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Alejandro Biondini: “Hitler creó un montón de fuentes de trabajo”

Biondini

El domingo pasado estalló un verdadero escándalo cuando trascendió, a partir de una nota publicada, que el Estado argentino le otorgaría alrededor de 20 millones de pesos al Frente Patriota Bandera Vecinal del dirigente nazi Alejandro Biondini para participar en las próximas PASO. La cifra equivalía a la que van a percibir, juntos, Cambiemos, Unidad Ciudadana, 1 País y Cumplir. El truco consiste en en que en julio de 2015, la Corte Suprema de Justicia determinó que el Estado debe financiar el costo de una boleta por elector para cada uno de los precandidatos que compitan en un mismo frente. Y Biondini inscribió en la provincia de Buenos Aires siete listas, seis para senador y una para diputados. Una “avivada”, ya que no parece sencillo controlar que efectivamente vaya a imprimir semejante cantidad de boletas.

Biondini

El hecho se zanjó cuando el Gobierno -a través de Adrián Pérez, secretario de asuntos Políticos del ministerio de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior- notificó que le daría dinero para una sola lista. “No vamos a permitir las avivadas”, señaló. El problema es que en el caso de Biondini no se trata sólo de una avivada, sino de la avivada de un nazi. Tal vez este episodio permita preguntarse nuevamente qué hace la democracia ante un personaje semejante. El dilema es claro: la pregunta es si permitirle presentarse en elecciones libres es, al fin y al cabo una manera de contenerlo y no convertirlo en mártir, o si, por el contrario, no debe haber libertad para permitir la circulación de ideas que atentan contra la libertad.

En julio del año pasado, los nazis entraron por primera vez a la Casa Rosada: dos militantes de la Juventud de Bandera Vecinal participaron de una reunión del Gobierno con las juventudes políticas en la cual estuvieron presentes el jefe de Gabinete, Marcos Peña, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y el subsecretario de la Juventud, Piter Robledo, que fue quien los invitó a la reunión. El 8 de marzo pasado, el joven Agustín Montagut provocó a las militantes feministas que marchaban en ocasión del Paro internacional de mujeres. Luego se supo que Montagut militaba en Bandera Vecinal y que era empleado del ministerio de Seguridad.

Los tres episodios son inquietantes, al igual que los hechos de violencia contra jóvenes homosexuales y militantes feministas protagonizados en Mar del Plata por las patotas de Carlos Pampillón, dirigente del llamado Fonapa (Foro Nacional Patriótico) vinculado al intendente del Pro Carlos Arroyo y al propio Biondini.

¿Qué hace la democracia para preservarse de los nazis? ¿Y cómo determina que lo son? En su actual programa partidario, Biondini aparece como un nacionalista de extrema derecha, pero no se reivindica como nazi. El tema es que sus antecedentes lo venden. En junio del 2014, el juez Ariel Lijo habilitó a Bandera Vecinal, su partido político, para competir electoralmente. La medida fue muy criticada desde diferentes sectores de la política argentina, pero hasta el momento permanece firme.

En 2005, Biondini intentó sin éxito inscribir su Partido Nuevo Triunfo en la justicia electoral. Por aquel entonces, las referencias abiertamente nazis de su movimiento eran mucho más ostensibles que ahora: de hecho, saludaba con el brazo en alto a sus seguidores y pretendía usar la cruz esvástica como el signo de su partido. Biondini apeló la medida y el asunto llegó hasta la Corte Suprema de Justicia, que terminó fallando en su contra.

Antes de que la Corte fallara, la Asociación de Derechos Civiles me encargó para su futura revista una entrevista a Biondini, que se complementaría con una extensa serie de consultas a referentes de la comunidad judía, del Derecho y de los Derechos Humanos. La idea era preguntarse esto mismo que 12 años después la democracia argentina vuelve a preguntarse: qué hace el Estado de Derecho con los nazis. La revista no salió nunca y la nota permaneció inédita, hasta ahora. Hoy aquellas consultas de entonces adquirieron una vigencia inusitada. Y los dichos de Biondini me siguen provocando tantos escalofríos como entonces. Las preguntas que planteaba siguen vigentes y el personaje sigue acechando.

La nota original

Este hombre desconfía del Holocausto, saluda con el brazo en alto a sus partidarios, le pidió a la Justicia que lo autorizara a usar la cruz esvástica, estuvo preso por violar la Ley Antidiscriminatoria, reivindica el “nacionalismo social” y la política económica de Hitler y dice que no es nazi. Este hombre dirige el Partido Nuevo Triunfo (PNT), que pretende, desde 1990, presentarse a elecciones. La Justicia electoral y la Cámara Nacional Electoral no se lo han permitido hasta el momento. El propio Presidente Néstor Kirchner se manifestó en contra de permitírselo. Alejandro Biondini presentó un recurso extraordinario ante la Corte Suprema de la Nación, que deberá expedirse a favor en contra de los derechos del PNT a participar en comicios. “La democracia se pone a prueba con las minorías radicales. Con los que piensan más o menos lo mismo es fácil ser democrático”, dice el propio Biondini. “Yo soy hijo de sobrevivientes del Holocausto. Sé en qué derivan estas cosas. Nadie que tenga los antecedentes, la forma y el discurso que tienen Biondini y compañía debería ser permitido en este país”, opina el rabino Daniel Goldman. Aquí se brindan algunos elementos acerca de Biondini, sus ideas, el movimiento en cuestión y la causa judicial en trámite, y se exponen algunos argumentos a favor y en contra de su derecho a la participación electoral y las posibles consecuencias de la decisión de la Corte sobre la democracia argentina.

