martes 10 de diciembre de 2019
Sociedad | lotería |

Ganó la Lotería, compró un equipo de fútbol de segunda división, y se lo regaló a los hinchas

Un escocés que ganó 210 millones de dólares en la Lotería, compró las acciones de un club que tiene 143 años de antigüedad y dos títulos en primera. Además compró el estadio.

El Partick Thistle no es conocido por sus glorias deportivas. Cierto que en sus vitrinas hay una Copa que le ganó 1-0 al Rangers y una Copa de la Liga en cuya final goleó 4-1 al Celtic (hazañas para la historia), pero en la actualidad es el último de la segunda división escocesa, con sólo tres victorias en quince partidos, diecinueve goles a favor y treinta y uno en contra. Si a ello se añade una situación económica ruinosa, lo que necesitaba desesperadamente es que le tocara la lotería.

Pues bien, eso es precisamente lo que ha ocurrido. La lotería le tocó en realidad hace ya ocho años a Colin Weir y su ex mujer Christine, un pozo nada despreciable de 210 millones de dólares, parte de los cuales se gastaron en comprarse un par de mansiones, pagar operaciones y otras necesidades de amigos y conocidos, regalar su viejo piso de tres habitaciones a la vecina, y donar generosamente a organizaciones caritativas y al SNP (Partido Nacional de Escocia), porque ambos son independentistas hasta la médula.

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Colin es además hincha de toda la vida del Partick Thistle, y tras ganar su premio liquidó de un plumazo (11 millones de dólares) la deuda del club y prometió otros 3,5 millones de dólares para la creación de una concentración y centro de entrenamiento donde formar a las jóvenes promesas, un dinero que lleva tiempo congelado en vista de sus discrepancias con la directiva por su falta de ambición y la resistencia a hacer fichajes.

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Ahora el multimillonario mecenas ha dado un paso más en su amor al club, y lo compró, para impedir que sea adquirido por el mismo consorcio de inversores norteamericanos y chinos que son propietarios del Barnsley inglés. No en su totalidad, pero sí un 55% de las acciones, que no se va a quedar él, sino que las va a regalar a los socios para que se conviertan en dueños, como los del Barça o los Packers de la NFL. Y una buena parte de los terrenos donde se encuentra el estadio (sobre los que se alzan la tribuna principal y la grada sur), y que también va a donar a la entidad.

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Es algo inaudito, pero también el Thistle es un club inaudito, que se considera por encima de las divisiones sectarias, políticas y religiosas de Glasgow, donde el Rangers representa el unionismo, el conservadurismo y el protestantismo, y el Celtic es el de los católicos, irlandeses y nacionalistas. Los Jags dan cobijo a unos y a otros, pero sobre todo a los equidistantes, quienes pueden ser una cosa o la otra pero no hacen de ello su identidad. El estadio de Firhill (su hogar desde principios del siglo pasado, y desde donde se disfrutan unas maravillosas puestas de sol –cuando lo hay– por el West End de la ciudad) está un poco alejado del centro, y el núcleo de sus seguidores son profesores y estudiantes de la universidad, intelectuales, escritores, artistas, abogados, izquierdosos varios, asilados políticos y pequeños comerciantes de la Great Western Road, una avenida que se convierte en carretera y es la salida hacia las Tierras Altas, como una Meridiana de alto standing. Es el equipo de las clases medias y los hipsters.

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Es algo inaudito, pero también el Thistle es un club inaudito, que se considera por encima de las divisiones sectarias, políticas y religiosas de Glasgow, donde el Rangers representa el unionismo, el conservadurismo y el protestantismo, y el Celtic es el de los católicos, irlandeses y nacionalistas. Los Jags dan cobijo a unos y a otros, pero sobre todo a los equidistantes, quienes pueden ser una cosa o la otra pero no hacen de ello su identidad. El estadio de Firhill (su hogar desde principios del siglo pasado, y desde donde se disfrutan unas maravillosas puestas de sol –cuando lo hay– por el West End de la ciudad) está un poco alejado del centro, y el núcleo de sus seguidores son profesores y estudiantes de la universidad, intelectuales, escritores, artistas, abogados, izquierdosos varios, asilados políticos y pequeños comerciantes de la Great Western Road, una avenida que se convierte en carretera y es la salida hacia las Tierras Altas, como una Meridiana de alto standing. Es el equipo de las clases medias y los hipsters.

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Se trata por el momento del único equipo escocés que ha incorporado a su camiseta a rayas verticales rojas y amarillas los colores del movimiento LGTB, un gesto de corrección política que entre las hinchadas rivales no ha caído demasiado bien. Su cántico favorito (del que ahora el club quiere desasociarse por considerarlo demasiado ofensivo) es un ataque al Celtic y al Rangers, al Vaticano y al palacio de Buckingham a partes iguales, y traducido viene a decir algo así: "Hola, hola, cómo estás, odiamos a los chicos del azul real y a los del verde esmeralda, somos el Partick Thistle, que se joda el Papa y que se joda la reina". Su mascota Kingsley, una especie de sol demente con patas que representa la angustia del hincha de fútbol, parece el fruto de un viaje alucinógeno con todo tipo de ácidos.

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Según informa Clarin, el sectarismo está presente en la vida y en el fútbol de Glasgow desde la llegada masiva en el siglo XIX de irlandeses católicos que huían de la miseria y el hambre, se instalaron en el East End de la ciudad, fundaron el Celtic y fueron acusados por las clases trabajadores de la época de abaratar la mano de obra y colapsar los servicios sociales con sus familias numerosas y su demanda de subsidios y pisos de subvención social. La comunidad protestante que trabajaba en los astilleros de Govan respondió creando el Rangers y dándole la identidad contraria, de club monárquico y defensor de la Unión. El Thistle está encima de todas esas minucias, de la pequeñez de la política y la religión, con una identidad propia y distinta.

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