viernes 13 de diciembre de 2019

Policiales | Homicidios | inseguridad | Mendoza

Los interrogantes que plantea la causa que investiga el crimen de Julio Cabal

A dos meses del asesinato que conmovió a la sociedad santafesina: ¿Pueden una gorra, un pantalón y una moto ser los elementos claves para lograr, en un futuro juicio, una sentencia condenatoria?

En 2016, en el marco del juicio oral y público en el que se juzgaba a Raúl Sandoval por el homicidio del comerciante Sergio Carande en un almacén del barrio Candioti Sur -en un claro hecho de inseguridad-, un agente policial que realizó las tareas de inteligencia para dar con el autor dejó entrever en el público presente que las “tareas de campo” siempre son confusas cuando se deben explicar ante un tribunal.

En aquel entonces, ese agente “de calle”, que prestaba servicios en el área de Seguridad Personal de la Unidad Regional I, dijo que dieron con Sandoval luego de que un vecino –cuya identidad no supo acreditar- se le acercó en bicicleta y aportó un dato clave: que un automóvil Ford Escort blanco llegó a toda velocidad a una vivienda de barrio María Selva justamente minutos después que se dio el homicidio de Carande. El automóvil en cuestión y la conexión con Sandoval, fue a raíz de que vecinos que prestaron las primeras declaraciones del caso, indicaron que un automóvil Ford Escort blanco estuvo en cercanías del comercio donde ocurrió el grave incidente y en el cual los ladrones huyeron a toda velocidad por las calles de Candioti sur. Afortunadamente, aquel caso terminó con una condena a prisión perpetua ya que si bien la prueba de como dieron con Sandoval no era del todo solvente, existió una evidencia contundente: el testimonio de la hija de la víctima que vio como mataron delante suyo a su padre. "Si, es él, no me olvidé nunca de su cara", supo decir la joven en aquel debate.

Tres años después, una historia similar se repite con la causa que investiga el homicidio del comerciante Julio Cabal, ocurrido el pasado 17 de septiembre en el almacén “Mercado Norte” de calle Urquiza al 2200. El joven de 29 años, murió tras un asalto que ocurrió cerca de las 13.30 y que fue realizado por un ladrón que con un revolver -color plateado- mató a Cabal con tan solo un balazo en el tórax. Sin embargo, el reciente asesinato que conmovió a la ciudad, cuenta con una dificultad: la empleada del local, que presenció el hecho, no pudo reconocer al autor del crimen. Y por esa razón, la causa recayó en las “trabajos de campo” o tareas de inteligencia que conectaron al principal acusado con una concatenación de hechos que construyeron la presente hipótesis del caso.

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Dolor y conmoción en la sociedad tras el asesinato del joven de 29 años.

Dolor y conmoción en la sociedad tras el asesinato del joven de 29 años.

Precisamente, esas tareas de inteligencia fue lo que hace una semana atrás, Magali Mazza (defensora pública), que asiste a Juan Cruz Gambini, el único detenido que tiene el crimen de Cabal, volvió a cuestionar en la audiencia de apelación que se dio ante el juez de alzada, Sebastian Creus, quien el martes pasado confirmó que el sospechoso permanezca detenido hasta que llegue el juicio.

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El planteo de la letrada no fue nuevo ya que el pasado 24 de septiembre, cuando el juez Octavio Silva dispuso que Gambini permanezca detenido hasta que llegue el juicio, cuestionó -entre otros elementos que tiene la investigación que conduce la fiscal Ana Laura Gioria- los trabajos que efectuaron los agentes policiales de la División Homicidios para conectar a Gambini con el asesinato del comerciante.

La inquietud de la defensora atacó una parte de la columna vertebral de la hipótesis de la Fiscalía que se ampara en que un hombre que circulaba a bordo de una motocicleta blanca -con una gorra puesta- por barrio Roma y que fue visto nuevamente frente al hospital José María Cullen -sin el accesorio- por las cámaras de seguridad fue quien asaltó la fiambrería ya que en el interior del local fue hallada justamente una gorra que dejó el ladrón.

