Confirmaron la prisión perpetua para los asesinos de Vanesa Zabala

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El fallo de la Cámara de Apelaciones destaca la identidad de género de Vanesa Zabala y que se trató de un crimen de género, si bien no avala el agravante pretendido por la querella.


El tribunal de la Cámara de Apelaciones integrado por los jueces Fabio Mudry, Bruno Netri y Roberto Prieu Mántaras confirmó la sentencia a prisión perpetua para los cuatro condenados por el crimen de Vanesa Zabala.

La resolución de los jueces destaca la identidad de género de la víctima, y si bien no avala el pedido de la querella de que sea un agravante más que se sume al ensañamiento, la alevosía y la participación de menores de edad, reconocen y consideran que el ataque contra Vanesa fue justamente por su condición de travesti.

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Un crimen atroz

Vanesa Zabala fue encontrada sin vida el 29 de marzo del 2013, en un terreno baldío en inmediaciones de la Ruta Pcial A 009 de la localidad de Vera. Su cuerpo daba cuenta del brutal ataque que había padecido.

Además de asestarle golpes de puños, los imputados le azotaron la cabeza contra uno de los caños- soporte de uno de los carteles de publicidad existentes en el terreno hasta dejarla desvanecida.

El ataque fue perpetrado por varias personas mayores y menores. Le provocaron gran cantidad de heridas en todo el cuerpo, especialmente en la cabeza, la zona abdominal y en sus partes íntimas que la llevaron a la muerte.

Prisión perpetua cuestionada

Por el hecho fueron detenidos, juzgados y condenados en febrero del 2018 José Daniel Villasboas, Ana Virginia Abasto, Jose Luis Petroni Y Gustavo Daniel Vallejos por el delito de HOMICIDIO DOBLEMENTE CALIFICADO POR ENSAÑAMIENTO Y ALEVOSÍA y agravado por la intervención de menores de edad (en función de los arts. 45, 80 inc. 2do y 41 quater Código Penal),  a la pena de PRISIÓN PERPETUA.

Tanto los abogados defensores como la querella recurrieron el fallo dictado por los jueces Gonzalo E. Basualdo, Ireneo L. Berzano y Claudia G. Bressán.

La querella, representada por los abogados del Centro de Asistencia Judicial a la Víctima  Federico Lombardi y Agustina Peralta, cuestionaron que no se haya acogido la calificación jurídica seleccionada por esa parte, al no reconocerse que se trató de un homicidio agravado por la identidad de género (art. 80 inc. 4° del Código Penal Argentino).

Los defensores solicitaron que se revoque la condena y se les de la libertad a todos los imputados.

La víctima es Vanesa Zabala, no Sergio

La primera cuestión que analiza el fallo de los camaristas es si el tribunal de juicio incurrió en una omisión que debe ser salvada en orden a la correcta identificación de la víctima.

Tal omisión refiere a que el Tribunal obvió hacer mención a la víctima con el nombre que ella había elegido y utilizaba, consignando el mismo sólo como un alias o sobrenombre; “por lo que a los fines de salvar dicha omisión de aquí en adelante, habrá de mencionarse a la víctima como Vanesa Zabala”, tal como establece el art. 2° de la ley 26.743 de Identidad de Género.


“Definición: Se entiende por identidad de género a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También  incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales”.


En este caso, Vanesa vivía, se vestía, trabajaba y murió según las circunstancias que se han determinado en la investigación, en el juicio y en el fallo, como una travesti. Así era conocida por todos: familiares, allegados, testigos e imputados. Era conocida como Vanesa y no como Sergio Alexis, por lo que corresponde su reconocimiento con el nombre con el que optara vivir y ser reconocida.

Los camaristas concluyeron que “seguir llamando a Vanesa Zabala, con el nombre de Sergio Alexis Zabala, supone desconocer esa identidad con la que vivió y murió; y al mencionar su nombre Vanesa solo como un “alias”, se continúa estigmatizando y criminalizando su memoria, aún después de muerta, por la actividad a la que se dedicaba y que la condujo a la situación en la que fuera asesinada por empalamiento y por los golpes recibidos, tal como está establecido en el caso, fuera de toda duda”.

 

Un crimen de odio a la identidad sexual de la víctima

Los querellantes solicitaron que se tenga en cuenta como agravante del homicidio el odio a la identidad de género, según lo previsto por el art. 80 inc. 4° del Código Penal Argentino.

