domingo 17 de noviembre de 2019

Sociedad |

La escuela santafesina que rompió con el modelo de educación convencional, con resultados sorprendentes

La Escuela ISPI 9073 José M. Estrada de Santa Teresa asumió el desafío de dejar atrás los moldes establecidos y probar un sistema innovador, tomando rasgos del modelo educativo finlandés y de un proyecto catalán: menos materias y carga horaria, otra forma de evaluación y un método pedagógico centrado en el alumno.

Por Lucila de los Santos

Hace cuatro años que los adolescentes de Santa Teresa no van a una escuela secundaria tradicional. Esa localidad, donde las vías del tren separan y distinguen a los sectores populares de las clases más acomodadas, se encuentra a 225 kilómetros de la capital provincial y a 55 kilómetros de Rosario.

La Escuela ISPI 9073 José M. Estrada está ubicada en el sector más humilde de Santa Teresa. Ahí los chicos se desempeñan en un ámbito descontracturado y con libertad: ya no tienen más las típicas clases magistrales ni tampoco las constantes evaluaciones que distinguen a ciertos alumnos “sobresalientes” y catalogan al resto como alumnos “regulares”.

Mientras los estudiantes trabajan en diferentes talleres en el patio de la escuela, como el de arte, lectura, química y experimentos, Ariel Rotondo camina alrededor de ellos: de por medio hay chistes, miradas cómplices y algunos lo llaman para que él responda dudas.


Santa Teresa se ubica a 55 kilómetros de Rosario y a 225 de Santa Fe

Rotondo, desde 2010 es el rector de la Escuela José M. Estrada pero su inicio en la educación fue mucho antes, en 2001. Trabajaba como mecánico en el taller de su padre hasta que ganó la quiniela y con el premio que recibió se compró una computadora. Como era la única en todo el pueblo, desde la Escuela primaria lo convocaron para dar clases de computación. Desde ese entonces empezó a formarse, se recibió de Técnico Superior en Administración de Empresas y realizó una capacitación pedagógica para trabajar en escuelas.

Ariel Rotondo es rector de la Escuela Estrada desde 2010

A partir de su llegada comenzaron los cambios. Primero hubo una transformación administrativa a través del desarrollo de un software específico que facilitó el trabajo de gestión, pero también el pedagógico.

El software es una herramienta que simplifica la tarea administrativa y posibilita una relación estrecha entre la escuela y el estudiante ya que se posee mayor información y conocimiento. También les permite a los padres un acompañamiento constante. A través de un usuario y clave, pueden acceder a los logros, asistencia e información fundamental de los estudiantes desde la comodidad de sus casas.

El gran cambio fue en el formato escolar. Modelos educativos de Finlandia y el Horitzó 2020, un proyecto de la Fundación Jesuitas de Educación (FJE) de Cataluña, sirvieron de inspiración para modificar todo el sistema establecido y descubrir una nueva forma de educar.

La transformación se basa en tres pilares elementales: aprendizaje centrado en el estudiante, transparencia administrativa y pedagógica y liderazgo distribuido, desarrollando un modelo pedagógico que intenta avanzar en el acompañamiento a la vocación de los estudiantes y en el desarrollo de un proyecto de vida que les permita convertirse en agentes de cambio.

“Aparte del rendimiento y la deserción escolar, mejoró, también, la autonomía, la iniciativa de los chicos. Todos tienen poder de argumentación, de hablar con las personas, de preguntar. Además, enfrentarse a la información y saber procesarla, elegir material de estudio. Se hacen muchas más preguntas que respuestas, eso hace que sigan aprendiendo. Les brindamos herramientas para obtener nuevos conocimientos”, explica el rector, con respecto a los resultados que se reflejan desde la implementación del nuevo sistema.

Cada vez que Rotondo abre la puerta de un salón se descubre un nuevo mundo, como en la clase de escultura. Un pequeño salón cubierto con dibujos coloridos en sus cuatro paredes. En una mesa comunitaria, los chicos trabajan distintas técnicas, con arcilla y telgopor. Le van dando forma a los materiales mientras conversan entre ellos y escuchan música.

“Más allá del resultado de la escultura, el propósito es que puedan lograr que de un bulto determinado surja una forma que imaginan. Desde ahí trabajan la creatividad, la imaginación y la destreza motriz”, manifiesta Laura Cavallotti, profesora del taller.

