viernes 22 de noviembre de 2019

Ocio |

¿Cuál es el mejor tratamiento para la ansiedad y el estrés?

La diferencia entre estrés y ansiedad no siempre está clara. Sin embargo, es esencial conocer en qué consisten estos trastornos para tratarlos y evitar que compliquen tu salud. El Dr. Eduardo Junco te explica cómo distinguirlas y qué puedes hacer en cada momento.

El estrés se define como la situación anímica creada por la influencia de estímulos externos conocidos como agentes estresantes, los cuales, cuando se presentan, alteran o modifican la sensación de bienestar físico y mental. Este estado de ánimo, si se mantiene por un tiempo indefinido o aumenta de forma progresiva en intensidad, puede dar lugar en determinadas personalidades a situaciones o estados de ansiedad.

El estrés se puede resumir globalmente como un complejo mecanismo de adaptación que nos permite adaptarnos a las diferentes y frecuentes situaciones difíciles que se nos presentan en la vida cotidiana. Aunque parezca mentira, el estrés en su justa medida, es una situación beneficiosa para el individuo, es algo completamente normal, sobre todo en la vida moderna, pues es la manera fisiológica de reaccionar ante los estímulos externos. Será nuestra capacidad para controlar estas reacciones lo que haga que el estrés nos afecte en mayor o menor grado.

Ante acontecimientos o estímulos determinados iniciamos los mecanismos de adaptación en los cuales tanto el sistema nervioso autónomo, como determinadas glándulas endocrinas (hipófisis y suprarrenales), producen secreciones que nos ayudan a responder de forma adecuada. Esta respuesta la desencadena el sistema nervioso autónomo o simpático que estimula a hipófisis y suprarrenales y pone en circulación en el torrente sanguíneo cantidades aumentadas de cortisol y de adrenalina.

Leer más► Mitos y prejuicios sobre el yoga que son falsos

Estas hormonas, segregadas en situaciones de estrés, tienen acciones orientadas a la adaptación y la supervivencia, para así mantener la integridad. Actúan sobre el cerebro aumentando el estado de vigilia y su oxigenación. En la sangre, aumentan los niveles de glucosa, y sobre el corazón y los pulmones influyen acelerando el ritmo y la mejora del rendimiento. Producen una vasoconstricción periférica, para aumentar la oxigenación de los órganos centrales, las pupilas se dilatan y se produce una llegada de mayor cantidad de sangre y de oxigeno a los músculos.

Si esta situación se mantiene por largo tiempo y no somos capaces de controlar y dominar sus efectos, nuestro organismo y nuestra mente se acabaran por resentir, dando lugar a los efectos perjudiciales que el estrés causa en las personas que lo padecen.

Además de las alteraciones que el estrés provoca sobre la esfera psíquica del individuo que lo padece, no debemos olvidar que también puede ser un factor agravante y desencadenante de muchas alteraciones orgánicas y físicas.

Leer más► La técnica de yoga facial llegó para rejuvenecer tu piel con ejercicio

La ansiedad es una alteración psicológica que conduce a un estado de ánimo ansioso, y que puede abarcar desde una sensación de inquietud psicomotriz, hasta un estado de intenso temor. Tener ansiedad alguna vez en la vida es algo completamente normal. Sin embargo, cuando se hace tan intensa y persistente que distorsiona la realidad, inhibe el pensamiento y altera la actividad normal de la persona, debemos solicitar ayuda y acudir a un especialista para realizar psicoterapia o iniciar un tratamiento farmacológico, si fuera necesario.

La ansiedad se manifiesta por la presencia de malestar interior, irritabilidad, miedos injustificados, sobresaltos, insomnio y crisis de agitación psicomotriz.  A estos síntomas psíquicos suelen asociarse trastornos orgánicos, tales como el aumento de la sudoración, los temblores finos en extremidades, las palpitaciones, la taquicardia, la sensación de falta de aire, el dolor precordial, la subida de la tensión arterial, los síntomas digestivos e intestinales y la fatiga intensa.

La ansiedad tiene diferentes niveles de intensidad y éstos dan lugar a cuadros clínicos diferentes, que se manifiestan con síntomas progresivos.

