San Luis: la lucha por el poder entre dos hermanos y un heredero desclasado

Alberto y Adolfo Rodriguéz Saá competirán por la gobernación y en la carrera aparece un heredero competitivo: Claudio Poggi, que asegurá que los va a derrotar a los dos. Un drama político en cinco actos y con su clímax este domingo.


Por Julio C. Perotti | Especial para Aire Digital

Una pequeña provincia del interior de la Argentina, San Luis, vive el dramático desenlace de una crisis política que 318 mil de sus 476 mil habitantes deberán resolver en las urnas este domingo 16 de junio. Actores, dichos y hechos del pasado y del presente.

Los personajes

Alberto José Rodríguez Saá, “El Alberto”. Nacido en San Luis. 69 años. Amante del arte, actual gobernador de la provincia en busca de su reelección, ya condujo la provincia en los dos periodos entre 2003 y 2011. Además, fue candidato presidencial en 2007 y 2011.

Adolfo Rodríguez Saá, “El Adolfo”. También de origen sanluiseño. 71 años. Considerado un político más pragmático que su hermano Alberto, fue gobernador entre 1983 y 2001. Pero también llegó a presidente de la Nación después de la renuncia de Fernando de la Rúa, en 2001, pero duró una semana en el cargo. Hoy, quiere ser gobernador de San Luis.

Claudio Javier Poggi, “Poggi”. Oriundo de Alcira Gigena (Córdoba), 55 años. Funcionario de ambos Rodríguez Saá. Ahora empecinado en quitarles el poder, está alineado con el presidente Mauricio Macri, al que ninguno de los hermanos quiere bien.

Primer acto. Los inicios

Aupado por una vieja estirpe de sindicalistas ferroviarios “peronistas de Perón”, con el villamercedino Oraldo Britos a la cabeza, El Adolfo se convierte en el primer gobernador de San Luis en la restauración de la democracia, en 1983. Pero el acuerdo no dura mucho. Britos lo recuerda así: “Yo lo lleve a todos los rincones de la provincia, en el interior querían que yo fuera el candidato a gobernador. En un acto en San Martín lo propuse como candidato, después nos desencontramos, habíamos acordados algunos lugares para los mercedinos pero Adolfo dio lugar a otros”.

La vida tiene vueltas y da aunque sea siete días de gloria. Cuando El Adolfo llega a la fugaz gestión en la Casa Rosada, designa a Oraldo como ministro de Trabajo. Pero aquel 1983 es un punto de inflexión en el peronismo puntano, al que El Adolfo comienza a manejar a su antojo, con los gremialistas cabizbajos y su hermano menor, El Alberto, fuera del territorio porque es senador nacional y vive en Buenos Aires.

El Adolfo gobierna con un régimen de promoción industrial devenido del Acta de Reparación Histórica firmada en 1973, para mejorar la posición de Catamarca, La Rioja, San Juan y San Luis. El Adolfo pelea para evitar que caigan los beneficios bajo el argumento de que durante su gestión la provincia de industrializó. Sin embargo, muchas fábricas demuestran entonces ser meras armadoras, cascarones vacíos para cobrar beneficios impositivos. Aun así, hay que escucharlo a El Adolfo jactarse de haber sacado a San Luis del tercer mundo del interior argentino.

¿Cuál cree que es el principal cambio que usted deja en San Luis?— le pregunté por aquella época.

San Luis ya no duerme la siesta— me respondió.

Simplifica así su convencimiento de que él sacó a la provincia de las más ancestrales costumbres provincianas. Y la está proyectando hacia un futuro que el resto de la Argentina es incapaz de ver, razona.

Corre 1993. Es 21 de octubre. El Adolfo denuncia haber sido secuestrado mientras compartía una noche de amor con Esther Sessín, una de sus funcionarias, en un hotel alojamiento en las afueras de la ciudad de San Luis, llamado “Y… no C”. Un nombre que pocos olvidarán. Allí, un grupo de hombres entra a la habitación y le toman fotos de alto contenido erótico, con las que supuestamente lo quieren extorsionar.

El escándalo toma dimensiones nacionales. Algunos creen ver la sombra de los servicios de inteligencia del entonces presidente Carlos Menem, con que El Adolfo tenía una relación ambivalente y El Alberto le venía cascoteando la idea de la reforma constitucional, a la que llama “un mamarracho”.