ACCIÓN CIUDADANA

El 23 de octubre de 2005, un pequeño partido denominado Acción Ciudadana, vinculado con el ex coronel carapintada Mohammed Alí Seineldín, participó en las elecciones nacionales, en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires. A la cabeza de la lista de legisladores porteños iba Alejandro César Biondini, el hijo del líder del PNT. En el segundo puesto de la lista de diputados nacionales iba Alicia Quinodoz, la esposa de Alejandro Biondini y la madre de Alejandro César. La comunidad judía interpretó la presentación de Acción Ciudadana como un sencillo subterfugio para burlar la proscripción del PNT. La Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) se presentó ante el ministerio de Justicia para preguntar si existía algún resquicio legal que permitiera evitar la participación de Acción Ciudadana en los comicios. Al no encontrarlo, la Daia y algunos medios de comunicación de la comunidad como la FM Jai, se lanzaron a una campaña de concientización de la opinión pública para repudiar y denunciar a Acción Ciudadana, de la cual se hicieron eco algunos medios de circulación nacional, como el diario Página/12, a través del periodista Raúl Kollman, y el canal América, a través del periodista Samuel ‘Chiche’ Gelblung. Acción Ciudadana obtuvo apenas 3.800 votos en los comicios, lo cual puede interpretarse o bien como un rotundo éxito de la estrategia de la Daia, o bien como un esfuerzo desmesurado y contraproducente que le regaló centimetraje en los diarios y segundos en la tevé a un movimiento que no representa a casi nadie.

BIONDINI

Alejandro Biondini está sentado en su despacho en la sede de Acción Ciudadana. Una bandera argentina y otra con el escudo de la ciudad de Buenos Aires flanquean su escritorio. De las paredes cuelgan retratos de San Martín, Rosas y Eva Perón y dibujos de figuras vikingas. Es un hombre alto, corpulento, viste de traje gris y dice que su partido está proscripto y que las proscripciones son un drama para la libertad de expresión y las libertades públicas, y que son hechos de tremenda gravedad institucional, en tanto los partidos políticos son pilares del sistema democrático. Dice que la sentencia de la Cámara Nacional Electoral los hizo a él y a su partido “ser lo que no somos, admirar lo que no admiramos, defender lo que no defendemos” y que su partido “condena cualquier forma de racismo o de antisemitismo “, y que también condena “la violación de los derechos humanos en el estado de Israel, la violación sistemática de los derechos del pueblo palestino, como también la hemos condenado en otros lados. Ahora, si alguien quiere asociar con el antisemitismo nuestra postura contra el sionismo, contra la política de Israel, con el antisemitismo, hace una asociación perversa.” El fallo de la Cámara Nacional Electoral, sin embargo, no alude a las posiciones de Biondini y su movimiento respecto de la política exterior israelí, sino a su pedido de legalizar la cruz esvástica, a su celebración del natalicio de Adolf Hitler, a la denominación Partido Nacionalista Socialista de los Trabajadores (equivalente a “Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes”, tal el nombre completo del partido nazi”) que reclamó para su movimiento, a su relativización del Holocausto y a su propuesta, escrita en el programa del PNT que presentó para su legalización, de desmantelar la “red homosexual y drogadicta”, cuyas supuestas características no se describen. Durante dos horas de entrevista con el autor de esta nota, Biondini se defenderá como puede de los cargos que se le imputan y dejará muchas dudas respecto de su declamada condena al racismo y al antisemitismo.

En su menjunje “nacionalista”, Biondini reivindica la línea San Martín-Rosas-Perón.

SLONIMSQUI Y LA LEY ANTIDISCRIMINATORIA

El doctor Pablo Slonimsqui es uno de los mayores especialistas argentinos en el abordaje del derecho penal respecto de los episodios de discriminación. Slonimsqui es el abogado del centro Simon Wiesenthal y el autor de los libros La ley antidiscriminatoria (2001), Derecho penal antidiscriminatorio (2002) y Estudios sobre discriminación y xenofobia (2003, este último en coautoría con Jorge Luis Ballestero). Conocedor de los antecedentes de Biondini –tanto en La ley… como en Estudios hay artículos relacionados con su historia y sus antecedentes judiciales– Slonimsqui considera ampliamente probada la filiación nazi del dirigente y de su PNT y prefiere concentrar el debate en dos ejes centrales:

“La participación de Acción Ciudadana en las elecciones de 2005 demuestra ni más ni menos que la imposibilidad del derecho para combatir este tipo de fenómenos políticos. Por medio de un rulo muy sencillo, que consistió en hacer una negociación con otro partido político, Biondini presentó a su esposa y a su hijo como candidatos, con lo cual mostró los límites del andamiaje jurídico.”

“¿Cuál es el trato que el tolerante debe darle al intolerante: censurarlo a priori o dejarlo fluir hasta que cometa una conducta antijurídica que te autorice a perseguirlo? Es complicado, porque uno puede plantearse dejarlo hacer hasta que cometa un acto de violencia o algo que permita algún tipo de persecución legal o de censura, y cuando el otro lo hace, ya es demasiado tarde…”

Jean Marie Le Pen, líder del Frente Nacional francés: Slonimsqui advierte que haberlo metido preso potenció su carrera política.

