viernes 13 de diciembre de 2019

Ciencia |

Física cuántica, inteligencia artificial y los riesgos de una sociedad sin secretos

José Ignacio Latorre, físico español de prestigio mundial, dialogó con Aire Digital sobre cómo la mecánica cuántica modificó y modificará nuestras vidas de formas impensadas. Los riesgos y desafíos de computadoras autónomas que tomen decisiones por nosotros y el fin de la privacidad de todas las comunicaciones

Por Mariano Ruiz Clausen

“El futuro será cuántico o no será: preguntas para entender qué es la física cuántica y cómo afecta nuestras vidas” , titula en una cautivadora entrevista Irene Hernández Velasco, que realizó al –no menos cautivador y desafiante– José Ignacio Latorre, físico cuántico español de renombre mundial, quien también dialogó con Aire Digital.  Latorre es catedrático de Física Teórica del departamento de Física Cuántica de la Universidad de Barcelona, España, doctorado y posdoctorado en importantes universidades del mundo.

También, férreo colaborador y fundador de instituciones y proyectos que buscan desarrollar computadoras cuánticas e inteligencias artificiales, con la esperanza de que estas puedan mejorar el mundo y la calidad de vida de la gente. 

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Ahora bien. La existencia y el desarrollo creciente de inteligencias artificiales y computadoras que toman decisiones por sí mismas abre múltiples debates. Asimismo, temerosas y hasta  ‘paranoides’ miradas del tipo “las máquinas destruirán al hombre”, alimentadas quizás por la ciencia ficción (tal vez la serie cinematográfica Terminator fue una de las primeras que condensó ese apocalíptico imaginario); y por una mirada pesimista sobre las contradicciones de la ‘naturaleza humana’.

Para ahondar en los alcances de esos debates y conjurar algunos temores Aire Digital entrevistó a José Ignacio Latorre, quien entusiasta y apasionadamente se embarcó en la charla.

—Para que todos entendamos, ¿qué diferencias hay entre la física tradicional y la física cuántica? ¿Cómo definiría, en lo sustancial, a la segunda?

La física clásica es una aproximación a la descripción de la naturaleza enfocada a la escala de los humanos. En el mundo de lo más pequeño esta física clásica no es correcta. La mecánica cuántica difiere notablemente de la física clásica porque debe incorporar el proceso de observar en sus postulados. Al medir lo pequeño, lo alteramos. Las leyes deben formularse de forma diferente a como estamos acostumbrados. Es un gran reto. Debemos lidiar con la limitación a nuestro conocimiento, con la existencia de azar intrínseco.

En ese sentido, Latorre explica que “cuando llegamos a la escala de lo más pequeño, al mundo de lo microscópico, las leyes que rigen ese mundo no son las mismas que las que vemos en nuestro día a día, son leyes más sutiles, más peculiares”.

“Pero el hombre durante el siglo XX y durante el siglo XXI logró comprenderlas y actualmente estamos en la situación de empezar a explotarlas. Del mismo modo que las leyes del mundo grande, las leyes de la física clásica, las entendemos desde Newton y con ellas hacemos puentes, enviamos naves a donde haga falta y creamos máquinas que nos ayudan, ahora los humanos hemos llegado al control de la materia a nivel atómico”, profundiza el físico.

Y agrega: «Aún estamos en la infancia de la Física Cuántica, estamos empezando ahora a comprenderla a fondo. Durante el siglo XX hemos llevado a cabo algunas aplicaciones prácticas y ahora en el siglo XXI estamos realizando lo que se llama “la segunda revolución cuántica”».

—¿Qué posibilitó hasta el momento la física cuántica y qué posibilidades abre a futuro?

