sábado 7 de diciembre de 2019
MUNDO |

Convirtió un árbol de 110 años en una biblioteca pública y morimos por visitarla

Una mujer en Idaho, Estados Unidos convirtió un viejo árbol de su comunidad en una pequeña biblioteca pública: sí, un pequeño espacio en un árbol es, ahora, un lugar de intercambio de libros.

Aprovechar el cuerpo del árbol de 110 años para hacer una librería fue idea de la artista local Sharalee Armitage Howard, quien asegura en una publicación de Facebook que siempre tuvo en mente esta iniciativa.

Esta bien. Este proyecto no está del todo terminado, pero no puedo esperar para compartirlo. Teníamos que un árbol enorme que tenía como 110 años, así que decidí convertirlo en una pequeña biblioteca (lo cual siempre quise). Aquí está (menos algunos trabajos de limpieza, vegetación y recortes).

El viejo álamo se encontraba afuera de la casa de la familia de Sharalee en la localidad de Coeur D’Alene. Decidió que era momento de tirarlo, ya que las ramas que se le caían causaban daños en los automóviles que se estacionaban bajo su sombra.

biblioteca arbol.jpg

Cuando cortaron la parte superior del álamo, Sharalee se dio cuenta de que la madera estaba podrida, pero eso no fue impedimento para encontrarle utilidad a la otra mitad que seguía en pie.

Otra pequeña biblioteca

Armitage trabaja para la biblioteca pública de su comunidad en Idaho y forma parte de Little Free Library, una organización mundial sin fines de lucro que nació en Wisconsin en 2009, fundada por Todd Hebert Bol, un profesor de escuelas públicas.

Dicha organización fomenta la construcción de pequeñas librerías afuera de varios vecindarios estadounidenses y ha llegado a posicionarse en otros países como Canadá, Holanda y Australia.

La idea general del proyecto es fomentar la lectura pidiendo a los que quieran tomar un libro que dejen uno. Tal como dice su slogan: “Toma un libro. Comparte un libro”.

A pesar de que parecería un apreciable gesto colocar pequeñas librerías improvisadas, hay quienes se han pronunciado contra la organización, especialmente en vecindarios canadienses.

Bibliotecarios y geógrafos de la Universidad de Toronto descubrieron que Little Free Library solo se han instalado en vecindarios de clase media alta, donde la mayoría de los habitantes son blancos.

En estas comunidades, indican los críticos, no tienen sentido estas iniciativas, pues ya cuentan con bibliotecas gratuitas de avanzada y actualizadas.

Según vix, a pesar de esos detalles, hay que decir que una pequeña librería de paso aún parece una iniciativa de buena voluntad. Puedes inspirarte en Sharalee y ocupar algún espacio en tu comunidad para fomentar la lectura.