–La Ley Antidiscriminatoria –explica Slonimsqui– no se propone reprimir expresiones aisladas, actos de intolerancia que pueden ser repugnantes pero que no van más allá del ejercicio de la libertad de expresión. El espíritu de La Ley consiste en evitar el genocidio, pararlo de raíz. La ley, entonces, adelanta las barreras punitivas con el fin de evitar que se genere un clima hostil contra minorías. Entonces, cuando uno lleva a juicio a un personaje de estas características, entra en una cuestión delicada, porque la persecución y los pleitos judiciales le dan a estos tipos una propaganda que no tendrían de otra manera. El propio Hitler la aprovechó muy bien en su época. Entonces, al perseguir a un Biondini, uno termina brindándole a todos los racistas que están desperdigados por el país un referente bajo el cual aglutinarse. Los juicios de estas características les sirven como plataforma de lanzamiento a estos líderes. Desde una perspectiva político-ideológica totalmente diferente por infinidad de razones, recordemos que a Fidel Castro no lo conocía nadie, y que cuando tomó el cuartel de la Moncada le hicieron un juicio, en el cual se lució como orador y se proyectó su popularidad. En Francia, Jean Marie Le Pen era un personaje menor, lo condenaron a prisión y a partir de allí logró índices de popularidad insospechados. Generalmente, los líderes antisistema suelen surgir por el voto de protesta, de la disconformidad, la antipolítica. Yo me cuestiono si hay que hacer algo con Biondini, porque no lo conoce nadie y en las elecciones sacó el 0, algo por ciento, menos votos que Moria Casán. Entonces no sé si no es más conveniente dejarlo que vaya solo por el mundo, para no generarle un mártir a los círculos ideologizados que lo siguen.

–En su defensa, Biondini dice que le cuestionan el antisemitismo, pero que cuando presenta una plataforma electoral que no tiene nada que ver con eso, lo acusan de estar camuflándose, y que entonces haga lo que haga no le van a permitir presentarse a elecciones…

–Es un planteo que no tiene una solución lógica, me parece. “Sabemos que sos un nazi. Si presentás una plataforma encubierta, no te lo vamos a creer: vamos a seguir diciendo cuál es la que creemos que es la real, y la real no te la vamos a aprobar nunca, nunca te vamos a legitimar como candidato en ninguna de las dos situaciones…” Es así. Biondini está proscripto… Va a tener que hacer un gran esfuerzo para que le creamos…

Pegatina de un acto de Biondini con la cruz esvástica en la zona de Tribunales.

“Hay que disociar a la cruz esvástica de cualquier hecho horroroso

BIONDINI II

–Hay que disociar a la cruz esvástica de cualquier hecho horroroso –propone Biondini, como si fuera tan sencillo. Es un signo solar que data de la edad de piedra: se usó en la India, se usó en la China… Yo soy un interesado en la cultura de Oriente y me interesó por ese motivo…

–Convengamos que como estrategia de marketing para un movimiento político, si usted no quiere que no lo confundan con un nazi parece extraño que elija la esvástica como su logo…

–Después de 14 años, acepto que fue un error político, aunque considero que es un acto de oscurantismo cultural negarme su uso…

–¿Y usted, a su vez, pretendió bautizar a su partido como Nacional Socialista?

–No, es un error. El nombre era Partido Nacionalista Socialista de los Trabajadores (N de la R: el NSDAP alemán se llamaba, en castellano, Partido Nacional Socialista de los Trabajadores). Nosotros creemos que es necesaria una síntesis del movimiento nacional. Comparto en gran medida los valores religiosos, morales, del nacionalismo, pero sé que ha tenido un gran componente gorila, oligárquico, apartado de las necesidades reales de la gente. Por otro lado el socialismo argentino ha sido siempre muy dogmático, muy integrado a doctrinas extranjeras y ha descuidado valores de nuestro pueblo. Desde mi perspectiva, sería necesaria una nueva etapa del movimiento nacional: por eso reivindicamos a San Martín, Rosas, a Yrigoyen y a Perón, y queremos que esos valores confluyan en lo que llamamos “Nacionalismo Social”.

Cadáveres en el campo de concentración de Buchenwald: para Biondini, el Holocausto no tuvo lugar.

–Yo he leído declaraciones suyas en las que afirmaba que el Holocausto era una aberración histórica…

–No, por empezar, yo no soy historiador. Lo que dije es que me llamaba la atención es que las principales cabezas, los principales voceros de este movimiento revisionista que plantea ópticas diferentes respecto de la Segunda Guerra Mundial sean judíos, como Noam Chomsky, que es una personalidad internacional (N de la R.: la acusación de “negador del Holocausto” contra Chomsky es una falacia relacionada con el hecho de que el lingüista norteamericano defendió el derecho a la libertad de expresión del historiador “revisionista” francés Robert Faurisson. El propio Chomsky escribió: “Mi opinión ha sido establecida claramente: el Holocausto fue la mayor atrocidad de la Historia de la Humanidad, y perdemos nuestra humanidad si siquiera tratamos de entrar a debatir con los que buscan negar o minimizar los crímenes nazis ”), como Norman Finkelstein, que tuvo enfrentamientos con Simon Wiesenthal: se trata de gente que viene de la oposición al régimen nazi, y estas son opiniones estrictamente personales no opiniones partidarias, en fin, me llamaba la atención que por qué esta gente había armado un movimiento internacional diciendo que los hechos de la Segunda Guerra Mundial habían sido distintos. Pero no son opiniones mías: siempre en la vida hay que escuchar las dos campanas. Hice ese comentario, ahora: ¿por qué se traduce como un comentario antisemita? Sólo comento las apreciaciones de dirigentes judíos y antinazis que dicen que algunas cosas pasaron de otra manera. Tampoco es un tema que forme parte de mis intereses ni de mis actividades. Lo que pasa es que este estado de locura que plantean algunos sectores hasta mí no es un tema personal. Daniel Barenboim, un destacado músico judío, ha tenido millones de problemas porque no le dejan tocar Wagner en Israel. Acá ha habido presentaciones de la Daia cuando se presentó la película La Pasión de Cristo…

– Barenboim no duda del Holocausto como usted…

–No, se lo quiere prohibir por pasar la música de un compositor muerto antes que naciera Hitler…

–Está bien, pero aquí no estamos hablando sobre las convicciones de Barenboim sino sobre las suyas…

–Yo soy un neófito en el tema. No tengo una opinión personal. Lo que a mí me llamó la atención son esas opiniones, pero bueno, tendrán que ser los investigadores lo que tengan la opinión final…

–Qué es.lo que usted llama “la otra campana”?

