miércoles 20 de noviembre de 2019

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En el eje seguridad, el debate giró en torno a recetas pero con escasos diagnósticos

Macri culpó al kirchnerismo de la llegada de la efedrina y Alberto Fernández dijo que subió el consumo de marihuana y cocaína. Del Caño propuso la legalización del cannabis. Espert y Gómez Centurión compitieron por quién aplica más mano dura.

Por Germán de los Santos

El primer round del debate fue la seguridad, un tema con el que en la previa parecía que Mauricio Macri iba a ganar oxígeno en la discusión, no porque su gestión haya sido exitosa, sino porque fue menos deficitaria que otros problemas de su gestión, porque en términos de imagen la ministra de Seguridad Patricia Bullrich construyó la de funcionaria dura, que habla sin pruritos, con incursiones que muchas veces la hacen irse a la banquina de la política.

Macri volvió a recurrir al “ellos” para referirse a su principal contrincante Alberto Fernández, que decidió retrucar que hacía “un show” el presidente. “En este tema (el de la seguridad) somos distintos a ellos”, afirmó el candidato de Juntos por el Cambio y recordó -según él- que “ellos abandonaron a las víctimas y alentaron a los barra bravas. Y se olvidaron de las fronteras”.

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El punto más picante del discurso de Macri en el debate apuntó a un tema que el kirchnerismo desearía eliminar de la historia como es el escándalo de la importación de Efedrina de Asia que terminó en manos de un cartel mexicano conectado con el de Sinaloa en una quinta de General Rodríguez. Macri no dio detalles, pero en ese caso estuvo involucrado un rosarino como Mario Segovia, actualmente preso en la cárcel de Marcos Paz. El llamado Rey de la Efedrina fue detenido en 2008 mientras paseaba con un Roll Roys y una camioneta Hummer por las calles de Rosario.

“Cuando Alberto fue jefe de gabinete se importaron 20.000 kilos de efedrina. Ahora se importan 20”, fue la frase que lanzó el candidato presidencial de Juntos por el Cambio, que luego repasó el tema del terrorismo, que no tiene demasiada incidencia en la agenda, y recordó que -según datos del gobierno- “bajaron el 30 por ciento los homicidios y prácticamente se eliminaron los secuestros”.

Y luego Macri recurrió al caballito de batalla con el que la ministra Bullrich basó su supervivencia en el cargo y el crecimiento de su imagen como es el de mayor secuestro de droga ilegal. “Estamos batiendo récord de incautación de droga por nuestro respaldo a las fuerzas de seguridad”, y cerró con la frase: “El kirchnerismo le dio un gatillo fácil a los delincuentes”.

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Alberto Fernández buscó romper ese mito de la manera de tabular el éxito de la lucha contra el narcotráfico.  “No nos parecemos en nada. Me preocupa el narcotráfico como crimen organizado. El consumo de marihuana y cocaína han aumentado en estos años, con lo cual el negocio está prosperando”, afirmó el candidato del Frente de Todos y encontró otro punto para medir el éxito o el fracaso del problema del narcotráfico, y lo hizo con un tema de salud como el consumo de estupefacientes.

El nudo del compañero de fórmula de Cristina Fernández fue el problema de la desigualdad, más que de las estrategias criminales para combatir el delito. “Hace 35 años que soy docente en esta facultad. Es más fácil hablar de mano dura y penas más fuertes. Todo este problema está ligado a la desigualdad. Esto cuesta entenderlo y es así. Se ha cortado el entramado social por la crisis. Los controles sociales de la familia y escuela se fueron rompiendo. Al que delinque hay que castigarlo”, aseguró Alberto Fernández y propuso crear “un consejo de seguridad, en el que se involucrarán todos y se haga política criminal en serio”. Otro eje que usó para contragolpear a Macri fue el del presupuesto, que -de acuerdo a Alberto Fernández- bajó el último año. Y cerró, con su muletilla: “Hablemos en serio”.

Ninguno de los dos principales candidatos puso la mira en el lavado de dinero, que es junto con la violencia los engranajes esenciales de la maquinaria -muchas veces en el plano legal- que se alimenta de la venta de las drogas ilícitas nunca se corte.

El incremento de la droga secuestrada se produjo por el estupefaciente incautado en las fronteras, donde en la mayoría de los casos los detenidos son camioneros o los llamaros “punteros”, que acompañan la carga. Esa manera de encarar la lucha contra este fenómeno incrementa la cantidad de droga secuestrada pero deja en la mayoría de los casos fuera del radar de la justicia a los que manejan esos cargamentos, los que logran después lavar el dinero que alimenta el negocio, que muchas veces se sigue desde las cárceles, otro problema que ninguno de los dos candidatos, como es la escasa reinserción social de los detenidos que están recluidos en muy malas condiciones.

El resto de los candidatos usó frases efectistas tanto por izquierda como por derecha, entre los postulantes Juan José Gómez Centurión, Nicolás del Caño y José Luis Espert. El que más flojo estuvo en el debate fue Roberto Lavagna, que ya de antemano se sabía que no es uno de sus temas fuertes, pero no mostró ni propuestas ni diagnósticos.

Del Caño afirmó que “van a pedir más mano dura y cárceles, nosotros queremos escuelas. Las fuerzas de seguridad están militarizadas”, y fue el único de los candidatos que se animó a hablar de la “legalización integral del consumo de marihuana”.

Espert y Gómez Centurión coincidieron en poner en el blanco a los piquetes y el apoyo a los integrantes de las fuerzas de seguridad. El economista pidió “abandonar el garantismo y bajar la imputabilidad a 14 años”.

El ex titular de la AFIP dijo que la Argentina pasó a ser un productor de droga y habló el del paco como uno de los negocios más prósperos. “Vamos a blindar las fronteras y el 100 por ciento del país radarizado”, sostuvo.

Lavagna dijo que no debe haber “ni gatillo fácil ni mano dura ni tampoco flácida, sino mano justa”. El ex ministro de Economía fue el único que se refirió al tema de los “delitos de género”. No habló de femicidios, algo que pareció extraño, porque no terminó de definir el tema. Le quedaron 40 segundos sin hablar. Y luego dijo que “la mejor manera de parar los excesos en las fuerzas de seguridad es con una formación profunda”.

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