Conclusión del caso: en noviembre de 1995, un tribunal condena a Walter Alejandro Salgado (de 30 años), a 13 años de prisión como autor del secuestro y tentativa de extorsión. A “La Turca” Sesín (44), a 12 años, como participe primario, y a Eduardo Alberto Doyhenard (48) a 10 años de prisión como coautor del mismo hecho. El Adolfo pide perdón a la comunidad con una misa, en la que aparece con un ojo en compota, producto de la golpiza. Y trata de recuperar la vertical personal y política.

Segundo acto. La rotación

Estamos en diciembre de 2001. Cae De la Rúa. Los gobernadores peronistas se reúnen en Merlo (San Luis) y deciden que El Adolfo es la persona ideal para ocupar la Presidencia en estos momentos tan traumáticos. Pero para una transición, no para quedarse. Ante el Congreso, que lo proclama, El Adolfo anuncia la suspensión del pago de la deuda externa, mientras lo aplauden de pie.

Lanza una nueva moneda llamada “Argentino” para financiar viviendas y más de 100.000 subsidios. Y un aumento a jubilados y estatales.

Nada de eso alcanza a entrar en vigencia. Una semana después, el 30 de diciembre, renuncia, forzado porque los gobernadores peronistas que lo habían llevado al cargo comienzan a restarle apoyo. Resulta que en los mentideros políticos corre fuerte la versión de que El Adolfo pretende quedarse hasta 2003, para finalizar el mandato de De la Rúa. Entre aquellos que le sacan el banquito están varios que quieren ser presidente sin esperar dos años más: José Manuel de la Sota, de Córdoba; Carlos Ruckauf, de Buenos Aires, y Néstor Kirchner, de Santa Cruz.

Para asumir la Presidencia, El Adolfo deja en el poder a su vicegobernadora Alicia Lemme. La transición dura hasta diciembre de 2003, cuando por primera vez El Alberto se convierte en gobernador. Todo parece ir muy bien. A punto tal que, en la reelección de 2007 (casi no hay oposición), El Alberto hace votar una cláusula que elimina la reelección indefinida en San Luis.

Las relaciones entre los hermanos parecen que marchan de maravillas. En la vida, la política y los negocios. En esos tiempos, la oposición en San Luis es apenas una sombra, que los hermanos se encargan de que no se extienda. Para los descendientes de Juan Saá, un revolucionario que peleó en la batalla de Pavón, y del cacique ranquel Painé, sobran las astucias y las artimañas.

“Nosotros por ahí tenemos algo de indomable, de no permitir que se cercene o se achique el espacio de nuestra libertad”, le cuenta El Adolfo a Infobae. Ciertamente, El Adolfo y El Alberto lo toman al pie de la letra porque, cualquiera gobierne, siempre muestran a San Luis como una provincia capaz de despegar sin apoyo del gobierno nacional. Y, desde luego, impenetrable para cualquiera que quiera entrar sin su contraseña.

Tercer acto. La hora de Claudio

Aquel joven que fue presidente de Franja Morada en la Universidad Nacional de Río Cuarto, parte a San Luis para trabajar en una empresa con promoción industrial. Allí, Claudio Javier Poggi lo conoce a Adolfo y arranca con una fuerte carrera política que lo lleva de Buenos Aires como asesor a San Luis como funcionario. Y de legislador a candidato a gobernador.

La “joven promesa” aparece en el firmamento puntano y parece estar destinado a ser la etapa superadora de la “hermanocracia”: ni siquiera llevaba el apellido. Todo es color de rosas, hasta que El Alberto comienza a atacar de manera feroz la gestión de Poggi. Lo convierte en el peor demonio, una especie de chupacabras que, grita El Alberto, vacío de sangre al Estado puntano.

Estamos a fines de 2014. Poggi reacciona y se prepara para ir por la reelección. No lo disimula: la página web del gobierno de San Luis está llena de mensajes de intendentes en un operativo clamor. Casi una especie de “Olé, olé, olé, Claudiooo, Claudioooo”. No pasa el calor veraniego. Menos en la interna. Se hace el congreso partidario para resolver quién es el candidato.

Poggi llega con esa ilusión. Y sale sin ese trofeo: el candidato es El Alberto, mientras El Adolfo va por la Presidencia para replicar “San Luis, una provincia feliz”. ¿Cómo lo bajaron a Poggi? Nunca nadie lo supo ni lo sabrá. Sólo la historia nos dice que va de senador nacional, un premio consuelo. Acaba de nacer la primera grieta puntana desde 1983. Esta vez no es como con Oraldo Britos, que prefiere mascullar en silencio su bronca.

Poggi se envalentona, pese a que lo pasan de heredero de la dinastía a desclasado, arrojado a la oposición puntana.  Allí, bien se sabe, es muy difícil armar política frente a un un uso discrecional del Estado, que se acentúa a medida que llega el tiempo electoral.