–En el libro La industria del Holocausto, Finkelstein niega la existencia de cámaras de gas. A mí me llama la atención. A eso me refiero. Lo que digo es que no es mi opinión personal: simplemente me llama la atención. Lo peligroso es que se instale el delito de libertad de opinión, que uno sea penalizado por la opinión que sea. La famosa cita de Bertolt Brecht se puede usar para cualquier lado…

“El brazo en alto es el saludo histórico nacionalista. Con el mismo criterio habría que prohibir la cruz cristiana porque existió la Santa Inquisición

–¿Por qué saluda con el brazo en alto?

–Es el saludo romano, lo usan los miembros de siete partidos falangistas legalizados en España, lo usaban aquí las comunidades aborígenes. Es nuestro estilo, el estilo nacionalista. Reivindicamos nuestro saludo y estamos orgullosos de él. No tenemos por qué hacernos cargo de los fantasmas de otros. Con el mismo criterio habría que prohibir la cruz porque existió la Santa Inquisición. El brazo en alto es el saludo histórico del nacionalismo. Vemos por la calle encapuchados con una chaqueta amarilla que dice “Seguridad” y un palo en la mano y resulta que les molesta nuestro saludo. Eso institucionalmente es mucho más grave. Si yo fuera nazi, lo diría. El tema es que no lo soy. No tengo ningún tipo de admiración ni de germanofilia ni de subordinación cultural de ninguna índole hacia Hitler ni hacia Mussolini. Me reconozco continuador de una línea de nacionalismo argentino.

Eugenio Zaffaroni: “la acumulación de tantos elementos simbólicos del nazismo no puede ser una coincidencia”.

LA OPINIÓN DE ZAFFARONI

Si Biondini no es un nazi, se le parece bastante. Si es cierto que, como el mismo dice, en los últimos años evolucionó hacia posturas políticas más moderadas, aterra pensar cómo sería en la época más radical de su vida: en 1991, por ejemplo, cuando fue detenido y estuvo preso 200 días por haber ordenado una pegatina de afiches con la cruz esvástica y por habérsele encontrado “documentación hostil a los judíos”. Entre las jueces de la Corte Suprema de la Nación, el doctor Eugenio Zaffaroni, al menos, no tiene dudas respecto de la condición nazi del PNT y su líder. Zaffaroni dirigía el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) en el año 2000, cuando el canal Crónica TV transmitió un acto completo de Biondini. Por entonces, Zaffaroni le reclamó “prudencia” a esa emisora, aclarando que “no se pretende establecer ningún recorte al derecho a informar y ser informado y mucho menos aún en cuanto a la difusión de ideas políticas, sino sólo a impulsar la asunción de un compromiso ético elemental y responsable para no fomentar involuntariamente comportamientos patológicos de consecuencias imprevisibles que serían lamentadas por toda la comunidad”. A partir de observar la transmisión del acto del PNT, Zaffaroni no tuvo dudas respecto de su condición nazi. “Varios de estos elementos pueden ser equívocos si fuesen utilizados aisladamente, pero usados en conjunto no dejan lugar a duda acerca de la intención de emplear la simbología de la ‘cultura nazi’. Por supuesto que toda la escenificación nazista no puede desplegarse en un pequeño acto sumamente reducido en cuanto a dimensiones y público, pero la acumulación de elementos simbólicos no puede ser fruto de mera coincidencia”, señaló. Si el criterio de Zaffaroni prevalece, la Corte va a concluir que Biondini y su PNT son nazis. Esa posible conclusión, sin embargo, no pone fin al debate sino que apenas lo enmarca. A partir de allí, lo que la Corte debe decidir es si los nazis argentinos tienen derecho a la acción política y a la participación electoral.

LA ASOCIACIÓN DE DERECHOS CIVILES

El doctor Juan González Bertomeu admite que entre los abogados de la ADC no existe una posición únanime sobre el asunto, en virtud de su extrema complejidad. Para González Bertomeu, el fallo de la Corte sobre la presentación extraordinaria del PNT puede ser muy útil en la medida en que se trate de un fallo “argumentado y no dogmático”. González espera un fallo extenso, “donde la Corte exponga los valores en juego y utilice la palabra como su herramienta para convencer” y asegura que de sólo de este modo la Corte mostrará el camino a seguir ante futuros casos similares.

