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Subite a una silla firme o una escalera para llegar bien a las palas.
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Colocá la funda de almohada sobre una pala del ventilador, cubriéndola por completo.
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Cerrá la funda con la mano por debajo y deslizala hacia afuera. Así, todo el polvo queda atrapado adentro y no cae al piso ni a los muebles.
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Repetí el proceso con cada pala hasta terminar.
¡Listo! En pocos minutos, el ventilador queda libre de polvo y la habitación, intacta.
Si hace mucho que no lo limpiás y las palas están pegajosas o con manchas, después de sacar el polvo podés hacer una limpieza más profunda:
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Mezclá partes iguales de vinagre blanco y agua.
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Humedecé un trapo en esa mezcla y pasalo por cada pala.
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Secá con otro trapo limpio para evitar que quede humedad.
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Apagá el ventilador antes de empezar a limpiar.
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No uses demasiada agua para no dañar la madera ni el motor.
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Limpiá cada 15 días en verano para evitar que se acumule el polvo y mantener el aire limpio en casa.
Con este truco, el ventilador de techo deja de ser un problema y pasa a ser un aliado total contra el calor, sin repartir polvo por todos lados.