—Las tecnologías cuánticas fundamentan nuestra forma de vida actual. Disponemos de computadoras (física cuántica de semiconductores), de fibras ópticas (comunicación con láser, luz monocromática coherente), de GPS (con sus relojes atómicos), de instrumentos médicos como la resonancia nuclear, y un largo etcétera. Somos usuarios diarios de la mecánica cuántica, que nos da confort, nos alivia de trabajos duros, nos proporciona más horas de ocio, nos hace más longevos. El futuro cuántico es todavía más sorprendente. Tendremos ordenadores cuánticos capaces de diseñar medicamentos (no encontrarlos por prueba y error).

Cabe aclarar que los relojes atómicos fueron creados por diversos científicos que buscaban obtener respuestas a preguntas sobre la naturaleza del universo, sin saber en que su tecnología posibilitaría un Sistema Global de Posicionamiento o Global Positioning System (GPS). 

¿Cómo sucedió esto? En 1993 Estados Unidos puso en órbita el satélite Navstar 24, creando así una red formada por 24 satélites conocida como GPS . Desde entonces se puede saber de forma inmediata y precisa la posición de algo o alguien en el planeta (latitud, longitud e incluso la altitud).

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José Ignacio Latorre sostiene también que en el mediano o largo plazo  “la computación cuántica va a permitir una forma de calcular mucho más eficiente y potente”, fundamental para el diseño de medicamentos.

“Hoy a estos los fármacos los encontramos por prueba y error. Probamos principios activos y vemos si funcionan o no. No diseñamos medicamentos, los encontramos, como a la penicilina. Con una capacidad de cálculo más potente, podríamos diseñarlos. La computación cuántica transformará la química, la bioquímica y sus aplicaciones”, asegura al respecto.

–Profesor, usted propone una mirada ‘optimista’ sobre el desarrollo de una inteligencia artificial autónoma, dotada de entidad jurídica y moral; que se desarrolla y “mejora a sí misma”, en una suerte de armoniosa coexistencia y colaboración con la humanidad.

—Digamos que sí…

—Bien. Porque esto hace un poco de ‘ruido’, genera algo de temor… Si bien también es cierto que la inteligencia humana no hizo demasiado para mejorarse a sí misma; y quizás haya fracasado en sus intentos de universalizar una ética aplicable que nos permitiera vivir en un mundo más igualitario, menos injusto y menos violento. 

–Estoy en desacuerdo con alguna de estas expresiones. La inteligencia humana sí ha hecho mucho para mejorarse a sí misma. Hemos establecido un sofisticado sistema de leyes, unos parlamentos participativos, una asistencia sanitaria, una educación que se extiende hasta los 16 años. El mundo de la era del bronce o el medieval eran brutalmente más salvajes. Es cierto que no todos los países han avanzado por igual. Algunos se hallan sumidos en el caos, mientras otros han avanzado muchísimo como en el caso de los países escandinavos.

–¿Pero qué garantías tenemos de que la inteligencia artificial no pondrá todavía más en riesgo la existencia humana?

No tenemos ninguna garantía de que cualquier avance disruptivo no será usado en contra de los humanos. De hecho, siempre hemos aprovechado los nuevos descubrimientos para atacarnos. Pero cada vez somos más capaces del autocontrol. El pesimismo invade la sociedad, a pesar de que el análisis no sesgado y objetivo nos muestra que cada vez somos más pacíficos. A mucha gente le cuesta tomar la molestia de verificar y aceptar estos datos.

“Afortunadamente –celebra Latorre– hay personas como Steve Pinker que han hecho un esfuerzo hercúleo por ser objetivos. Vivimos mucho más que un humano en el siglo XVIII, trabajamos menos, nuestra organización social es más compleja y justa. Atendemos a los mayores, a los discapacitados, a los animales, al medio ambiente. Nuestra edad media ha pasado de unos 36 años en la primera mitad del siglo XIX a más de 80 ahora mismo. La mitad de las niños que nacen hoy en España vivirán más de 100 años”

“Se dirá que no es así en todas partes, cierto, pero el conjunto de la sociedad avanza de forma firme hacia modelos más justos“, sostiene el científico.