–La pregunta es si esas voces radicales tienen cabida en un sistema democrático. En el caso del partido de Biondini, parece haber una tensión entre los derechos de distintos ciudadanos. Por un lado, los miembros de esa agrupación, que alegan por sus derechos políticos, su libertad de expresión, participación política, etc.; por el otro, los derechos de igualdad y de garantía contra la discriminación de ciertas porciones de la población que tradicionalmente han sido perseguidas. En el año 88 un ciudadano de la ex RFA que se llamaba Kühnen quiso rearmar el partido Nacionalsocialista y las autoridades se lo prohibieron. El caso llegó a la Comisión Europea de Derechos Humanos. La Comisión dijo que Kühnen no tenía derecho a formar su partido porque pretendía destruir el sistema democrático. En Grecia hubo un caso similar contra el Partido Comunista. Las autoridades griegas opinaban que la plataforma atentaba contra la vigencia del sistema democrático. Entonces la Corte europea dijo que importaba poco lo que decía la plataforma si no se demostraba que ese partido atentaba contra el sistema democrático por medio de hechos concretos. En relación con los casos que se producen en América, el artículo 17 establece que ninguno de los derechos contemplados en la convención puede servir de excusa para un ejercicio abusivo ante casos en que se quiere destruir el orden democrático. La sola difusión de ciertas ideas no puede ser suficiente para destruir el sistema. Desde esta perspectiva, si no hay un peligro de que estos tipos vayan a atentar expresamente contra el sistema democrático, habría que dejarlos participar.

Por otro lado, en la Argentina existe la Ley Antidiscriminatoria, que eleva el monto de la pena en cualquier delito si fue cometido con motivaciones raciales. Ahora, hay una gran discusión en el Derecho Penal y en el Derecho Constitucional sobre si son admisibles constitucionalmente los delitos “de peligro abstracto”, o sea, cuando el Estado castiga una conducta que todavía no se materializó en hechos concretos. La Ley Antidiscriminatoria parece crear el delito de “peligro abstracto”. ¿Por qué? Porque habla de los que tuvieran por fin perseguir por motivos raciales. No exige la concreción de ningún daño: ya se toma ese fin directamente como un daño. Entonces hay una discusión sobre si realmente es eso lo que dice la ley o si la ley exige que haya un intento. La ley Antidiscriminación tiene carácter penal. Resultaría por lo menos curioso que la ley penal castigue ciertas conductas y a quienes alientan esas conductas se les permitiera participar políticamente. Creo que sería contradictorio y que por lo tanto la Corte va a tener que tenerlo en cuenta.

Simon Wiesenthal, el legendario “cazador de nazis” israelí.

CENTRO WIESENTHAL

Una de las organizaciones que impugnó ante la justicia electoral la participación electoral del PNT fue el Centro Simón Wiesenthal. Sergio Widder, el responsable del Centro en la Argentina, afirma que los valores que representa y defiende el PNT “contradicen los derechos civiles y ciudadanos amparados por la Constitución Nacional.” Widder no tiene ninguna duda de que el PNT “es una agrupación que reivindica el nacionalsocialismo, que tiene una ideología xenófoba y que pretendió utilizar la esvástica como símbolo de su agrupación, hechos por los cuales Biondini fue sometido a un proceso penal y condenado. Cada vez que se hace un pronunciamiento de este tipo y una acción desde la justicia, la otra parte busca encontrar un resquicio para poder actuar legalmente. Y en este sentido, ellos han insistido, han tratado de limpiar su plataforma presentándola como algo que cuadra dentro del sistema democrático, pero si uno rasca un poco ve la esencia de esa agrupación. En su sitio Web, el PNT tiene un “panteón de los heroes” donde homenajea a supuestas víctimas de ataques de agrupaciones sionistas. Inclusive dicen que uno de ellos fue víctima de un crimen ritual, que se le extrajo la sangre, que con la sangre se pintó la punta del obelisco para hacer una especie de circunsición simbólica…

–Es cierto, es Alfredo Guereño, un muchacho que según el libro de Kollman estaba borracho y se cayó de un ascensor…

–Así es (risas). Pero así como es algo ridículo y absurdo, eso no lo convierte en inocuo. Es cierto que hablar de crimen ritual suena totalmente fuera de la realidad, pero no menos cierto es que durante siglos el crimen ritual fue la excusa utilizada para asesinar a miles de judíos, con la excusa de que cada vez que llegaba la pascua secuestraban a niños cristianos para practicar el crimen ritual, para amasar el pan de la pascua con la sangre del niño cristiano. Eso provocó enormes desgracias: por eso, para nosotros no es un chiste.

Para Widder, por lo tanto, “de acuerdo con la justicia y la ley argentinos, el PNT no debe tener personería” Widder distingue dos criterios legales, a los que considera igualmente respetables para tratar este tipo de casos: “en algunas sociedades democráticas, como la norteamericana, una norma como la Ley Antidiscriminación puede ser vista como un límite a la libertad de expresión. En los Estados Unidos un crimen puede tener una pena mayor si estuvo motivado por odio racial, pero nadie impediría la circulación de una revista porque dijera, por ejemplo, que hay que matar a los negros. En Europa, en cambio, la legislación antidiscriminatoria es más categórica, y la Argentina se suma a la tendencia europea. En el caso de Biondini, si la ley no lo habilita, bueno… no lo habilita y nosotros nos movemos dentro de ese marco. Si mañana encuentra el modo de quedar encuadrado dentro de la ley, mi responsabilidad será hacer un trabajo más político que jurídico”.

–… que es lo que hicieron ante la presentación de Acción Ciudadana.

–Exactamente. Ahí, nosotros vemos que ellos encontraron un camino dentro de la legalidad para participar en las elecciones. Lo que hicimos en ese caso fue exponer, denunciar que en realidad era una burla a la prohibición o la ilegalidad que pesaba sobre el PNT.

–¿Cuál considera que fue el resultado de este trabajo en contra de Acción Ciudadana?

