje de texto con un tal Ariel. “Acá hay que poner dos luquitas para estar mejor”, le le escribieron del otro lado, aparentemente, una autoridad de la institución. Toda una declaración que expuso los espurios manejos en la Alcaidía de San Lorenzo, que ahora tiene a su ex jefe tras las rejas.

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