martes 12 de noviembre de 2019

Internacionales | EEUU

El Washington Post pidió la renuncia del papa Francisco

El Washington Post pidió en sus páginas no solo que Wuerl, el arzobispo de su ciudad, se retire por la gestión de los abusos clericales, sino también la renuncia del propio Francisco. El sorprendente pedido del diario ha dividido aguas entre los líderes católicos, entre quienes el argentino Jorge Bergoglio, el Papa, tiene detractores profundos. Ellos le endilgan que “la prensa mundana”, los medios de comunicación que celebraron su “aire fresco” a las costumbres vaticanas, “lo han abandonado”. Y destacan este pedido como si coincidieran con el origen del pedido de dimisión, que es el ocultamiento de los casos de abusos sexuales en el que hay involucrados entre el 4 y el 7% de sus religiosos.

Los medios católicos que se enfrentan a Francisco están subrayando que The Washington Post “se ha distinguido en la alabanza a Francisco y sus ‘nuevos aires’, por lo que el hecho de que pida su renuncia adquiere mayor importancia”, tal como lo señaló Info Vaticana..

Se lee en el Washington Post: “Este horror tiene autoría, y entre los muchos nombres del escándalo se encuentra el de Wuerl. Y con el ‘mea non-culpa’ de “todo el mundo tiene la culpa” del Papa Francisco del lunes, su nombre también está en la lista. Wuerl tiene que dimitir. Y la iglesia estaría mejor con dos papas retirados y un nuevo hombre absolutamente dedicado a apoyar a los reformadores, no a suprimirlos”.

Por otra parte, el periódico ensalza la actitud de dos prelados estadounidenses contra la pedofilia. Precisamente dos prelados que han sido ‘castigados’ por Bergoglio sin capelo, a pesar de ser un clamor para el catolicismo estadounidense: El arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, y el de Los Ángeles, José Horacio Gómez, el primero por haber hecho un excelente trabajo investigando a la Legión de Cristo y el segundo por haber sido implacable con su predecesor, el encubridor cardenal Mahony a quien el Papa ha rehabilitado y encomendado responsabilidades públicas desautorizando al propio Gómez.

Debe de doler. Nada de esto, repetimos tendría otra importancia que la anecdótica si la Iglesia hubiera mantenido con el mundo -en su sentido teológico- las distancias que antaño se consideraban normales, en lugar de haber pisado el acelerador del ‘aggionamento’ iniciado con el Concilio Vaticano II, buscando el Papa convertirse, a lo que parece, en un líder mundial en tantas cosas que exceden, con mucho, su ministerio petrino.

Las peticiones de que Donald Wuerl sea cesado como arzobispo de Washington y renuncie al Colegio de Cardenales de la Iglesia Católica Romana son proporcionales en su grado de indignación con su grado de decepción con el sacerdote fracasado.

Gracias a un gran jurado de Pennsylvania, ahora sabemos del mal que tuvo lugar durante su tiempo como obispo de Pittsburgh. La diócesis de Wuerl incluía el encubrimiento de un presunto círculo de pornografía infantil administrado por sacerdotes, incluidos sacerdotes que, según los informes, señalarían víctimas para otros depredadores mediante una cruz de oro. Si eso no es satánico, entonces la palabra no define nada.

Y Wuerl cubrió ese anillo. Y docenas de otros casos. Y permitió que los depredadores se sintieran libres de moverse por el país siempre que no pusieran en peligro su carrera. ¿El cardenal Theodore McCarrick apoyó a Wuerl como su sucesor en Washington, confiado en la capacidad de este último de guardar los pecados más feos debajo de la alfombra? No sería sorprendente.

De hecho, ya nada más nos sorprende. Aquellos de nosotros en la comunidad católica que le dimos a la iglesia una segunda e incluso una tercera oportunidad hemos quedado disgustados. Hubo una “Carta para la Protección de Niños y Jóvenes” de 2002 presentada por los obispos de los EE. UU. Hubo un “Informe sobre la crisis en la Iglesia Católica en los Estados Unidos” publicado en febrero de 2004. Tras su publicación, el comité de revisión de laicos designado por la iglesia que escribió el informe celebró un gran evento en el National Press Club. Yo fuí. Quería escuchar en persona que el cambio había llegado.

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