martes 12 de noviembre de 2019

Internacionales | Aire en Ecuador

La prensa en la mira: 137 periodistas fueron agredidos en Ecuador desde que empezó la revuelta

César Ricaurte, director de Fundamedios, dijo que “es imprescindible que la justicia investigue estos hechos de agresión contra periodistas porque no deben quedar impunes”.

Por Germán de los Santos

La mujer llevaba el rostro tapado con una remera negra y lo poco que se veía de su cara estaba ennegrecido por el hollín de las cubiertas en llamas que estaban a su espalda. Ella era uno de los manifestantes que encabezaba el piquete más grandes en Quevedo, una ciudad que está en el medio de la ruta entre Guayaquil y Quito que recorrimos en una camioneta ese domingo en medio del caos de la protesta que a la medianoche finalizó.

La ruta estaba cortada con montañas de tierra y árboles que estaban incendiados junto con las cubiertas de tractor. Como habíamos quedado bloqueados otra vez en esa ruta comencé a filmar y sacar fotos de la protesta. Esa simple acción enardeció a los manifestantes. Era el único periodista que estaba en Quevedo, en el interior profundo de Ecuador. La mujer me vio y me fue a buscar enardecida. “Dame ese teléfono. Yo te voy a borrar las fotos que sacaste”, advirtió y trató de manotear el celular, pero no lo pudo lograr.

Le expliqué, con calma, que era periodista argentino y que no estaba haciendo nada malo, porque mi trabajo era reflejar las protestas que habían estallado en Ecuador el 3 de octubre pasado. “Tus fotos después pasan al gobierno, que después nos persigue. Nos encarcela y nos reprime”, me respondió a los gritos, con una voz cascada por el humo. Otros manifestante se sumaron a la voz altisonante de la mujer, que parecía liderar ese piquete. Y me rodearon. Seguí, en calma, con mi explicación, que era periodista argentino y que no tenía nada que ver con el gobierno de Ecuador ni con otro que se le parezca. Y repetí que no iba a borrar nada. No lo hice en tono desafiante, ni con un semblante de guapo, sino firme pero de manera educada.

Esa situación se repitió en otras barricadas que bloqueaban las rutas ecuatorianas, que estaban encendidas en ese momento previo a que el gobierno diera marcha atrás con el decreto que había eliminado los subsidios a los combustibles, el germen de la discordia en Ecuador.

No sufrí ningún tipo de agresión física, pero me llamó la atención el nivel de virulencia que había contra los periodistas, entre gente que es amable y cordial fuera de ese escenario caótico. César Ricaurte, director de Fundamedios, una organización que lucha por la libertad de expresión en Ecuador, explicó -en diálogo con Aire de Santa Fe– que 137 trabajadores de prensa fueron blanco de distintos tipos de agresión física y verbal durante la protesta que se extendió durante 11 días.

Hay dos casos que fueron los más graves, según contó Ricaurte, como una especie de “secuestro” que sufrieron 32 periodistas en la Casa de la Cultura, cuando fueron retenidos por los dirigentes indígenas, que los hicieron subir a un escenario para que el resto de los manifestantes los insultaran.

El otro caso fue la agresión demencial que sufrió el periodista de Teleamazonas Freddy Paredes, a quien un manifestante le azotó un piedrazo en la cabeza desde una distancia menor a un metro. El cronista hizo una denuncia por intento de homicidio.

“Es imprescindible que la justicia investigue estos hechos de agresión contra periodistas porque no deben quedar impunes”, afirmó el director de Fundamedios.

Ricaurte consideró que esta violencia hacia los medios de prensa que se vivió durante la extensa protesta en Ecuador tuvo su germen durante la década en la que gestionó Rafael Correa, quien tuvo y lo sigue teniendo un papel repulsivo hacia los medios y los periodistas. Su último acto de gobierno en Guayaquil consistió en romper un diario frente a los militantes de Revolución Ciudadana. El expresidente, según relevó Fundamedios, rompió nueve periódicos en actos públicos. “En el programa que Correa tenía los sábados en televisión escrachaba a los periodistas opositores con nombre y apellido y les decía a la gente: ustedes saben lo que tienen que hacer”.

Ricaurte está convencido que toda esa década de correísmo fue clave para sembrar la idea de que los periodistas son los enemigos. Y eso se cristalizó en las protestas que terminaron el lunes a la madrugada.

No se puede criticar a los periodistas a palazos”, aseguró el director de Fundamedios, quien exigió a la clase política condenar estas agresiones a la prensa, algo que debe ser el inicio para después poder conversar luego sobre las críticas que se pueden hacer al trabajo periodístico.

Ricaurte señaló que ese mito que sobrevoló en las protestas, que advertía que el material que obtenían los periodistas después servía para que el gobierno identificara a los manifestantes y después los detuviera, fue real en la época en que gobernaba Correa, que entrecruzó los servicios de inteligencia con el sistema de medios paraestatal integrado por 45 empresas y organizaciones.

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