lunes 27 de enero de 2020
Ocio |

Empieza el día poniéndote en forma con estos ejercicios

La primera hora de la mañana es el momento ideal para poner a punto nuestro cuerpo. Solo necesitas cinco minutos para afrontar el día llena de vitalidad.

Hacer ejercicio es saludable a cualquier hora del día. Pero está comprobado que una pequeña rutina nada más despertar añade una serie de beneficios a tener en cuenta:

Con estos sencillos ejercicios no te costará encontrar unos minutos cada mañana para ponerte en forma y sentirte cada vez mejor:

Considéralo el primer ejercicio, ya que es el equivalente la serie de estiramientos que harías en el gimnasio antes de empezar cualquier actividad. Aprovecha un buen bostezo para estirar a gusto espalda, brazos y piernas.

Incorpórate, pero mantente sentada, y estira los brazos hacia delante, doblando la espalda, hasta tocar la punta de los pies. Este es un ejercicio tan sencillo como necesario. La falta de flexibilidad a partir de cierta edad implica mayor rigidez en las arterias, y ser capaz de tocarse los pies o no resulta ser todo un medidor de nuestra elasticidad.  Si aún no llegas, no te preocupes. Realiza este ejercicio cada mañana y en cuatro semanas notarás cómo ha aumentado tu flexibilidad (mientras que disminuye tu rigidez arterial).

Ejercicio para empezar el día

Ponte de pie y  abre las piernas ligeramente a la altura de las caderas. Apoya las manos en la cintura y rótala a un lado y a otro con movimientos suaves. Con 5 repeticiones es suficiente.

Ahora es el turno de los brazos. Dibuja con ellos círculos amplios, que se eleven por encima de tu cabeza en dirección hacia el interior. Haz 5 repeticiones en esa dirección y luego otras 5 hacia el exterior. Liberarás la tensión de los hombros y activarás la circulación de los brazos.

Con 15 repeticiones de las clásicas sentadillas pondrás a tono el tren inferior. Si no estás habituada a hacerlas ponte junto a la cama, de espaldas a ella, o junto a una silla. Abre las piernas a lo altura de las caderas y extiende los brazos hacia delante a la altura de los hombros. El movimiento que hacemos es el de sentarnos pero sin llegar nunca a apoyarnos. Cuando creamos que vamos a rozar el asiento, volvemos a la posición inicial.

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