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 —También usted asegura que “es el momento de decidir qué ética va a regir a las máquinas”. ¿Cree que nos pondremos de acuerdo? ¿Y que las normas que lo regulen serán respetadas?

–No solo podemos ponernos de acuerdo en las leyes que regularán la inteligencia artificial, ¡sino que debemos! El peor enemigo a nuestra sociedad no es la inteligencia artificial en sí, es nuestra torpeza a la hora de legislarla. Todo avance notable requiere transiciones lentas, equilibradas, bien reguladas.

“La revolución industrial es un ejemplo de lo que no hay que hacer. Se transformó toda la economía sin prestar atención a los humanos. Se empeoraron las condiciones de vida, el medio ambiente, se enriquecieron pocos a costa de muchos. Para no repetir el error hemos de prever y legislar. Si entendemos que hemos de programar ética, nuestra sociedad se beneficiará del enorme potencial de delegar decisiones en algoritmos correctos”, enfatiza Latorre.

Cabe explicar que un algoritmo es un conjunto finito de instrucciones o pasos que sirven para ejecutar una tarea o resolver un problema. Una secuencia finita, limitada, de operaciones realizables, no ambiguas, cuya ejecución da una solución de un problema.

Para el científico español, de este modo, “los coches autónomos serán más seguros, la gestión de una ciudad será más eficiente, los jueces podrán asesorarse de forma no sesgada, los médicos tendrán un asesoramiento artificial brutal. El éxito de la inmersión en un futuro de inteligencia artificial depende de nuestra visión ética actual, que hemos de trasladar a algoritmos”.

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–Por otra parte hay corporaciones con desarrollos muy avanzados como IBM que creó Watson, una plataforma cognitiva abierta que aprende continuamente y que se utilizó para estudios vinculados al cáncer. También países que desarrollan inteligencias artificiales, seguramente con fines no solo altruistas. ¿Es posible para el ciudadano común estar a salvo frente a tanto poder y saber en pocas manos?

–La inteligencia artificial puede ser utilizada con fines de beneficio económico. Eso hemos hecho con todas las máquinas que hemos construido en el pasado. Cuando un aldeano construyó un molino de agua, quiso ganar dinero con él y lo hizo. Toda nuestra sociedad se basa en utilizar los desarrollos tecnológicos en beneficio sea de personas o de empresas. La inteligencia artificial sigue los mismos pasos. Hace mucho que se emplean redes neuronales, algoritmos genéticos, o cualquier instrumento de estadística avanzada para mejorar el rendimiento de una empresa.

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–Bien, ¿pero quién nos protege?

Es la tarea de los parlamentos que nos representan el establecer leyes que limiten el uso abusivo de la tecnología. Podemos hacer pistolas y, al menos en Europa, prohibir su tenencia y uso. El desarrollo es imparable. Si algo puede hacerse, los humanos lo hacen. Si se puede clonar a Dolly, se clona. Si se puede ir a la Marte, se irá. Si podemos hacer inteligencias artificiales indistinguibles de humanas, lo haremos. Pero antes de lograr estos desarrollos, debemos trabajar en establecer el uso justo de nuestro progreso. La ley deberá ser detallada y ética. Ese es nuestro reto.

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Sabemos por Latorre entonces que gracias a la mecánica cuántica existen las formas de comunicarnos actuales, lo láseres, la fibra óptica, la computación.

Y que toda la informática, todos los chips, están basados en principios cuánticos.

Además, que estamos en los albores de la “segunda revolución cuántica” y que la Unión Europea estableció al respecto algunos ejes sobre los cuales prestar atención y legislar.

Uno es la computación cuántica. Propone “hacer computadoras que trabajen directamente con leyes cuánticas”, dice Latorre en la entrevista de Irene Hernández Velasco  y enfatiza: “La segunda es la comunicación cuántica: establecer criptografía y comunicación segura cuántica, que sea imposible de desencriptar“.

De lo contrario, y con el fin de toda criptografía tal como la conocemos, estaríamos en la –peligrosa–antesala de una sociedad sin secretos.

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