lunes 9 de diciembre de 2019

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Colón derrotó a Atlético Mineiro y llena de esperanza su valija para ir a Brasil

Un gol insólito de Chará había puesto en ventaja al Galo, pero en el complemento aparecieron Morelo y el Pulga para dar vuelta el resultado e ilusionar a su gente con la Copa Sudamericana.

Por Lucas Otero

Colón jugó ante su espejo, frente a un equipo que tomó todos los recaudos y estuvo más preocupado en que no le lleguen a intentar lastimar en el área de enfrente. Atlético Mineiro dejó en claro que buscó definir la serie en su casa, lo que implica llevarse un resultado que le sea sencillo definir en Belo Horizonte.

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El encuentro fue cambiante en cuanto a la tenencia, por momentos mandaron los de Pablo Lavallen, por otros los de Rodrigo Santana, pero esa posesión, sea del equipo que sea, fue siempre inofensiva y faltaron jugadores aventureros que rompan líneas con un pase o una gambeta.

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En campo rival, quien mejor se asoció fue el conjunto brasileño. El Galo tuvo algo de claridad para triangular en el sector izquierdo con Vinícius, Juan Cazares y Patric, además de algún aporte de Yimmy Chará que hacía mover a la defensa sabalera. En Colón la generación se complicaba porque el “Pulga” Rodríguez estaba muy contenido y Wilson Morelo se veía aislado entre la maraña defensiva que planteó Mineiro.

Pero el partido se rompió, para desgracia del Sabalero, para el lado del visitante. Cuando nada ocurría, totalmente inesperado y sin buscarlo, el Galo se puso 1-0 gracias a un intento de despeje de Marcelo Estigarribia que dio en el colombiano Chará y la pelota fue a contrapierna de Leonardo Burián. El volante del Atlético Mineiro corría en dirección al arco del uruguayo y el pelotazo del paraguayo le dio en sus piernas. Muy mala fortuna para Colón que sintió el golpazo.

El gol del Galo fue un golpe duro para el Sabalero que se fue al descanso en desventaja de manera inmerecida. Pero en el vestuario, jugadores y cuerpo técnico habrán hecho hincapié en lo injusto del marcador porque en el complemento Colón sacó las garras y fue en busca del partido. Y tuvo premio rápido.

Un córner desde la derecha le cayó a Guillermo Ortíz que cabeceó al segundo palo, parecía que la pelota se iba a escapar por poco pero apareció el “enviado de dios”, Wilson Morelo que se lanzó con las piernas para adelante y empujó la pelota al fondo de la red.

El tanto fue una inyección de adrenalina, convirtió en tiburones a los jugadores rojinegros que olieron la sangre del Galo y fueron convencidos a intentar conseguir el segundo tanto. El clima que generaron los hinchas desde las tribunas también ayudaron a la levantada del Sabalero que se mostraba predispuesto a no dejar que los brasileños se lleven el resultado que pretendían.

Y ese segundo gol tan deseado llegó sobre el final del partido. Y no podía ser otro que Luis “Pulga” Rodríguez. El ídolo de multitudes, la punta de lanza no del equipo Sabalero, sino del sueño que está depositado en este plantel.

En los segundos 45 minutos se vio una versión reducida de Atlético Mineiro, un equipo atado, controlado por cualquier sector y que sentía la presión de Colón. Apenas en los minutos finales del partido volvió a soltarse y poder llegar a campo rival después de mucho tiempo. La imagen que dejó Colón en el complemento es con la que debe quedarse para viajar a Brasil.

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Haber recibido un gol de local no es el panorama que ideó todo Colón, está claro. Pero la serie está abierta y quedó demostrado que cuando los de Lavallén quieren, los de Santana sufren. En la copa se ve a un equipo distinto, parece que un plantel distinto al que participa en la Superliga. Juegan los partidos internacionales con una mentalidad muy diferente a lo que lo hacen en el torneo doméstico.

Si bien esta es la segunda vez que Colón disputa unas semifinales de un certamen internacional quedó demostrado que es un equipo que saca un plus, da algo más cuando de copas se trata. Y como “Rocky”, aquel boxeador de película, si el rival es más difícil, cuando más está en desventaja al Rojinegro le gusta, crece y quiere ser protagonista. Para hacer historia, el próximo jueves Lavallén deberá llevar a este plantel, al copero, al que se muere y así se lo demuestra a su gente por alcanzar este sueño de tener una estrella bordada arriba de su escudo.

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