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Embajadas en venta y achiques para bajar el déficit fiscal y la inflación

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Ricardo Piglia supo escribir que Juan Manuel de Rosas reconocía en qué estancia estaba por el sabor de sus pastos. En las grandes capitales, los círculos diplomáticos no necesitan saborear nada para reconocer las residencias de los embajadores argentinos. Se distinguen por su opulencia. Pero en el arranque de este año, así como hubo un punto de quiebre con la política económica, la austeridad se promociona como la medicina para domar el déficit fiscal y la inflación.

Símbolo de tiempos lejanos, el Palacio Argüeso en Madrid (residencia del embajador argentino) lidera la lista de las propiedades que se pusieron en venta. El lugar, del siglo XIX, es célebre por una magnífica pintura del español Joaquín Sorolla. Pero además, cuenta con un vecino famosísimo en el barrio: nada menos que el actor Richard Gere.

También titilan en ese listado “en venta”, las sedes diplomáticas en Paraguay, Brasilia, Colombia y hasta Washington, donde se contabiliza una propiedad alquilada a un banco en la avenida Pensilvania. Fue tasada en US$ 20 millones. Comparado con el rojo de las cuentas públicas, los montos a obtener parecen insignificantes. Todo suma, repiten funcionarios mostrando cómo ajustarán ante empresarios que plantean que para combatir la inflación hay que bajar el déficit.

Mucho de eso le sugirió a Federico Sturzenegger, en una de sus visitas al país, el economista Guillermo Calvo. “Federico, con la tasa de interés sola no vas a bajar la inflación”, le dijo con su voz a veces inaudible. Distinto fue el imperativo que empleó el vice jefe de Gabinete Mario Quintana: “Con ese tono acá no”, disparó a Demian Reidel, el físico del Balseiro que Sturzenegger puso a conducir la salida del cepo. Reidel se aferraba a la idea de no modificar las metas. La reunión trascendió al círculo rojo y es lo que originó, la semana pasada, la catarata de versiones sobre una posible salida de Sturzenegger, ahora muy firme en su puesto. Desde ese incidente, Gustavo Lopetegui, el otro brazo de Marcos Peña, tomó protagonismo en el tema.

Esos cortocircuitos parecen no incidir. Andrés Hatum, profesor de la Di Tella, lo atribuye a un “gabinete profesional que maneja los daños y a un Presidente que sabe cuándo exponerse”. Alejandro Catterberg, director de Poliarquía, apunta que pese a la pérdida en la imagen presidencial, el Gobierno encara esta segunda etapa “mejor parado frente a un peronismo débil y con poco poder de fuego en la opinión pública”.

Para los empresarios, con el cambio de meta, el saltito en el dólar y la tasa algo más baja, la agenda se traslada a la negociación salarial. Los miembros del Grupo de los Seis ( banqueros, industriales, ruralistas, construcción) acordaron, con el aliento de la Casa Rosada, no aceptar una cláusula gatillo que indexe los sueldos. El economista de un banco extranjero arriesgó que 2018 viene peliagudo con una economía que crecerá 2,5% y la suba en el precio del petróleo que complicará cumplir con la nueva meta de inflación. “Es increíble que hayan decidido liberar los valores de los combustibles”, soltó. Y anticipó que “los bancos no podrán seguir financiando el boom de préstamos que se multiplican al doble de los depósitos”. Entre tanto, madura una decisión con las Lebac. Aseguran que quedarían como un instrumento solo para bancos. Una mala noticia para inversores minoristas. José Vignoli cuenta que el grueso de los fondos de pequeños ahorristas que captan en InvertirOnline va a Lebacs.

Marcelo Mindlin, quien con Pampa se posicionó en cada eslabón del sector energético, traza otro escenario: “Este año la Argentina tendrá una gran exposición internacional, comenzando en Davos y culminando con la reunión del G-20 en Buenos Aires. Es muy probable que el país vuelva a ser mercado emergente y que la nota soberana siga mejorando, acercándose al investment grade para lo cual fue esencial el Pacto Fiscal con las provincias”. Un dato: es la primera vez que habrá una Casa Argentina en Davos donde Mauricio Macri recibirá a los presidentes y CEO de las empresas más importantes del mundo. Hace unas semanas, Macri estuvo con Miguel Galuccio. El ex YPF se explayó sobre su modelo de negocios con el sugestivo nombre, “las empresas cheque en blanco”. Según explicó salen a la Bolsa con la promesa de futuras inversiones. Galuccio cosechó US$ 650 millones de fondos de pensión, sobre todo mexicanos, para ir de shopping. Compró los activos de la china Sinopec en el país y viene por más.

De acuerdo a un destacado consultor hay demasiadas firmas medianas en venta. Algunas, con una larga historia de perseverancia. “Están agotados”, contó. No es el caso de Javier Tizado, pese a su dieta rica en estrés en su fábrica de transformadores eléctricos. Es curioso. Tizado apoya con fervor al Gobierno pero sufre en carne propia algunas decisiones. YPF acaba de contratar con General Electric la importación de una planta llave en mano para una central térmica sin exigir, como en la mayoría de los países, una mínima integración local. General Electric trae los transformadores de México y China. Su empresa que tenía un año de pedidos en carpeta, cuenta apenas con tres meses. La reciente eliminación de 314 licencias no automáticas de importación puede dejar a varias firmas en la misma situación, advirtieron desde la UIA. Para Alberto Schuster, de abeceb, el problema es que “Argentina produce productos de bajo valor con costos altos. Hay que generar un ecosistema competitivo que permita empresas y emprendedores que exporten y se defiendan de las importaciones”.

Volvamos a la austeridad. Laura Alonso dará a conocer un dictamen que pondrá en apuros al Gabinete. La titular de la Oficina Anticorrupción apunta al ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere. Tras un informe de la Sociedad Rural acerca del bono de $ 500.000 pagado a Etchevehere antes que asumiera como ministro; Alonso estaría a punto de concluir que se trató de una retribución excepcional que no estaba prevista en su contrato de trabajo, agravado por la nueva función de Etchevehere ya que pasó a ocuparse de políticas para el campo. “Voy a requerir más información pero lo que he visto hasta aquí me genera una enorme incomodidad ética”, confesó.

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