–La verdad es que tuvieron un número de votos muy poco significativo, y uno no puede decir que hay 4 mil nazis en la ciudad de Buenos Aires. Hay gente que va a votar y se confunde, que rompe una boleta y la rompe mal y no le queda anulado el voto, yo no me atrevería a decir que son todos nazis militantes. Alguien podría decir que los nazis en Alemania empezaron siendo muy poquitos. Es cierto. Ahora, por un lado, no tienen arraigo popular; por el otro, el hecho de que sean pocos, no los convierte en inofensivos. Son peligrosos: como el libro de Raúl Kollman (Sombras de Hitler) lo expone, son gente que trata de infiltrarse en las FFAA, en servicios de inteligencia, en organismos de seguridad. Hace unos años, un grupo de oficiales del Ejército había hecho un Habeas Data cuando se trataban los pliegos de ascenso, para ver si habia objeciones de los organismos de derechos humanos contra los oficiales que iban a ascender. La idea era que si al cabo de una semana no se presentaban objeciones, los 600 y pico de oficiales zafaran de cualquier cargo futuro…El abogado que hizo la presentación fue el doctor Torres Bande, también abogado del PNT. Yo creo que 500 de esos 600 oficiales, por lo menos, no tenían idea de quién es Torres Bande. Lo cierto es que, poco tiempo antes, habíamos leído en el sitio de Biondini que el PNT había hecho una cena de fin de año con oficiales de las Fuerzas Armadas. En ese momento fuimos al ministerio de Defensa, dijimos por favor investiguen, porque no es chiste que en la Argentina haya miembros activos del Ejército que militen en un partido nazi. Pasó un mes, un mes y medio y nos contestaron que no había ningún vínculo. Un año después, 600 oficiales fueron representados por Torres Bande.

EL FISCAL

La ley de partidos políticos establece un trámite según el cual cada vez que un partido se presenta ante un juzgado federal para su reconocimiento jurídico-político, el juzgado le da vista a la Fiscalía Electoral. El dictamen de la Fiscalía no es vinculante. El juez tiene el derecho, pero no la obligación de refrendarlo. Sobre la base de los elementos con los que cuenta, la Fiscalía sólo opina sobre que lo que debería hacer el juez. El Fiscal Jorge Omar Berlanda firmó el dictamen del 16 de marzo de 2004, a través del cual la fiscalía le recomendó al juez Rodolfo Canicoba Corral que le denegara la personería al PNT.

–Todas sus posturas en relación con el uso de la simbología nazi han hecho que yo, particularmente, opinara que no se le debía dar personería jurídico-política al partido del señor Biondini, justamente por la ideología totalitaria que defiende. Ningún derecho de la Constitución Nacional es absoluto. En este caso, la libertad de expresión se topa con la ley Antidiscriminación. Las normas deben adecuarse para que el funcionamiento del sistema sea armónico, porque si no con ese criterio yo podría decir lo que se me diera la gana y uno sabe que si dice lo que se le da la gana se ve expuesto a querellas. Para que no se permita a un partido político participar en comicios, lo primero que tiene que aparecer es una impugnación, y en este caso hubo varias. En función de esa impugnación, analizando la línea de acción, la carta orgánica y la plataforma de ese partido, se toma una decisión, pero, le aclaro, no es usual proscribir un partido. Desde que soy fiscal, hace 13 años, es la primera vez que sucede. La justicia electoral siempre tiende a aumentar el marco participativo, no a restringirlo, y en esta fiscalía, particularmente, el criterio que reina es el de la participación, no el de la proscripción. Nosotros hicimos un dictamen a favor de que los procesados pudieran votar, contra lo que propone el Código Electoral Nacional. Si no hay sentencia en firme, como rige el principio de inocencia, nos opusimos a que se les impidiera el voto.

–Cuando se presentaron a elecciones el hijo y la esposa de Biondini en representación del partido Acción Ciudadana, no sintió que habían encontrado una forma de burlar la proscripción que usted recomendaba?

–Es muy difícil tratar de cubrir todas las aristas posibles cuando se sanciona una ley. Lo que puedo decir es que a mí, particularmente, no me consta que el hijo o la esposa tengan las mismas ideas que Biondini. Puede que alguien diga que al ser su esposa y su hijo y al no condenar explícitamente sus ideas están adhiriendo implícitamente a ellas, en fin, puede haber muchas posibilidades: lo cierto es que la oposición de la Fiscalía se produjo por la militancia pública y privada que Alejandro Biondini padre tiene en defensa de las ideas del nazismo.

Biondini en un viejo acto de los 90, cuando su partido se llamaba Nuevo Triunfo. ¿Nazi yo?

BIONDINI Y HITLER

–¿Es cierto que usted reivindica la política económico-social de Hitler?

–Bueno, el propio Winston Churchill señaló que la parte del gobierno de Hitler del 33 al 36, desde el punto de vista estrictamente económico–social generó un montón de fuentes de trabajo, etc. Churchill agregó que si Hitler hubiera muerto por esa época, hubiera quedado como el alemán que sacó a Alemania de la postergación. Yo dije que desde el punto de vista de la obra pública eran muy interesantes esos tres años, como también lo era el New Deal de Roosevelt, que agarró un país con 32 millones de parados y lo levantó, como también defiendo al primer gobierno de Perón, que fue un firme defensor de la obra pública…

LA DAIA

El presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, León Kirszenbaum, intentó impedir la presentación de Acción Ciudadana en los últimos comicios, a través de una gestión ante el ministerio de Justicia, en busca de alguna norma administrativa que pudiera servir para proscribir a ese partido. Kirszenbaum reconoce la ausencia de “una situación tipificada ante la ley para que pudiéramos impedir esa posibilidad, en tanto ni el hijo ni la mujer de Biondini reunían esas características de implicación directa respecto de ideología y trayectoria nazi que tiene el señor Biondini.

