domingo 17 de noviembre de 2019

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Bañados rosarinos

Revista El Pato

En la ciudad Cuna de la Bandera, la pasión por el río se ve a lo largo de su costanera, en donde miles de personas diariamente aprovechan sus horas de descanso para practicar algún deporte náutico, acercarse a las playas o desarrollar la pesca deportiva. Con este último objetivo fuimos invitados para realizar una interesante pesca de tarariras en los bañados ubicados frente a Rosario.

Con el invierno, la pesca variada y hasta los pejerreyes suelen ser los imanes de los pescadores.Con la llegada del calor, los dorados, tarariras y surubíes son las presas más anheladas. En esta ocasión, y aprovechando un día de primavera con buenas condiciones climáticas, el desafío que nos planteó Lucas era recorrer los ambientes que están cerca de la ciudad para intentar, con señuelos, seducir a las taruchas.  Esta especie genera una gran convocatoria de pescadores de la región, pero también de Buenos Aires, que desean disfrutar de un día a puro pique con los plásticos o moscas. Incluso desde Uruguay llegan clientes para desafiar el pique de estas carniceras.

Con todo organizado, partimos hacia Rosario y a media mañana nos encontramos con Lucas en la bajada de lanchas. Hacia el sur se divisaban algunos nubarrones amenazantes, por lo que decidimos navegar hasta los pesqueros más cercanos, por si el clima desmejoraba.

En este sentido, Lucas nos comentaba que hay pesqueros ubicados a casi una hora de navegación, donde los rendimientos son notables, ya que muy poca gente accede a ellos. Pero en esta ocasión íbamos a hacer la nota más cerca, y en verdad no fallamos.

La ciudad que vive del río

Cruzamos el río Paraná, y fuimos navegando por la costa donde se emplazan los paradores que en el verano suelen aglutinar a miles de personas que disfrutan del río y las playas. Luego ingresamos a otro curso de agua en donde pudimos apreciar las excelentes construcciones de casas de fines de semana y paradores que se han montado para concentrar a los visitantes.

Tras una breve marcha y con mucho cuidado, ingresamos al arroyo San Marquitos. Este curso de escasa profundidad nos depositó en una costa desde donde teníamos acceso a los bañados. En la navegación disfrutamos de la vista de garzas, caranchos, biguás, nutrias y pájaros de diferentes especies que hicieron muy entretenido el viaje.

Cuando llegamos al sitio escogido, bajamos los equipos e iniciamos la caminata por un amplio terreno que suele inundarse con el río alto. Con la bajante marcada que presenta el Paraná, en medio del campo se divisan muchas lagunas repletas de aves y con vegetación acuática que seguramente sirve de refugio para las pretendidas tarariras.

Tras un buen ejercicio en las piernas, llegamos al primer espejo. Tocamos el agua y sentimos que estaba fría y que seguramente nos iba a costar despertar a las taruchas en los primeros intentos.

Armamos los equipos de baitcasting y colocamos señuelos para realizar las pruebas lanzando hacia los sectores en donde imaginamos que podían estar nuestras presas.

Lucas Santángelo utilizó una ranita de goma; Hugo y yo, Goziolures. Este últimoartificial cuenta en su interior con unas bolillas que hacen el efecto sonajero, lo que irrita a las “tarus” de una manera notable, especialmente cuando aún estáfresco o cuando la vegetación quita visibilidad a los artificiales. En estos sitios, el sonajero del señuelo suele ser vital para lograr los ataques. Por el peso del artificial, cae al agua con el anzuelo apuntando hacia arriba, lo que evita los enganches en la vegetación. La manera de recuperarlo es variable: podemos darle mayor o menos velocidad, según cómo estén de activas las Hoplias malabaricus.

Luego de varios lances logramos un ataque. “Están duras por el frío”, comentaba Lucas, quien insistía en el mismo sitio en donde logró los ataques.

Unos minutos más de tenacidad y logramos la primera captura. En mi señuelo se prendió una tarucha mediana que salió debajo de la vegetación para engullirse la Goziolurerosada.

La pelea se prolongó unos minutos debido a que, por la vegetación  que había en el lugar, tuve que esforzarme para arrimarla a la costa. Fue la primera captura de la mañana, con la que comenzó la fiesta.

Metros más alejado, Hugo tuvo un impresionante ataque en superficie. El pique errático obligó a que hiciera un par de lances más en el mismo sitio y, con la recuperación más lenta del señuelo, terminó por enganchar una verdadera bestia. Fue un excelente ejemplar que fotografiamos y que ilustra la nota con un artificial de color verde.

Luego le siguió Lucas con otra conquista, con una ranita de goma. También fuimos testigos de varios ataques erráticos, hasta que la paciencia se vio recompensada con otro lindo ejemplar.

La técnica

Para esta pesca es fundamental utilizar cañas cortas, que permitan usarlas apuntando hacia abajo, y darle pequeños golpecitos para que la ranita de goma o el Goziolure vengansaltando sobre la vegetación, simulando ser una ranita o un ratoncito. Si recuperamos sin darle movimiento a la caña, sería como traer un palito sin vida y, por lo tanto, menos efectivo.

En mi caso, utilizo un reel de bajo perfil para zurdos. ¿Por qué, si soy derecho? Como mi mano más hábil es la derecha, con ella logro darle el movimiento deseado a la caña, haciendotrabajar correctamente a los señuelos de superficie, mientras activola manivela con la mano izquierda, la menos hábil. En las fotos podrán ver cómo todos los pescadores actuamos con las puntas de la caña hacia abajo.

Muchas capturas

A medida que avanzaba la mañana, el calor comenzó a acentuarse y, por supuesto, la actividad fue en aumento. Incluso regresamos a los lugares en donde por la mañana habíamos tenido ataques fallidos, y conseguimos capturas espectaculares, con dobletes de taruchas.

Mientras efectuábamos un descanso al mediodía, conversábamos con Lucas sobre las bondades que tiene la zona para la pesca de tarariras, ya que, por la cercanía a la ciudad y la virginidad del terreno, pareciera que estamos en medio de la nada. Tras la línea de árboles que rodeaba estos ambientes podíamos divisar los edificios y el puente de Rosario.

Ya con las fuerzas recuperadas, volvimos al ruedo en otra de las lagunas apuntadas por nuestro guía. Las condiciones eran inmejorables: el viento había aflojado su intensidad y el sol les permitía más actividad a las taruchas, con lo cual cerramos una pesca divertidísima frente a la misma Cuna de la Bandera.

Volvimos con la satisfacción de haber disfrutado de una pesca muy activa, ideal para todas las edades y a solo un paso de una ciudad que tiene variados atractivos para pasar un fin de semana diferente.

Para más información entre, aquí: www.revistaelpato.com

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