viernes 22 de noviembre de 2019

Policiales |

La pata santafesina del contrabando de armas más grande de la historia

Una organización transnacional, de la que participaba una pareja rosarina que vive cerca de la cancha de Central, adquiría partes de armas en Miami que luego se armaban en la Argentina. Abastecían a dos temibles bandas brasileñas: Primer Comando Capital y Comando Vermelho.

Por Germán de los Santos

El 12 de noviembre pasado agentes de Homeland Security Investigations de Miami, dependiente del Departamento de Seguridad de Estados Unidos, enviaron un mail a la Dirección General de Aduanas en Buenos Aires, en el que aparecían sospechas de que existía en el barrio de Arroyito en Rosario una pareja que “aparentan ser miembros de una organización transnacional que se dedica al tráfico de armas”.

El correo electrónico que está en la causa 1561/18, que investiga el juez federal en lo Penal Económico Nº2, Juan Pablo Yadarola, precisaba tres números de teléfono con característica 341 (de Rosario) y los nombres de pila de los sospechosos, Ricardo y Alicia. También un mail que había sido investigado que empezaba con la palabra “[email protected]…”.

La llegada de esta información se sumó a otros indicios que la justicia federal ya tenía en su poder, luego de que el 19 de octubre el magistrado autorizó que se realizara la entrega “vigilada” de una encomienda que provenía de Miami. La sospecha que después se comprobó es que había una organización en Argentina que adquiría en Miami partes de armas que después se armaban en distintas provincias.

Para ello vino a la Argentina un grupo de agentes de Homeland Security Investigations. Como en Estados Unidos se había iniciado la investigación los agentes norteamericanos no querían dejar a la suerte de los funcionarios argentinos el caso, que parecía ser grande, y se trataba de tráfico ilegal de armas a nivel internacional a gran escala.

En octubre del año pasado en Paraguay, cayó un colaborador de Comando Vermelho y le secuestraron estas armas y municiones.

El destino de esas armas, según la causa, eran dos organizaciones criminales brasileñas como Primer Comando Capital y Comando Vermelho, a través de un intermediario brasileño que operaba en Pedro Juan Caballero, base operativa de estas bandas en Paraguay.

El 20 de octubre los agentes de Homeland arribaron a Ezeiza con una valija negra, tipo “carry on”, que llevaba una faja de la empresa “DHL”. Pasaron la valija por el escáner Nº1 de la sección Control de Equipajes del aeropuerto y sacaron fotos del resultado del escaneo.

Tras ese trámite abrieron la valija en cuyo interior había una caja de cartón con un número de envío. Se reemplazaron las partes de cinco fusiles AR-15 que estaban en la caja y se las reemplazaron por partes de madera pintadas de negro, cada una envueltas en bolsas ziploc.

En la caja los agentes norteamericanos dejaron un dispositivo de rastreo marca “Tkstar”, muy pequeño, que mide apenas 9 centímetros. Pero el GPS y toda la estrategia de los agentes norteamericanos fue en vano. Los supuestos traficantes de armas recibieron una alerta dentro del Correo Argentino, que les advirtió que la encomienda estaba siendo vigilada.

El 31 de octubre Román Ragusa, quien sería el jefe de la asociación ilícita de tráfico internacional de armas, recibió un llamado a las 14 horas de un hombre llamado Fernando, quien le confió que un contacto dentro del Correo Argentino le avisó que la encomienda estaba siendo “seguida” de cerca. Ese contacto era Jorge Loschiavo, quien está actualmente preso.

En la caja iban partes de cinco fusiles AR-15, que es muy “popular” en Estados Unidos por su enorme potencia y su bajo precio, que oscila entre los 500 y 700 dólares. Con ese fusil, que la Asociación del Rifle estadounidense lo describe como un arma “fiable, manipulable y precisa”, Nikolas Cruz mató el 14 de febrero de 2018 a 17 jóvenes en la escuela Secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, muy cerca de donde la organización argentina compraba los kits de fusiles AR-15.

No era la primera vez que Ragusa iba a recibir una encomienda proveniente de Estados Unidos con partes de armas de guerra. En el último año le habían llegado 16 paquetes de Miami. El destinatario final era Ragusa pero esta caja con los kits de AR-15 le llegaba a Sergio Alanis, que vive en Campana, provincia de Buenos Aires.

La encomienda tenía como remitente “Michael Nunes”, domiciliado en Bradenton, Florida, y venía camuflada con “ropa deportiva”, según la declaración aduanera. Los últimos 15 envíos de partes de armamento habían tenido como destino no sólo la provincia de Buenos Aires, sino también General Alvear, Mendoza y Río Cuarto, Córdoba.