Consecuentemente con ello, el ministro de Justicia nos anticipó que era muy difícil que se pudiera impedir la participación de una estructura política que tenía personería electoral y efectivamente, pudieron acceder a la confrontación electoral a través de esa estructura que tomaron prestada, y obtuvieron 3500 votos.”

–Aún admitiendo que esta candidatura “familiar” de la esposa y el hijo de Biondini fueran una especie de “testaferros políticos” de Alejandro Biondini (padre), ¿no hubiera sido un pésimo precedente para las instituciones democráticas que se los proscribiera por mera portación de apellido?

–Efectivamente. Por eso no tomamos ninguna acción judicial.

–¿Existe un debate en el seno de la Daia respecto de cuál es la actitud a adoptar ante los movimientos neonazis o la única postura que existe es la de perseguirlos legalmente?

–Siempre surge la cuestión: ¿es conveniente combatirlo a ultranza, o es conveniente que confronte y que se testee socialmente cuál es su capacidad de obtener acompañamiento? En Estados Unidos hay un abogado muy famoso, defensor de los Derechos Humanos de enorme prestigio, que es Alan Derzowitz. Una vez, en una circunstancia muy curiosa, un grupo neonazi en los Estados Unidos les pidió a las autoridades permiso para hacer una manifestación. La autoridad administrativa se los había prohibido y él, como abogado, pidió que la manifestación se hiciera, para preservar el bien jurídico de la libertad de expresión y para que se testeara la insignificancia social de ese pensamiento. Hay otros que dicen que no, que esos movimientos suelen proyectar su ideología en momentos de severas dificultades políticas, sociales y económicas, y por lo tanto hay que impedir que la democracia contenga a estos elementos. Ambas tesituras sean legítimas y razonables: quizá ambas tengan razón. El tema genera debate dentro de la Daia, pero generalmente se decide sostener la postura tradicional, que es la mayoritaria, de combatir la posibilidad de que confronten electoralmente. Aquí tenemos mucha sensibilidad con el nazismo. Cuando hay confrontación entre dos derechos hay que verificar cuál de los dos es el más proclive a la suma de valores positivos dentro de la axiología social. Entendemos que en este caso lo más ponderable es tratar de evitar que se propaguen esas ideas distorsionantes de la convivencia social. Las sentencias emanadas de la aplicación de la Ley Antidiscriminatoria tienen un carácter docente muy importante: importan no sólo por el carácter punitivo, sino por el carácter docente. Y el mero hecho de que en nuestro país no existan grandes causas de antisemitismo, creo que demuestra que nuestro accionar es positivo.

Néstor Kirchner era partidario de proscribir a Biondini: se cuestionó que lo nombrara en público siendo Presidente, porque le dio notoriedad.

CUANDO KIRCHNER LO NOMBRÓ

En diciembre de 2004, a instancias del diputado Miguel Bonasso, el parlamento no le permitió asumir en su banca al represor de la dictadura Luis Abelardo Patti, tal como, por iniciativa del profesor Alfredo Bravo, lo había hecho años atrás con Antonio Bussi. En defensa de la decisión del Congreso, el Presidente Néstor Kirchner señaló: “Algunos deformadores de opinión se rasgan las vestiduras porque un ex policía no pudo asumir en la Cámara, por estar acusado de terribles violaciones a los derechos humanos. Decían que eso era violar la democracia. Me pregunto, entonces si hay que habilitar a Alejandro Biondini, al nazismo alemán, y permitir que aquel ex general tucumano [por Bussi] pueda ser presidente de la Nación.” La frase de Kirchner fue desafortunada. El Presidente amplificó el nombre de Biondini al colocarlo como su oponente y al emularlo a dirigentes como Patti y Bussi, que a pesar de su prontuario relacionado con el genocidio de la dictadura, en el marco del cual cometieron gravísimas violaciones a los derechos humanos, tienen cierta representatividad social de la que Biondini carece.

–Es increíble, incluso, que Kirchner sepa quién es Biondini –observa el doctor Slonimsqui–. La comparación no es nada feliz. Lo que se le cuestiona a Patti se le cuestiona a él: se cuestiona su pasado, no su estructura política. En el caso de Biondini se cuestiona todo: su pasado, los integrantes de su partido, su plataforma política, en fin…

–Es cierto, pero también es cierto que a Biondini no se lo acusa de ningún crimen…

–En efecto. Los dos casos son horribles, pero son distintos.

–¿Qué le parece mejor para la democracia argentina y para las minorías étnicas: que Biondini participe en elecciones o que no participe?

–Es una pregunta muy complicada. Lo ideal sería que participe y que logre el repudio masivo de todas las fuerzas democráticas. Yo creo que en la medida en que no haya señales claras de que va a cometer delitos, tiene derecho a promover su participación y va a ser más sano para todos que pueda expresarse abiertamente, porque el debate va a ser más claro. Confío en la madurez política de la gente: me parece más valiente refutarlo en el campo de las ideas. Creo que censurarlo, proscribirlo, no nos permite afrontar el tema. Sabemos que hay una teoría que es la del peligro claro y concreto, que indica que una expresión sólo debe ser reprimida cuando importe el riesgo de un delito inmediato, y si no tiene que flotar en el mundo de las ideas y ahí es donde uno tiene que ocuparse de eso, con todos los peligros que conlleva censurar, porque nadie es quien para arrogarse el discurso de la verdad, y porque además es muy peligroso que quien ostenta el poder tenga la facultad de censurar al disidente, pero para mí en la medida en que el tipo muestre una vocación democrática y confronte sus ideas electoralmente, hay que permitírselo… De cualquier manera, es una pregunta sobre la cual uno vuelve todo el tiempo. Cada vez que entro en una conferencia, que me encuentro con gente, me cuesta mucho explicar lo que pienso. No sé si mi posición es la correcta o no: está claro que es un tema opinable. Cuando alguien te pregunta: ¿Cómo vamos a dejar que se presente a las elecciones un tipo que sabemos que es un nazi? se te revuelven todos los argumentos. No creo que nadie tenga una opinión muy categórica. Yo me inclino a dejarlo participar por dos razones: uno, porque aspiro a que la gente repudie su discurso, y dos, porque hay experiencias históricas que indican que un tipo perseguido se potencia, se convierte en un referente. Cuando se le niega la voz, el tiro sale por la culata porque el personaje se proyecta…

Palabra Obrera, antecesor del Partido Obrera, fue proscripto en 1962.