“¿Cómo hicieron los investigadores para dar por sentado que el hombre que fue visto en las cámaras de seguridad era Gambini?”, se preguntó en su momento la defensora del principal sospechoso. La misma pregunta se hizo hace una semana atrás en la Sala 5 de la Cámara de Apelaciones de los tribunales de Santa Fe y es la que aún persiste alrededor del caso.

Y es que ese interrogante es elocuente y genera cierto desvelo en los investigadores que saben bien que las pruebas que hasta el momento recolectaron no son del todo contundentes para lograr un grado de convencimiento en un futuro juicio oral y público. “Hoy lo que nosotros estamos sosteniendo es que alcanza -la prueba- para considerar que esta persona -por Gambini- tiene una alta probabilidad de ser el responsable y que justifica la medida cautelar de prisión preventiva. Hoy no estamos juzgando, hoy no se está hacia un juicio de certeza que es lo que requiere la posibilidad concreta de condenar. Hoy la situación del proceso es otra”, precisó el fiscal de Cámara, Jorge Nessier, a Aire de Santa Fe un día después de la apelación.

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"Almacén del Norte", el comercio donde recibió un balazo la víctima.

"Almacén del Norte", el comercio donde recibió un balazo la víctima.

Los dichos del fiscal fueron en base a que hasta el momento la pesquisa judicial cuenta con una hipótesis que se basa en que supuestamente Gambini pasó a las 13.11 por Mendoza y San José a bordo de una motocicleta Yamaha Crypton blanca con una gorra -blanca y negra- en la cabeza. El mismo fue visto minutos después, a las 13.26, por Salta y avenida Freyre pero en ese entonces sin ningún elemento en la cabeza. En tanto, a las 13.30, fue registrado también por otra cámara -privada- en una calle Zavalla.

Sin embargo, el rostro del motociclista no pudo ser del todo registrado por las cámaras de seguridad. Tampoco pudo ser reconocido, en una rueda de reconocimiento, por el testigo de identidad reservada que, si bien ayudó a la pesquisa con datos precisos, no lo identificó en tribunales tiempo antes de que se lleve a cabo la audiencia de prisión preventiva. De todas maneras, aclaró en ese entonces que tenía sospechas sobre el hombre que estaba ubicado en el primer lugar de la rueda, el cual justamente era Gambini, y el del segundo lugar, que para el día del crimen estaba detenido.

De igual forma, existen una serie de elementos que permiten generar sospechas sobre el imputado. Es que el mismo, cuando fue detenido, llevaba puesto un pantalón azul con línea blanca similar al que quedó grabado en los registros fílmicos que se incorporaron a la causa. A ello se suma además, que la moto a la que iba a subirse cuando fue capturado por pesquisas de la Policía de Investigaciones (PDI) es parecida a que fue captada por las cámaras.

En medio de ese complejo panorama, el juez Creus, que este martes falló a favor de la Fiscalía para que Gambini permanezca detenido, destacó que las descripciones del testigo de identidad reservada, y la reconstrucción de imágenes tomadas en la vía pública, en una cronología totalmente precisa con el momento del hecho, “permiten afirmar -con probabilidad- que esa persona así retratada, fue el -posible- autor del hecho, dado que, además, antes estaba con una gorra de similares sino idénticas características de la hallada en el lugar del injusto, y después no”. Aunque advirtió que la probabilidad –de estado de sospecha sobre Gambini- “supera la mera sospecha”, pero que la misma es “solo la mínima para justificar la cautela”.

En otras palabras, le indicó a la Fiscalía -y por defecto a la PDI- que con las pruebas con que las que cuentan será difícil llegar a una condena, tanto en primera instancia o quizás en un tribunal de la Cámara de Apelaciones de Santa Fe, donde también se pondrá en tela de juicio “los trabajos de campo” que llevó a cabo la Policía de Investigaciones para conectar a Gambini con la secuencia fílmica que fue contemplada por los pesquisas.

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