Cuarto acto. El voto del miedo

En una escala intermedia, los comicios parlamentarios de 2017 causan asombro. Poggi ya tiene cerrado un acuerdo con Macri. El salto del peronismo a Cambiemos (que no tenía nada en San Luis) está dado. Estamos en agosto de 2017. Hasta Poggi se sorprende cuando se van consolidando los resultados de las primarias abiertas y obligatorias: 57,64 por ciento contra 38,24 por ciento para El Adolfo.

Un resultado increible. Aunque primarias, nadie recuerda haber visto a la dinastía perder jamás una elección. Poggi pone esta compulsa electoral en clave de futuro: “Sin 2017, no hay 2019”. Un triunfo imprescindible, considera, para llegar a la búsqueda de la gobernación. No cuenta, claro, con que se viene el despliegue más grande de recursos que haya visto San Luis en su historia.

El Alberto gobernador le transfiere a la esposa del Adolfo, Gisela Vartalitis, 80 millones de pesos para que, con su fundación Mujeres Puntanas, reparta bienes (desde computadoras a máquinas de coser) en plena campaña. Jóvenes tentados con subsidios, planeros obligados a militar la causa familiar. Una escena que marca la desesperación de la “hermanocracia”.

Hasta que el 22 de octubre, El Adolfo respira tranquilo: revierte los resultados y pasa a ganarle a Poggi 54 a 44 por ciento. ¿El voto del miedo? En gran medida. Para muchos el trabajo, los planes y los beneficios no pueden ponerse en juego. Pregunta del millón: ¿Se repetirá la historia?

Quinto acto. La batalla final

Corre el 2016. El Alberto anda por ahí coqueteando con el kirchnerismo. Al Adolfo eso no le gusta para nada. Ya en la Nochebuena de ese año, el díscolo Alberto parte a Jujuy para compartirla con la detenida piquetera Milagro Salas.

La bronca está contenida. Pero El Alberto no afloja. Estamos en marzo de 2018. El Alberto decide usar el costoso predio de Villa Mercedes llamado La Pedrera, un coliseo que hizo construir con estadio de fútbol y autódromo. Es el anfitrión de dirigentes de todos los palos peronistas, especialmente kirchneristas, para celebrar el Encuentro de la Militancia.

Pero resulta que la llave y el sello del Partido Justicialista puntano los tiene El Adolfo. Allá va al aire un video del hermano mayor desautorizando la reunión porque, a su criterio, El Alberto está dividiendo al partido en la provincia. La ruptura queda sellada. De allí en adelante, viviremos una batalla tras otra en las redes sociales, donde se disparan mensajes con acusaciones de todo calibre.

Hasta uno, incluso, con apelaciones personales. Pero ni el llamado de la sangre frena el choque entre el Titanic y el iceberg. Todo se pone peor cuando trasciende una grabación en la que El Alberto da la orden de echar a una funcionaria porque está alienada con su hermano. Los intendentes del interior reciben la peor de las noticias: deben decidir en qué costado de la grieta juegan. Al medio, el abismo.

La tensión llega a las calles. ¿Quién tiene el poder en el PJ? Un congreso se lo quita al Adolfo, la Justicia se lo devuelve. Un baile interminable que llega hasta las cuentas bancarias del partido, de las que se esfuman 14 millones de pesos. Al final, El Adolfo y sus amigos terminan expulsados y arman el Frente Juntos por la Gente.

De paso, cañazo: El Alberto también ordena desafiliar a algunos dirigentes que se pasan con Poggi y su sociedad con Enrique Ponce, el intendente de la ciudad de San Luis. ¿Separación definitiva de los hermanos? Si fuera por la política, hay recuerdos de cuando años atrás se pelearon. El Alberto armó el Partido Unión y Libertad y el Adolfo se quedó con el justicialismo.

Al final, en nombre de la unidad, del futuro del pueblo puntano y de cuanto argumento se les ocurrió, volvieron a estar juntos. Esta vez, los malpensados dicen que va a pasar lo mismo. Pero en los corrillos en San Luis se escucha que los hermanos dividieron ya la sociedad familiar y cada uno se quedó con distintas empresas.

El Alberto, por ejemplo, con El diario de la República, el único periódico que se edita en toda la provincia y, por ende, recibe toda la pauta publicitaria destinada a la gráfica. Sus páginas amparan, por primera vez, de críticas a quien fuera uno de sus dueños.

Final abierto. Este domingo 16 de junio se va a escribir el último capítulo en esta historia de desencuentro familiar entre los dos hermanos y el joven desheredado.

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