miércoles 2 de diciembre de 2020
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Crónica de una trampa atroz: Ben Johnson y el mayor escándalo en la historia de los Juegos Olímpicos

En el día de hoy, se cumplen 32 años de la final de la prueba de 100 metros en los Juegos Olímpicos de Seúl ´88, en donde seis de los ocho finalistas tuvieron en algún momento de sus carreras vínculos con el dopaje.

Las carreras de velocidad son, sin lugar a dudas, uno de los eventos más enérgicos y llenos de hermetismo en los Juegos Olímpicos. Especialmente la carrera de 100 metros, que ha construido leyendas a lo largo de toda la historia olímpica moderna, desde sus comienzos en los Juegos Olímpicos de Atenas 1896.

Usain Bolt, Carl Lewis, Jesse Owens, entre tantos otros atletas que pueden mencionarse; pueden ingresar en este selecto grupo de seres humanos que se han desplazado como un rayo a lo largo de la pista a todo galope, en un promedio de desplazamiento de aproximadamente 10 metros por segundo. Pero hubo una excepción a la regla, tras una jornada en la cual esta gloriosa carrera quedó manchada por la trampa debido al dopaje y consumo de sustancias prohibidas que ensucian la sana competencia deportiva.

Una trampa atroz

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Toma aérea de la final de 100 metros de los Juegos Olímpicos de Seúl '88. Carl Lewis se ubicaba en el carril número tres y Ben Johnson en el seis. Seis de los ocho finalistas tuvieron en sus carreras deportivas vínculos con el dopaje.

Toma aérea de la final de 100 metros de los Juegos Olímpicos de Seúl '88. Carl Lewis se ubicaba en el carril número tres y Ben Johnson en el seis. Seis de los ocho finalistas tuvieron en sus carreras deportivas vínculos con el dopaje.

Transcurría el día 24 de septiembre de 1988 en Seúl, capital de Corea del Sur que albergaba la XXIV edición de los Juegos Olímpicos. El Estadio Olímpico de Seúl -allí se celebraron las ceremonias de apertura y clausura, junto a las pruebas de atletismo, hípica y fútbol-, se detenía especialmente en los casi diez segundos que duraría la prueba de 100 metros libres, que prometía ser interesantísima debido a los aspirantes que albergaba en búsqueda de la deseada presea dorada que, en la jerga deportiva, también lo coronaría como el hombre más veloz de todo el planeta.

Carl Lewis -el “hijo del viento”, ubicado en el carril N°3- buscaba repetir la hazaña de lograr las cuatro medallas de oro conseguidas en Los Ángeles, marca que su compatriota de color Jesse Owens también logró en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, al obtener cuatro medallas de oro en las narices del propio “Fuhrer” Adolf Hitler. Finalmente Lewis obtuvo solo dos preseas doradas en Seúl -una de ellas luego de la posterior decisión del COI-, tras ser plata en los 200m y descalificado junto al equipo estadounidense en la posta 4x100. Como rival más cercano en torno a rendimientos y logros deportivos, se encontraba el atleta jamaiquino nacido en Falmouth el 30 de diciembre de 1961 y nacionalizado canadiense Ben Johnson -carril N°6, bronce en Los Ángeles 1984-, conformando una dupla que seguramente iba a dar que hablar en la capital surcoreana y especialmente, en esta carrera.

Los otros seis velocistas finalistas que conformaron los ocho carriles fueron el británico Linford Christie; los estadounidenses Calvin Smith, y Dennis Mitchell; el canadiense Desai Williams; el jamaicano Ray Stewart; y el brasileño Robson da Silva.

Tras diez segundos fugaces, pero llenos de emoción, Johnson destronó a Lewis, campeón olímpico cuatro años antes en los Juegos Olímpicos disputados en Los Ángeles en 1984, y se convertía en el ser humano más rápido del planeta, con récord mundial (9:79 segundos). Carl Lewis, por su parte, marcó 9:92, seguidos por Linford Christie (9:97) y Calvin Smith (9:99), que tras descubrirse la atroz trampa, conformarían el podio en aquella prueba.

Ben Johnson runs a 9.79 at the 1988 Seoul Olympic games

El doping y la decisión del COI

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Ben Johnson rompió el récord mundial en los Juegos Olímpicos de Seúl con 9,72 segundos. Tras el dopaje, se le retiró esta marca y una anterior, conseguida en el Mundial de Atletismo de Roma (9,83)

Ben Johnson rompió el récord mundial en los Juegos Olímpicos de Seúl con 9,72 segundos. Tras el dopaje, se le retiró esta marca y una anterior, conseguida en el Mundial de Atletismo de Roma (9,83)

Tan solo 48 horas después de la gloriosa carrera -hasta ese momento, vanagloriada por los medios de Canadá-, el Centro de Prensa de Seúl quedó atónito en su totalidad. Ben Johnson dio positivo en el control antidopaje con Estanolozol, una sustancia anabolizante. En aquellos tiempos el dopaje era una práctica muy poco frecuente debido al desconocimiento popular entre los deportistas, lo que estremeció al mundo del atletismo debido a la magnitud del logro del involucrado y la carrera afectada, ya que se trata de uno de los eventos top de la máxima cita deportiva a nivel mundial. La sanción fue durísima, pero justa: se le despojó de su título olímpico y la carrera fue dada por ganada a Owens, modificando todo el podio. La IAAF (actualmente World Athletics) además, lo sancionó por dos años de inhabilitación deportiva y le quitó tanto el Mundial de Atletismo en Roma celebrado en 1987 como su récord mundial anterior (9,83 segundos en aquella cita). El conjunto de sanciones le hizo perder en pocos días, más de quince millones de dólares según su mánager Larry Heidebrecht.

Ben Johnson no aprendió tras su incidente en Seúl: en 1993 dio nuevamente positivo, esta vez por Testosterona (los valores casi duplicaban a los normales: 10,3 cuando el permitido el 6) y fue apartado de por vida del atletismo por parte de la IAAF.

Seis de los ocho atletas que disputaron aquella final olímpica en los 100 metros llanos, tuvieron en mayor o menor medida vínculos con el dopaje: solo Lewis y Smith quedaron exentos de estas prácticas. Este incidente marcó un antes y un después en la regulación de estas prácticas en las grandes citas deportivas.

“Todo el mundo me señaló como un tramposo, pero no fui el único que hizo trampa”, declaró “Big Ben” años después, donde también fue entrenador personal de Diego Maradona por el año 1998 : “Todos lo sabían, pero yo fui el único que fue señalado. Fue duro”.

La carrera disputada hace ya 32 años significó un momento oscuro para el atletismo y el olimpismo a nivel mundial. Pero fue el momento justo, para que el Comité Olímpico Internacional y la IAAF, pusieran la mirada atenta en las irregularidades de los atletas para un beneficio extradeportivo. Nada volvería a ser igual.