Los camaristas sostienen que los hechos que dan lugar a esta agravante no fueron atribuidos e intimados al tomar las indagatorias, a pesar de que ya existían pruebas al respecto. Se destaca el testimonio de Lacuadra, quien declaró que esa noche “iban a matar un puto”.

En esto encuentran los camaristas que también se desprende desde el inicio de la investigación que el ataque fue premeditado, y tampoco se atribuyó este agravante.

El fallo de la cámara explica que “no fueron hechos nuevos o circunstancias que modifiquen la calificación legal o la pena del mismo hecho objeto del debate (…) que no hubieran sido mencionadas originariamente o sea que surgieran durante el debate, como para habilitar la posibilidad que sugiere la querella”.

Los hechos atribuidos por el Juez de Instrucción actuante, Dr. Virgilio Palud, son idénticos para los cuatro imputados, difiriendo solamente en cuanto a la autoría o participación que a cada uno de ellos les cupo en los hechos.

“Destacamos que, NUNCA SE LES ATRIBUYÓ, ni se les INTIMÓ a los imputados, sobre las calificantes de haber cometido el hecho “por odio de género o con el concurso premeditado de dos o más personas” (art. 80 incs. 4º y 6° del Código Penal Argentino), agravantes que resultaban evidentes desde el inicio de la causa” concluyen los camaristas.

También realizaron algunas consideraciones en cuanto al punto de la agravante postulada tardíamente por la querella: “la ley 26.791 fue sancionada en fecha 4 de noviembre de 2012, y promulgada en fecha 11 de diciembre del mismo año, fecha en la que entró en vigencia la reforma al art. 80 inc. 4° del Código Penal Argentino. El hecho que nos ocupa, es decir la muerte de Vanesa Zabala, ocurrió en fecha 29 de marzo de 2013, por lo que no hay dudas de que la reforma y la figura agravada del homicidio estaba plenamente vigente al momento en el que ocurrió el hecho por el que fueran condenados los imputados.”

 

Travesticidio

Pero el fallo de los camaristas no solo destaca que se trató de un crimen por “odio de género”, sino que además debe comenzar a hablarse de travesticidio, por la particularidad de la causa.

Los jueces citan a Buompadre, quien sobre el “odio de género” considera que este tipo de homicidio se caracteriza por el móvil del autor, que es el odio o la aversión que siente por la víctima, por su condición de pertenecer a un determinado género (masculino o femenino), por su orientación sexual (por ser heterosexual, homosexual, bisexual), por identidad de género (por sentirse de un sexo distinto al que se posee biológicamente, esto es, por ser y querer ser distinto a lo que se es).


El homicidio cometido con este agravante consiste en matar a otro precisamente por odio de género o a la orientación sexual, identidad de género  o su expresión, tal como lo establece la ley. Esto incluye el odio a la persona por su cambio de sexo o por tener modales, forma de hablar o vestimenta del sexo opuesto, tal el caso de Vanesa Zabala.


La investigación permitió determinar que las destinatarias del ataque para el que Villasboas reclutaba a distintas personas, podría haber sido cualquier otra persona que se encontraba en la zona al igual que Vanesa, y tenían una identidad de género auto-percibida distinta de la que tienen por nacimiento.

Los jueces concluyen que la familia de Vanesa Zabala tiene derecho a la verdad y por tal motivo se analiza la figura del “travesticidio”, siguiendo el fallo “Sacayán”, que se convirtió en la primera condena por un travesticidio y en el que se hace una aclaración sobre la nominalización de éste tipo de crímenes de odio que resulta adecuada y se aplica en su totalidad al caso Zabala:

“Las normas modifican el mundo como consecuencia de que el lenguaje genera un nuevo mundo y, por lo tanto, originan variaciones de la realidad; las normas tienen la particularidad de ser expresadas en un lenguaje que puede distinguirse como declarativo, es decir generador de otro estado de cosas (Arce Aggeo, Miguel Ángel “Introducción a la teoría comunicativa del delito”, UBA, 2006, pag. 25/26). Me parece que, entre otros aspectos que posee este “leading case” es que se avizora la existencia que nos permite hablar no sólo de odio por la identidad de género sino que, en el juego propio del arco del tiempo de las palabras, como elemento propio de la comunicación –medular de las relaciones humanas- podemos, por las razones dadas, comenzar a hablar de “travesticidio” (fallo “Marino” antes citado).”

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