La personalidad, el carácter y el temperamento son los condicionantes más trascendentales para padecer ansiedad. Los denominados factores constitucionales y hereditarios hacen que existan individuos con tendencia a sufrirla y, por lo tanto, tendrán mayor propensión. Por el contrario, otros como los flemáticos y tranquilos no la padecerán casi nunca.

Los factores ambientales tienen también gran influencia en la aparición de este trastorno. La vida competitiva, el estrés, el entorno laboral, los horarios apretados, las relaciones interpersonales y la vida en las grandes ciudades suelen ser elementos desencadenantes.

Otros factores como la escasez de sueño, el abuso de las bebidas alcohólicas, el tabaco o el uso de substancias y drogas son elementos que también suelen favorecer la aparición de ansiedad.

Apoyo de la familia. Aunque puede ser, en ocasiones, origen de situaciones de ansiedad, el apoyo que puede darnos una familia estable y el ambiente positivo y de protección y seguridad que ofrece, es muy eficaz para disminuir el estrés y tratar al paciente con ansiedad.

Actitud positiva en el trabajo. La competitividad y la inestabilidad en el puesto de trabajo, las malas relaciones con los compañeros y con los jefes, y el estrés que supone el trabajo diario y rutinario son factores desencadenantes de estrés y ansiedad. La actitud positiva, las buenas relaciones, y tener gusto por el trabajo que se realiza, pueden prevenir estos problemas.

Cuidar los buenos hábitos. La cantidad y calidad del sueño es un factor importantísimo para combatir el estrés y la ansiedad. Dormir bien y las horas necesarias descansan el cuerpo y la mente y ayudan a prevenir su aparición.  El tabaco, el alcohol, las bebidas estimulantes y otras substancias son elementos nocivos que aumentan el riesgo.

Régimen de vida. El sedentarismo y vivir en grandes ciudades son desencadenantes de estrés y ansiedad. La vida al aire libre, la realización de ejercicio físico habitual y la práctica de algún deporte son, en cambio, medidas muy eficaces para combatirlos. El ejercicio físico extenuante y periódico es un método muy eficaz para prevenir y tratarlos.

Técnicas de relajación. Son todos aquellos procedimientos o actitudes que ayuden a un paciente a mejorar sus niveles de estrés y de ansiedad. Estas técnicas van desde actividades normales como escuchar música, reírse o caminar, hasta la autohipnosis, el yoga, la meditación o el autoentrenamiento.

Ejercicios de relajación muscular. Existen multitud de métodos y gimnasias para conseguir una buena relajación muscular. En principio debe ser aprendido y practicado en un centro especializado, enseñado por un fisioterapeuta, para luego poder realizarlo en casa.

Ejercicios de respiración. La respiración profunda y consciente es una de las mejores armas contra la tensión y el estrés. Aprender a respirar bien y hacerlo en el momento adecuado previene la aparición de los estados de ansiedad. Respiraciones lentas, profundas, utilizando el diafragma, ayudan y alivian notablemente el estrés.

Meditación. Existen muchas técnicas diferentes de meditación, pero todas persiguen el mismo objetivo: lograr la serenidad, vaciando la mente de las preocupaciones y de los pensamientos nocivos que la agitan. Todas ellas reducen el consumo de oxigeno, aumentan la actividad eléctrica cerebral y disminuyen el pulso, el latido cardiaco y la tensión arterial. Dejar la mente en blanco y concentrarse en las sensaciones propioceptivas corporales baja la tensión y disminuye el estrés.

Farmacoterapia y otros tratamientos. Antes de acudir a la toma de medicamentos, sería útil y positivo terapias de orientación social, valorando y modificando las distintas situaciones de cada paciente. La psicoterapia, también es eficaz en el tratamiento de estas situaciones.

Medicación para el estrés y la ansiedad. Los ansiolíticos son los medicamentos más utilizados para tratar el estrés y la ansiedad. Son fármacos que alivian o suprimen la ansiedad sin producir sedación o sueño. Este grupo de fármacos incluye las benzodiacepinas, las buspironas, los betabloqueantes y algún antidepresivo. Este tipo de medicación debe siempre estar controlado por un médico y debe ser limitado en el tiempo pues existe el riesgo de que se produzca una dependencia farmacológica.

Fuente: Hola

Dejá tu comentario