A Rosario no llegaban encomiendas directamente desde Miami, sino que los pedidos que hacía Ricardo P. –actualmente preso y procesado– venían en las cajas que encargaba Ragusa, quien las traía muchas veces en persona a Rosario, donde se encontraba con sus aliados en este negocio.

El 20 de diciembre Ricardo P. y su socio José P. fueron detenidos en Rosario, por orden del juez Yadarola. Ambos se dedican desde hace décadas a la venta de cuchillos y armas de colección. Son dos hombres que en el mundillo de las armas son muy conocidos y respetados por “la calidad de sus productos”, describe un aficionado a las armas que los conoce. Fabrican cuchillos de gran calidad, con hojas de acero importado. En una casa del barrio de Arroyito, de Ricardo P., Gendarmería secuestró 11 armas de fuego, cuchillos, una escopeta, 400 balas, cinco pistolones, un revólver y dos pistolas Ruger, calibre 9 milímetros.

Las sospechas sobre Ricardo P. recae en que, según los informes de Migraciones, tiene varios cruces a Brasil con su auto un VW Bora. El 3 de diciembre pasado este hombre llamó a las 21.57 a una mujer brasileña, que estaría en San Pablo. Ricardo P., según la escucha telefónica de la causa 1561/18, habla un fluido portugués. A Brunela, la mujer, le avisó que había surgido un problema en Argentina. No redundó en qué consistía el “problema”, que en realidad era que Ragusa estaba preso, tras la llegada de los agentes norteamericanos. La mujer le dijo que lo conocía a Ragusa a través de un amigo, de nombre Marcos.

Con el avance de la investigación, en la justicia lograron revelar a qué se debía el llamado del rosarino Ricardo P. a San Pablo. La operación para importar las armas que hacía Ragusa eran a través de un intermediario brasileño.

Ricardo P. sabía que estaba en problemas y tenía que cubrirse. Entonces ese mismo día llamó a Estados Unidos para hablar directamente con su proveedor de armas, un tal Gunderson, a quien en un buen inglés, según las escuchas de la causa, le pidió que le enviara la factura por tres pistolas. Ricardo P. necesitaba elementos para blanquear su complicada situación. Sabía que su detención estaba al caer. Pero el vendedor de armas norteamericano le dijo que no le iba a mandar nada. Así es el negocio en las sombras.

Unos días antes, el 30 de noviembre, Ricardo P. recibió una llamada de otra persona preocupada por la situación, por la incertidumbre en torno al negocio de las armas. El llamado era de un tal Martín, que buscaba a Ragusa. Este diálogo es muy llamativo, porque este hombre se presentó de una manera particular: “Yo soy de Fray Luis Beltrán. Nos conocemos (con Ragusa) porque yo le entregaba cosas a Román”. El lugar que usa para ubicarlo a Ricardo P. es Fray Luis Beltrán donde está la Fábrica de Armas y el Batallón 603, de donde en varias ocasiones se detectaron faltantes de municiones y partes de armas.

El 21 de diciembre Ricardo P. es sometido a una indagatoria y el juez Yadarola lo procesa con prisión preventiva. No así a su socio, Jorge P., a quien le dicta la excarcelación y la falta de mérito. Ese día este hombre, que vive en el barrio de Arroyito, cerca de la cancha de Rosario Central, dijo que se dedicaba a la “compra de armas antiguas en Estados Unidos, anteriores al año 1840”. Explicó al juez que “había hecho cuatro o cinco envíos con Ragusa”, y puntualizó que las encomiendas “las enviaban desde Miami a Brasil, a Brunelda Zupone, quien desde ese lugar se las mandaba a Ragusa”. Dijo que había conocido a este hombre, que como él está procesado por tráfico ilegal de armas con destino a organizaciones criminales internacionales, en una feria de armas antiguas hace unos 15 años.

La sospecha del juez, en base a toda la investigación que hizo Homeland Security Investigations en Estados Unidos, es que esta organización, compuesta en su mayoría por coleccionistas y fanáticos de las armas, proveía a través de un intermediario al Primer Comando Capital (PCC) y Comando Vermelho, que operan en Pedro Juan Caballero, la frontera entre Paraguay y Brasil.

Hace una semana, se reactivó una segunda etapa de esta causa. Se abrió un expediente paralelo para no alertar a los abogados de los nueve imputados en noviembre de 2018. Se realizaron más de 50 allanamientos y se detuvieron a 23 personas, todas conectadas a Ragusa, entre ellos a quien sería otro de los jefes, como Ricardo Deisernia, alias El Tuerto, quien vive en Martínez, provincia de Buenos Aires, y ya estuvo involucrado desde 2003 con casos de contrabando de armas. Los investigadores calculan que esta gente, bajo la apariencia de la afición a las armas, vendió armamento por 200 millones de dólares.

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