viernes 22 de noviembre de 2019

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Las Trochas, el único camino clandestino hacia Venezuela

Germán de los Santos/Enviado Especial

CÚCUTA, COLOMBIA.-La frontera es un hervidero de gente, mientras sol empieza a salir con una fuerza rabiosa. Entre el griterío, que forma una especie de bullicio estable e infernal, sobresale una frase: “A San Antonio por la trocha, patrón”. Es el nombre de la ciudad que está del otro lado del río Táchira, en territorio venezolano.

Como la frontera está cerrada desde el sábado sólo se puede pasar “al otro lado”, a Venezuela, por las “trochas”, que son senderos ilegales que cruzan de lado a lado de la frontera. Se usan en tiempos de calma para aquellos que no desean hacer los trámites migratorios porque tienen algún problema legal, o simplemente no quieren esperar en colas que miden cuatro o cinco cuadras para que le sellen el pasaporte. Pero en tiempos agitados como este, cuando la frontera se cierra, la única comunicación entre los dos países, por donde pasa un promedio de 100.000 personas diariamente, son las trochas. Esta frontera de América latina es la que tiene mayor tránsito migratorio del mundo.

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Irma López, de 76 años, se aferra a la valla en la cabecera del puente Simón Bolívar, en Villa del Rosario, Cúcuta, y le pregunta al policía colombiano cuándo van a abrir la frontera. “Tengo la salida sellada en Venezuela y quiero pasar legalmente”, le explica al oficial, que le contesta que nadie sabe cuándo se levantará el cerco en la frontera, aunque la alienta de que hay versiones que dicen que Colombia permitirá pasar el miércoles.

Fernando, un joven moreno alto y flaco, vestido bermudas y una remera blanca, se acerca a la mujer y le ofrece llevarla por la trocha. Le garantiza que no le ocurrirá nada y que él le llevará la enorme valija por el camino pedregoso que conduce a Venezuela en medio de unos matorrales que miden más de dos metros y sirven de camuflaje a los que deciden pasar por ese camino ilegal.

Irma debía volver a San Cristóbal, a unos 50 kilómetros del límite, el domingo, pero después de que Venezuela decidió cerrar la frontera se las ha rebuscado como pudo, aunque se pudo pagar un hotel barato en el centro de Cúcuta. Pero ya no le queda más dinero. Los precios de Cúcuta, similares a los de Argentina, para un venezolano son altísimos. El modesto hotel le costó a esta mujer 12 dólares por noche, tres más de lo que cobra por mes de pensión.

Con amabilidad y cierto tacto, Fernando la convence. Por 15.000 pesos colombiano, unos 5 dólares, la cruzará hacia Venezuela. El camino es lento, en un peregrinar de venezolanos que buscan pasar por las trochas por estos días. El sendero está a la izquierda, a unos 50 metros del puente Simón Bolívar. “Es el único por el que se puede pasar”, apunta el muchacho moreno.

En realidad, él recomienda ir por ese camino, porque tiene los contactos y las relaciones para que a su cliente no la roben. Él paga una comisión de 5.000 pesos colombianos a los paramilitares colombianos que son los “dueños” del tráfico ilegal en esta frontera. En el puente Simón Bolívar hay seis trochas que funcionan actualmente. Fernando admite que algunas son peligrosas. Por supuesto, que la que él ofrece es un paraíso de paz y tranquilidad.

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La policía colombiana convive con este sistema informal, y lo permite. Porque los “trocheros”, gente que cruza por estos pasos, ofrecen sus servicios en las narices de los oficiales.

Cúcuta no tiene ni una sola industria de peso en la región, después del cierre de la planta de la cervecería Polar en 2015. Es una ciudad de 1,2 millones de habitantes que vive del comercio y de lo que supura de la frontera. Como si fuera un espejo, desde que se agudizó la crisis de Venezuela en 2014 la economía de Cúcuta se vio resentida. Fue la ciudad colombiana donde más subió el desempleo en 2018 cuando alcanzó el 9,5 por ciento.

Cúcuta es una ciudad que se mueve por el comercio fronterizo y es el shopping de muchos pueblos y ciudades pequeñas del departamento Norte de Santander.

José Capacho, de 56 años, un taxista que se mueve en la zona fronteriza señala que “desde que explotó crisis venezolana el trabajo bajó a la mitad”. “Porque muchos de los venezolanos cruzan con muy poco dinero a comprar lo indispensable, lo que no tienen allá, pero tiene muy poco dinero”, asegura.

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