Además añade: “Cada uno aplica lo que puede y como puede, sin la exigencia de que tenga que ser de un modo, todos saben cuáles son sus límites y hasta donde pueden dar. Lo importante es que investiguen, se superen ellos mismos y no al compañero. Compararse con uno, no con los demás”.

En cuanto a la metodología que se desarrolla en las clases, existe una diversidad de formas de aprendizaje. Los alumnos trabajan por proyectos, resolución de problemas, retos y métodos de análisis de casos.

Uno de los proyectos más importantes que realizan los alumnos es el de una plaza comestible. En un terreno vacío, a unos metros de la escuela, los chicos, junto a profesores y padres plantaron una gran variedad de árboles frutales, también realizan compost. El resultado esperado de este proyecto es que los chicos aprendan distintas actividades y que todo el pueblo pueda disfrutar de la plaza.

En la Estrada también trabajan políticas verdes para concientizar a los chicos, a partir de un domo producen biogás, que se obtiene de desperdicios orgánicos. Con esto realizaran bolsas para luego donarlas a las familias más necesitadas para que puedan darle utilidad. De esta práctica también se obtiene un fertilizante líquido que será aprovechado para la plaza comestible.

Este nuevo sistema, reduce las 12 materias que poseen las escuelas secundarias convencionales a seis: “Nuestro cuerpo”, “Nuestro lugar”, “Nuestra identidad”, “Nos comunicamos”, “Matemática al 100” % y “Administrar nuestro hogar, nuestro negocio y nuestra empresa”. La carga horaria está repartida de 13.20 a 16, ya que no tienen los tradicionales recreos que extienden la jornada escolar.

“El cambio más sustancial se dio en la evaluación, que ya no haya prueba escrita y que se pase por un proceso que registra un montón de otras aristas, no solamente el contenido”, expresa Paula Sacramone, profesora de lengua.

Asimismo agrega: “Desde que comenzó a ponerse en práctica este sistema, el rendimiento de los chicos se equiparó. Las desigualdades sociales muchas veces traen aparejadas bajas autoestimas, es como si tuviesen que pagar una culpa por el hecho de ser pobre o tener una dificultad de aprendizaje”.

La iniciativa propia y el trabajo en equipo son las bases esenciales y a lo que docentes y directivos hacen hincapié. Los logros de cada alumno dependen del trabajo en grupo, de esa manera logran un equilibrio.

El método que se utiliza es la coevaluación, esto implica que a través de una rúbrica, que contiene las competencias que se trabajan, los alumnos se autoevalúen. Dialogando con compañeros y profesores, cada uno decide el nivel de logro -del uno al cuatro- que le corresponde. En el primer nivel de logro, el estudiante necesita que lo ayuden para comprender, en el segundo, lo ayudan, en el tercero, no necesita más esa asistencia y en el cuarto, puede colaborar con sus compañeros para que entiendan algún tema.

Las disyuntivas que se generan en relación a la elección de los estudios superiores o un trabajo, está englobada en el nuevo formato de aprendizaje de la escuela. Mediante un Taller Intensivo de Acompañamiento Vocacional (TIAV), los docentes preparan a los alumnos para seguir los estudios superiores. Además, existen Espacios para la Participación, la Innovación y la Creatividad (EPIC), a partir estos talleres, la escuela acompaña a los estudiantes en la elección de la vocación.

En lo referido a las problemáticas sociales y humanas, que siempre se presentan en la vida cotidiana y más aun en la escuela secundaria, como el bullying, desigualdades sociales, perspectiva de género, Rotondo aclara que “se trabajan permanentemente y según las necesidades de los chicos”.

La prueba Aprender es la única evaluación de contenidos para los alumnos de quinto año. Los resultados reflejaron que se encuentran por encima de las medias nacionales y provinciales. Rotondo sostiene que las pruebas Aprender “no son el objetivo principal” pero no se opone a estas.

“Es la época en la que los chicos tienen que desarrollar autonomía, que tengan un proyecto de vida y puedan elegir su vocación. Todo esto se debe hacer de manera colaborativa, todo lo que uno hace, lo hace con el otro. Es imposible realizar algo en soledad. Se tiene que ver a la educación como un modelo de inclusión”, razona el rector de la Estrada sobre el enfoque que debería tener el sistema educativo del país.

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