viernes 6 de diciembre de 2019

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Crece la pobreza y cada vez más familias recurren a los comedores solidarios de Santa Fe

Aire Digital visitó el único comedor nocturno de la ciudad, ubicado en Barrio Santa Rosa de Lima, y conoció cómo se trabaja en este espacio que en el último año incrementó un 20% su demanda.

Por Loreley Duré 

Con una economía inflacionaria que parece no dar respiro, la evolución de la pobreza y la indigencia crece a pasos agigantados en Santa Fe, donde hay muchas familias que por no contar con recursos económicos para cubrir la falta de un plato de comida en sus casas concurren a diario a buscar un sustento al único comedor que funciona de noche en la ciudad, y se ubica en la vecinal Santa Rosa de Lima.

Desde hace 25 años la institución ubicada en Tucumán 4550 sostiene esta iniciativa con los ingresos que percibe del Programa Social Nutricional (Prosonu) y por las donaciones de comerciantes o particulares. Allí se reparten actualmente entre 300 y 350 raciones de lunes a viernes, un 20% más en promedio que en 2018, una cifra que no sorprende si se considera que –según datos oficiales del Indec– una familia tipo (compuesta por dos adultos y dos menores) necesitó en junio más de $31.900 para no caer en la pobreza.

Este crecimiento exponencial de asistentes a la institución se relaciona con los números que informó a finales del año pasado el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica sobre los niveles de población con inseguridad alimentaria severa en Argentina: rondaba el 7,9%. En el mismo informe se señalaba además que existen 12,7 millones de personas con carencias importantes para su vida (medición evaluada de acuerdo con el acceso a alimentos, vivienda digna, acceso educativo, empleo, seguridad social, condiciones ambientales y servicios básicos).

“La pérdida de las changas en los últimos tiempos resultó ser un gran detonante para la mayoría de los habitantes de este barrio”, explicó en diálogo con Aire Digital Miguel Verón, el presidente de esta institución, quien aseguró que actualmente asisten al comedor vecinos que “siempre tuvieron con qué rebuscárselas, pero que ahora no tienen nada”.

Miguel Verón comedor comunitario santa rosa de lima

Miguel Verón, presidente de la vecinal Santa Rosa de Lima (Foto: Maiquel Torcatt / Aire Digital)

“Muchos han venido con vergüenza a pedirnos anotarse y acá lo que menos queremos es que se sientan así. Las puertas del comedor están abiertas para todos, nuestro objetivo siempre fue ayudar a los más chicos, pero la realidad hizo que cada vez vengan familias completas; y no solo de Santa Rosa de Lima, sino también de barrios aledaños como Villa Oculta, 12 de Octubre y Barranquitas“, dijo.

Las recetas que se preparan en el comedor, en general, buscan cubrir los requerimientos calóricos y proteicos de los asistentes, respondiendo a los ingredientes con los que se cuentan, las condiciones climáticas y también el gusto de los comensales.

“Decidimos en general variar entre menúes con salsa y frituras con guarnición, porque es lo más fácil de concretar, teniendo en cuenta los volúmenes de alimento que hay que manejar”, explicó Paola Jumilla, una de las voluntarias que está a cargo de la cocina, junto con unos doce vecinos más que manejan el trabajo de coordinación y limpieza del espacio, desde la mitad de la tarde y hasta pasada la medianoche.

Paola Jumilla comedor comunitario santa rosa de lima

Paola Jumilla es una de las voluntarias que trabajan en la cocina del comedor nocturno (Foto: Maiquel Torcatt / Aire Digital)

Sobre los voluntarios, Verón precisó que “son jóvenes del barrio que les gusta ayudar y que lo único que reciben a cambio es la misma ración de comida que se le entrega a los demás”. Y agregó que muchos de ellos incluso no tienen trabajo remunerado y están afectados con las mismas carencias que el resto.

Paola, hoy encargada de cocina, trabajó desde los inicios del comedor en la vecinal Santa Rosa de Lima, “cuando la búsqueda de insumos se realizaba casa por casa y los asistentes cada noche eran cerca de treinta”.

“Este barrio siempre tuvo necesidades, pero lamentablemente con el correr de los años hemos visto agravarse la situación notablemente”, dijo y agregó: “En mi caso particular comencé joven por gusto a dar una mano y lo hago por lo mismo y también porque se me hace cada vez más difícil lucharla sola con la falta de oportunidades”.

Néstor Pérez, otro vecino que trabaja en el espacio contó una historia parecida, detallando que en su caso particular fue una experiencia emocional producto de un problema de salud el que lo llevo al espacio a trabajar.

Para Néstor Pérez, ser voluntario en el comedor significa mucho más que colaborar con la preparación de un plato (Foto: Maiquel Torcatt / Aire Digital)

“Por una enfermedad estuve ciego mucho tiempo y eso me hizo darme cuenta de muchas cosas, me enseñó a valorar otras y me impulsó acá. Ayudar me hace bien y sé que también con esto puedo provocar lo mismo en los demás“, explicó.

Natalia Reinglestein es otra de las colaboradoras que se animó a hablar con Aire Digital para rescatar la gran demanda de niños que asisten. “Son muchos y tienen muchas necesidades”, puntualizó. En este sentido la mujer hizo foco en ropero que tienen en la vecinal e instó a la comunidad a llevar donaciones de indumentaria y calzado, sobre todo.

Por último, Aldana Barrero -una de las más jóvenes del equipo- destacó la apertura que tiene la vecinal a nuevas actividades e invitó a los que quieran acercarse a conocerla a visitarlos.

Natalia Reinglestein y Aldana Barrero hicieron hincapié en la importancia de la solidaridad. (Fotos: Maiquel Torcatt / Aire Digital)

Para contactarse con este comedor para entregar donaciones (de alimentos frescos, no perecederos, indumentaria o calzado), los interesados pueden contactarse con el celular 3424731791.

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