Amazonas: el “pulmón del planeta” arde entre la explotación productiva y la inacción del gobierno brasileño

Las consecuencias que tendrán a corto, mediano y largo plazo los incendios que consumen la principal zona verde del mundo son aún imposibles de mesurar. Dos especialistas dialogaron con Aire Digital y coincidieron en que detrás de la catástrofe hay una combinación de factores económicos y políticos.


Por Andrea Romanos

La Amazonia brasileña se consume en llamas a un ritmo vertiginoso. En los primeros ocho meses del 2019 se produjo un 84% más de incendios en la región que durante el mismo periodo el año pasado. Este es el ritmo más alto desde que el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) comenzó la medición en 2013.

Aunque los ojos del mundo se posaron en los incendios del Amazonas recién esta semana, estos son “un fenómeno frecuente”, según explica Fernando Miñarro, Director de Conservación de la ONG Vida Silvestre, porque la práctica de la quema “está ligada a la deforestación para favorecer la expansión de la actividad agropecuaria”.

“Es una manera económica y rápida de poder sacar el bosque de en medio para poder avanzar con la agricultura y la ganadería”, cuenta Miñarro a Aire Digital. De hecho, el Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia (INPA), en Brasil, monitorea la práctica de los incendios y concluye que es algo que se da todos los años, especialmente en esta época.

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Un asunto político

Lo que ocurre ahora es que la extensión de los fuegos es más feroz y ataca áreas más grandes, lo cual para muchos tiene que ver con la política pública del nuevo gobierno de Brasil.

“Bolsonaro dejó claro que no tiene ningún interés en llevar adelante políticas de conservación”, observa Miñarro, “con lo cual se produjo un relajamiento de las políticas de control ambientales que favorecieron que el sector productivo pueda avanzar de una manera más agresiva”.

Por otro lado, en las últimas semanas Alemania y Noruega recortaron los fondos que aportan para proteger la Amazonia. Alemania fue el primero en suspender una de sus contribuciones, y ahora debate revisar su contribución. Poco después le siguió Noruega, el mayor donante, congelando la aportación de 30 millones.

Ambos se negaron a continuar contribuyendo al Fondo Amazonas, el mecanismo de cooperación internacional que más recursos ha aportado para reducir los gases de efecto invernadero por la deforestación, bajo las condiciones actuales. A la vista del aumento de las deforestaciones, ambos países están revisando su inversión.

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Jair Bolsonaro, presidente de Brasil.

 

¿Por qué es tan alarmante el incendio?

La Amazonia es la selva tropical más importante del mundo, un pulmón verde para el planeta que le presta una diversidad importante de servicios ambientales y ecosistémicos.

Por ejemplo, la selva amazónica guarda un 17% del agua dulce mundial, y cada año se vierten 219.000 centímetros cúbicos de agua dulce al océano atlántico. “Una selva amazónica deforestada, donde ya no estén los árboles para absorber las lluvias y permitir la filtración de ese agua, generaría procesos de contaminación muy fuertes”, advierte Miñarro.

El bosque de la amazonia también representa un 10% de la reserva mundial de carbono almacenado, muy importante en el contexto del cambio climático. Sin ella, incurriríamos en una emisión de gases de efecto invernadero mucho mayor.

Además de todo ello, lamenta Miñarro, “la pérdida de la biodiversidad sería enorme”. “Hay una gran variedad de animales y plantas que desaparecerían que aún no han sido siquiera descubiertos por la ciencia. Cuando perdemos eso perdemos acceso a información muy importante, por ejemplo a la hora de producir medicinas: la naturaleza siempre fue la base para nuevos desarrollos”.

“Una vez que arde un área los efectos son muy profundos y es extremadamente difícil conseguir reestablecer sus condiciones originales, todo queda afectado en el ecosistema”, corrobora Adalberto Val, investigador del Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia (INPA).

Cerca de la región amazónica viven 40 millones de habitantes, y alrededor de 300 pueblos indígenas que ya están sufriendo las consecuencias de las llamas. Algunos tuvieron de huír de sus tierras debido a los incendios y otros han sufrido problemas respiratorios a causa del fuego. “La catástrofe no es solo un problema medioambiental global, también lo es de salud”, opina el investigador.

 

 

¿Es legítimo atribuir el desastre al cambio climático?

En el contexto del cambio climático, ¿se podría decir que el fenómeno ayuda a que haya más focos de incendios? Para los expertos, atribuir el aumento de los desastres naturales es inexacto. Según las investigaciones que se llevaron a cabo este año, el rango de región seca está dentro de lo normal y es menor que otros años.

“La mayor parte de los más de 72.000 focos de incendios que sufrió el Amazonas este año son resultado de la acción del hombre, de eso no hay duda”, comenta Adalberto Val. “Por supuesto algunos están bajo control, y otros están consumiendo superficies de terreno muy extensas y la respuesta de las autoridades está siendo muy lenta”.

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Zona amazónica deforestada.

 

La Argentina usa prácticas similares

“En el proceso de elecciones que estamos atravesando en la Argentina es cuanto menos sorprendente que los partidos políticos no estén hablando de temas ambientales”, se queja Miñarro. Sobretodo porque, según explica, “acá no somos ajenos a la deforestación”.

El Gran Chaco Americano, la segunda masa boscosa más importante de América Latina después del Amazonas, se somete regularmente a los mismos procesos de incendios para la deforestación que la selva brasileña que ahora arde en llamas. Aunque su alcance abarca partes de Bolivia, Paraguay y, en menor medida, Brasil, la mayor parte de su extensión se encuentra en territorio argentino.

Miñarro opina que poco podemos contribuir a nivel individual para revertir estas prácticas. “Lo que sí se debe hacer es mobilizarse y protestar para que los gobiernos y los estados tomen las decisiones que hay que tomar”.

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El Gran Chaco Americano, otra región afectada por la deforestación.

Por ejemplo, denuncia que en términos de políticas medioambientales, en nuestro país existe la Ley de Bosques destinada a la protección y conservación de áreas naturales, con un presupuesto reglamentado, que se incumple sistemáticamente. Recién 10 años después de su aprobación, el presupuesto alcanza poco más del 10% de lo que debería.

“Como la Ley de Bosques, existen una gran cantidad de acuerdos internacionales, como el que se alcanzó en París en 2016, que establecen líneas claras de actuación. Lo que hace falta es que esos compromisos se cumplan”, concluye Miñarro.

► Mirá aquí el documental que Aire Digital y Andrés Repetto hicieron sobre el Gran Chaco Americano

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