CUANDO EL TROTSKISMO FUE PROSCRIPTO

Aunque el Partido Obrero está en las antípodas políticas e ideológicas del PNT, el fallo de la Cámara Nacional Electoral que ratificó la denegación de la personería al movimiento de Biondini lo roza peligrosamente. En los fundamentos de su fallo, los camaristas recuerdan la proscripción del PO (entonces Palabra Obrera) en 1962, por parte de la Corte Suprema de Justicia. En aquella oportunidad, la Corte sostuvo que “falta causa lícita en una agrupación política cuando el objeto perseguido por ella consiste en aniquilar la libertad e instalar la dictadura, arrasando las instituciones que reposan en el respeto de los derechos humanos.” Y agregó: “el Poder Legislativo está facultado para dictar medidas prohibitivas, en defensa del Estado democrático, respecto de agrupaciones políticas subversivas que propugnen la rebelión, el golpe de estado, la huelga revolucionaria o la disolución, por medios ilícitos, de las instituciones de gobierno.” Esta mención de un antecedente tan poco feliz a modo de jurisprudencia, indica que esta misma Cámara, si se lo propusiera, encontraría argumentos para proscribir al Partido Obrero o a cualquier agrupación de izquierda. “El caso del Partido Obrero es muy parecido al del Partido Comunista griego”, analiza el doctor Juan González Bertomeu. “Es un fallo muy reaccionario, porque ciertas manifestaciones vagas de la plataforma no implicaban que el Partido Obrero quisiera imponer la dictadura del proletariado, y en todo caso tal vez si fuera la mayoría tendría derecho a hacerlo. Para González Bertomeu, el antecedente invocado es peligroso y grafica sobre los riesgos que conlleva impedir que una opinión se pronuncie.

–La legislación alemana es muy protectora de las minorías, por razones obvias. El Tribunal Constitucional considera que el derecho a la libertad expresión no es absoluto y que hay una diferencia grande entre expresar opiniones y negar hechos. Las opiniones pueden ser falsas, pero no los hechos. Uno no tiene derecho a divulgar hechos falsos y negar que existió el Holocausto, por ejemplo, es una falsedad inaceptable. A su vez hubo un libro en el cual un nazi opinaba que la responsabilidad del inicio de la Segunda Guerra no había sido de los nazis sino de los aliados. En este caso, el Tribunal Constitucional falló que no era un hecho, sino una opinión, que el Tribunal no la compartía pero que no había razones para impedir su publicación. En los Estados Unidos no existe esa diferencia entre “hechos” y “opiniones”. Más allá de las consideraciones jurídicas, están las consideraciones políticas. Hay quienes dicen: no les demos prensa gratis, dejémoslos participar y que las urnas digan. También hay quienes responden que en Alemania pasó algo similar y las consecuencias fueron muy malas, que una democracia liberal no debe autorizar este tipo de voces.

“La democracia no puede permitirse un Biondini

El Rabino Daniel Goldman cree que no se puede permitir cualquier cosa “en haras del pluralismo y la democracia”.

RABINO GOLDMAN: “TRABAJAR EN FORMA DIDÁCTICA”

El rabino Daniel Goldman, líder religioso de la Comunidad Bet-El, traza una distinción entre el plano ético y el estratégico de la “cuestión Biondini”. Goldman sugiere una combinación de proscripción y docencia. “No puede ser que en haras del pluralismo y la democracia se permita cualquier cosa. Tenemos que tener mucho cuidado y estar alertas. El sistema tiene que depurarse a sí mismo y no permitir a estos personajes que se disfrazan de lo que no son, y no lo digo sólo por Biondini, sino también por otros personajes de la dictadura militar que han llegado a la Cámara de Diputados sin ser rechazados. Yo conozco a una chica cuyo padre fue secuestrado por un grupo de tareas a cargo de un señor que quiere ser legislador nacional y hasta ahora no ha podido. Así como la hay para los nazis, también debería existir algún tipo de limitación ética para que ocupe cargos la gente que ayudó a que desaparecieran los 30 mil desaparecidos.” Goldman entiende como “lógico y comprensible” que hayan circulado algunos mails acerca de Acción Ciudadana y Biondini, pero cree que quizá se le dio “una propaganda desmedida a un personaje nimio en la sociedad, quizá en lugar de negarle entidad, involuntariamente se le ha dado entidad, y no hemos debatido sobre otros personajes que son absolutamente nefastos”. “Paralelamente a esto –concluye– hay que trabajar en forma didáctica, como hizo el juez Rafecas, que llevó al museo del Holocausto a unos chicos que agredieron a un muchacho judío, para que supieran de qué estaban hablando, porque no cabe la menor duda de que este tipo de cosas proviene de un prejuicio basado en la ignorancia. Entonces, es cierto que la democracia no puede permitirse un Biondini, pero tampoco hay que hacer demasiada bulla, sino tomar los recaudos necesarios y ejercer la docencia”.

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