jueves 14 de noviembre de 2019

Internacionales | Aire en Ecuador

Quito y Santiago: la explosión social por la fragilidad de las ciudades

En Ecuador las protestas surgieron por la suba de los combustibles. Y en la capital chilena por el incremento del transporte. El problema de la movilidad es el karma de las urbes.

Por Germán de los Santos

Toda la trama social se resquebraja y explota por la parte más simple en América latina. Quito quedó en llamas durante 12 días, luego de que el presidente Lenin Moreno eliminara los subsidios a los combustibles, por pedido del FMI, algo que disparó lo precios de la nafta y el gasoil y ese incremento se derramó en el resto de los precios.

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El viernes Chile declaró el estado de excepción y sacó las fuerzas armadas a la calle por las protestas incontenibles que generó en Santiago un aumento del metro. La fragilidad social de las grandes ciudades no resiste ningún cambio que sea para peor. Aunque con contextos diferentes los dos casos tienen como puntos en común que las medidas que dispararon las protestas modificaron la ajustada vida en las ciudades, donde moverse de un lado a otro para ir a trabajar es el principal problema que enfrentan, porque la gente vive cada vez más alejada, y en las periferias de los centros urbanos, porque, por un lado, las urbes están colapsadas y el precio de una vivienda es impagable para un trabajador.

Las protestas en Chile. (AFP)

Por ejemplo, en Quito los ecuatorianos de clase media tienen dos autos. No por una cuestión ampulosa, sino debido a que durante los días de semana hay restricciones, a través de un sistema por los números de patente, y con un solo vehículo esa persona no puede ir todos los días a su trabajo. Desde los valles, que es la periferia de Quito, en transporte público en hora pico se puede tarde más de una hora y media. El aumento de los combustibles de 1,85 dólares a 2,70 es demoledor para el bolsillo de un ecuatoriano medio que en promedio cobra entre 500 y 800 dólares por mes.

Movilizarse desde un lado a otro en el conurbano de Quito es el principal gasto mensual que tiene un trabajador. Pero también mantener el precio del combustible es uno de las erogaciones más elevadas para el gobierno. Ecuador gastó en subsidios a los combustibles 54.269 millones de dólares entre 2005 y 2018. Es el equivalente al 50% del PIB y que llega prácticamente al total de la deuda externa actual.

Pero las protestas y un país colapsado como ocurrió la semana pasada le provocó al gobierno no sólo un desgaste político irrecuperable sino también un rojo en las cuentas monumental. Como publicó esta semana Aire de Santa Fe, la consecuencia económica del conflicto fue de 2800 millones de dólares, debido a que durante 12 días el país estuvo paralizado y en llamas.

Las protestas en Ecuador. (Foto: EFE)

El panorama para América latina no es halagador, de acuerdo al último informe de la Cepal, que calcula que los países sudamericanos crecerán este año apenas el 0,2 por ciento. La región está prácticamente en recesión frente a una trama social que está más que activa.

En Chile, un país que muchos economistas liberales ponen como modelo de estabilidad económica, el incremento del precio del metro y los colectivos encendió la ira de los chilenos que usan ese servicio público clave, que ha sido siempre mostrado como un ejemplo de eficiencia, luego de que el pasaje de subte se incrementara a 1,1 dólares.

Desde el lunes pasado cuando el incremento empezó a correr espontáneamente y a través de las redes sociales los chilenos decidieron saltar los molinetes para expresar su rechazo al aumento, pero esa medida terminó el viernes en varias calles de Santiago incendiadas por la protesta, y el gobierno de Antonio Piñera declaró el estado de excepción y sacó las tropas a la calle. Algo similar ocurrió la semana pasada en Quito cuando las protestas por la suba de los combustibles terminaron con la ciudad en Estado de sitio.

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